La justicia de los errantes

Por Juan Laborda Barceló.

La justicia de los errantes. Jorge Díaz. Plaza y Janés. 460 páginas. 19,90 €.

El inicio de esta magnífica novela es muy potente, podría corresponder en el mundo fílmico a un tráiler o a un adrenalínico prefacio de una cinta de acción. Dos anarquistas preparan y ejecutan un atentado, un enemigo de su causa muere bajo las balas. A pesar de la crudeza de este y otros pasajes, hay una belleza latente en la forma dinámica y ágil en que está escrito el texto, del mismo modo, toda la obra está construida con la precisión de un mecano que avanza en un continuo in crescendo hasta el final. Todo encaja. No hay que olvidar que el autor, Jorge Díaz, se ha curtido como guionista en las más exitosas series españolas actuales, de ahí su buen manejo de las estructuras narrativas. Precisamente, estas letras cuadran a la perfección en la más clásica definición de “novela de aventuras”, pero dotada, además, de un profundo calado por la excelente ambientación histórica y por las reflexiones que el autor sitúa en la cabeza de sus protagonistas, los anarquistas Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso. A través de ellos se desgranan, a lo largo de su periplo literario y vital, toda una suerte de disquisiciones fundamentales para el ser humano. Los personajes extremos, como estos, nos dejan perlas en sus pensamientos y en sus palabras.

La justicia de los errantes es un buen ejemplo de cómo se puede hacer literatura histórica, amena y de entretenimiento, pero con rigor y claridad. Su lectura constituye un estupendo repaso a un período de la historia contemporánea de España, que como citábamos en otras ocasiones, ha quedado algo desplazado por la potencia de los acontecimientos posteriores. Nos estamos refiriendo a los años 20, desde poco antes de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) hasta el advenimiento de la II República (14 de abril de 1931). Díaz se ha centrado en el pistolerismo anarquista, en el fenómeno de la acción directa y la propaganda por el  hecho, que encarnan las figuras señeras citadas. Su objetivo era quebrar el inmovilista sistema político a través de la violencia para generar un mundo nuevo y más igualitario. Fue una época fascinante, marcada por los acontecimientos más graves del reinado de Alfonso XIII: la semana trágica de Barcelona de 1909, la ley de fugas, la huelga general de 1917 y la famosísima, por desastrosa, guerra de Marruecos. Los interesados en el siempre escabroso tema de los atentados y magnicidios,¾muy abundantes en nuestro pasado, baste recordar los innumerables casos, fallidos o no, desde la muerte de Prim en 1870 hasta la de Carrero Blanco en 1973¾ encontrarán entre sus páginas cómo se financian, preparan, desarrollan, frustran o tienen éxito. La documentación, así como la fabulación más verosímil y respetuosa, ha sido espléndida.

Es cierto que una gran parte de la acción transcurre en el exilio, primero parisino (los múltiples ambientes de esta ciudad están perfectamente reflejados) y luego sudamericano de nuestros dos protagonistas, junto a otros líderes de la causa anarquista. A pesar de ello, no se pierde nunca de vista la situación en España, y las salidas permiten afrontar nuevos planteamientos dramáticos, siendo estas las etapas de ambos revolucionarios que los especialistas menos han estudiado, por lo que la libertad creativa del autor habrá sido mayor escribiendo sobre dichos períodos.

Destacan entre sus páginas las reflexiones de unos hombres cuyas vidas estuvieron marcadas por los ideales, pero que sufrían como cualquiera las miserias de una revolución social que no acababa de llegar ni a España, ni al mundo (a excepción de la Unión Soviética). El salto de los hechos históricos a los personales y emotivos se da constantemente, y en él recae gran parte de la fuerza de la obra. La visión no es maniquea, ellos actúan según creen, pero no son ni buenos, ni malos, son los hijos de un tiempo y de una situación política y social. Resulta muy llamativo cómo el grupo terrorista anarquista cambia su nombre de los Solidarios, a los Errantes, cómo luchan en el nuevo mundo, cómo descubren las ciudades a las que llegan (olores y colores se hacen presentes en vívidas descripciones), cómo sufren las pensiones en las que se esconden, cómo aman y cómo analizan la situación de la clase obrera y de la burguesía en el cono sur, así como en España.

Por otro lado, esta historia tiene la fuerza épica de un enfrentamiento entre dos hombres de marcado carácter y fuerza, son los dos extremos de una misma línea circular. La persecución a la que el policía, hijo de anarquista, Ernesto Valenzuela, somete a su antiguo amigo Francisco Ascaso (no olvidemos que los conversos son siempre los más fanáticos…) tiene los ecos de un buen duelo en el lejano oeste.

Con todos estos elementos, heroína cubana incluida, se desarrolla una aventura con el trasfondo de la historia de España lleno de vivacidad, altos ideales, violencia, amor, desencuentros y deseos de revolución. Con esos ingredientes se cocina una trama sin complejos, atractiva y adictiva, muy agradable de consumir. No se la pierdan. 

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3 respuestas a La justicia de los errantes

  1. Siempre me han interesado los grandes magnicidios de la Historia, universal y de España, haré por hacer me con el libro en cuestión.
    buen artículo.

    José Abatino
    17 septiembre 2012 at 11:18 am

  2. Estupenda reseña, se nota que al autor de la misma le ha gustado la novela. La reseña es directa y espontánea.
    El tema de la novela es muy interesante, la verdad es que no hay mucha novela histótica, y por lo tanto divulgativa de esa época, sobretodo de la guerra española de Marruecos.

    isidro gordero
    19 septiembre 2012 at 13:47 pm

  3. turbio asesinato de carrero blanco…..

    gallego
    22 septiembre 2012 at 14:25 pm

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