Los herederos del hombre tranquilo

Por Carmen Garrido

Fotos: Pablo A. Mendivil

Entrevistamos en las Naves del Matadero a Susi Sánchez, Pablo Rivero y Marina Salas, protagonistas de la obra Los hijos se han dormido, versión del argentino Daniel Veronese de la chejoviana Gaviota. El duende del hombre calmado que dirige la obra se transmite en una inolvidable conversación entre estos tres actores, que se afincan en la dársena Sorin y que son, ya, miembros de una misma familia.

 Lo cierto es que los personajes que ellos interpretan se reconfortan en sus propias miserias, piel o costra (no se sabe bien) de viejas heridas que no saben o no pueden quitarse. Se enredan en sus penurias como un modo de vida, alimento en conserva imperecedero. Sus cuerpos se relían en sábanas mojadas, mientras cuelgan sus heridas al aire del Matadero, dejándolas bien expuestas en cada función. Noche tras noche se diseccionan y enzarzan en el sensual juego de la flagelación. Mientras espero a los actores, recuerdo aquella foto de Cristina García Rodero llamada Lienzos al sol. La hizo en Baracoa (Cuba). En ella, una mujer tiende la colada, enredándose con voluptuosidad en las sábanas blancas tendidas al sol, como un rito de purificación. Los protagonistas de esta versión de La gaviota de Chéjov, Irina Arkadina, Kostia Treplev y Nina  Sarechnaia tienen algo de esa mujer, bailan también una coreografía con sus propios lienzos, que en este caso son mortajas, llenas de rencores, sueños y heridas de guerra hechas “con amor y dedicación” por los demás miembros de la familia.

Lo contrario a esa atmósfera de batalla y ping pong dialéctico se esfuma cuando tus interlocutores son la sabiduría y la elegancia de Susi Sánchez, la inteligencia y la intuición de Pablo Rivero y la dulzura y espiritualidad de Marina Salas. Aderazado todo ello con un permanente olor a romero (¿para qué preguntar de dónde viene el misterio?), el rojo borgoñón de las sillas del Matadero y los trazos rápidos en el aire de las manos-parlantes de estos tres actores que ya son “familia”, curiosa etimología la del vocablo (“siervos y esclavos, patrimonio del jefe de la gens”). La familia, ese hogar al que todos volvemos, ese marjal del que nunca nos desvinculamos, el epicentro de la obra de Chéjov.

Pablo A. Mendivil

Y es “la gran familia”, precisamente, el disparadero de la conversación…

PABLO RIVERO.- La base de las relaciones familiares, tanto en la familia Sorin como en cualquiera de la actualidad son  esas cosas buenas y malas guardadas durante años que surgen en esos momentos de reunión, como ahora en Navidad, en que uno regresa al hogar con todo lo vivido a flor de piel. En la mayoría de los casos, se reúnen por un buen motivo pero luego empiezan a desatarse las frustraciones y la palabra de un miembro puede desencadenar una batalla en dos segundos. En esta obra, hay espectadores que nos dicen: “No hay tiempo de preparación para los estados de ánimo que nos mostráis, no hay transiciones”.  Y les respondes: “¡Pero si es que en la vida no las hay!”. En teatro no se prepara al espectador con una música especial para la próxima escena, ya sea de intriga, de amor… Ésa es la magia, aquí no se sabe. Y por mucho que conozcas La Gaviota…Te sigue descolocando.

Precisamente, una de las preguntas que yo quería hacerles es si el retrato chejoviano de la tribu burguesa del XIX es extrapolable a una del XXI.

PR.-Creo que la esencia de los conflictos es la misma. La mayoría son personajes frustrados, con continuas desilusiones que abarcan todos los campos. El desamor es una temática común, pero aquí también muestran frustración laboral o de realización personal. Eso, hoy en día, está más que de actualidad.

En ese momento entra Susi Sánchez, esbelta, rubísima, exclama un “qué guapos venís todos” y se sumerge en la conversación con las largas manos aprisionando un termo de café. Las de Marina ciñen un té; las de Pablo, una Coca-Cola. Cafeína en vena para texto duro.

Pablo A. Mendivil

PR.- Estábamos hablando del “código” en esta obra, igualando a los Sonrin con cualquier familia de hoy día. Decía mos que Veronese no te prepara para “el momento emotivo” sino que todo es fluido, como cualquier Nochevieja en la que hayamos compartido mesa y mantel con los nuestros.

Lo que me “fascina” de esta familia es que en ella la verdad está a flote, los exabruptos y las vejaciones entre parientes son continuas. Irina, como madre, humilla permanentemente a su hijo. No sé si es tan extrapolable a las familias de hoy día, si ahora los enfrentamientos son más soterrados.

SUSI SÁNCHEZ-. Depende de las familias. Algunas se dicen las cosas abiertamente y otras tienen un mundo subterráneo también, como la Sorin. Cada familia es una experiencia.

PR.- Pienso que hoy en día son más los hijos los que les dicen las cosas a los padres que al revés. Hay menos respeto en ese sentido.

MARINA SALAS.- Yo, por ejemplo, que el otro día pensaba en ir o no ir a Barcelona, a casa, por Navidades, reflexionaba sobre esto. Lo cierto es que ya puedes tener grandes experiencias a  nivel emocional; ya puedes ganar premios;  haber conocido al amor de tu vida o haber realizado un viaje de esos que te cambian. No hay nada comparable con esa unión umbilical y permanente que es tu familia.

Marina Salas, Nina en “Los hijos se han dormido”. Pablo A. Mendivil

PR.- Esas clásicas frustraciones navideñas de las que hablábamos que afloran continuamente, por ejemplo, se muestran muy bien en la obra. En ella, todos están sobreexcitados.

SS.-No hay secretos en esta familia, los secretos son a voces, todo el mundo se entera de todo. Ésta es una de las grandes diferencias de esta versión respecto a la obra de Chéjov, donde las escenas son de a dos personajes. Aquí siempre intervienen más. Todo el subtexto de la función está encima de la mesa, no hay miradas oscuras o intimidades ocultas. Todo lo que le sucede a los personajes lo muestran. No hay pudor.

De hecho, obligáis al espectador a despojarse del pudor. Uno tiene la impresión de asistir a escenas que no debería ver.

SS.- Es cierto. Muchos espectadores dicen que tienen la impresión de estar mirando a través de una cerradura.

PR.-El espectador es un poco voyeur. Y eso, efectivamente, genera pudor.

 

El maestro o el mito

Susi, usted repite con Veronese (principió con él en la espléndida Mujeres soñaron caballos) y ustedes dos pasan de un Homar (Salas en Luces de Bohemia) y un Pandur (Rivero en La caída de los dioses) a estar a las órdenes del maestro argentino. ¿Cómo es trabajar con él?

SS.- Yo repito con él, afortunadamente. Para mí es uno de los mayores privilegios que puedo tener como profesional en este país porque Veronese, en cada viaje a España, monta una revolución con su peculiar visión de hacer y dirigir teatro. Es un hombre muy tranquilo a la hora de dirigir, teniendo en cuenta que lo hemos hecho todo en muy poco tiempo. La función empezamos a ensayarla un miércoles y el domingo de esa misma semana ya hicimos dos pases de lo que era el esquema de la obra. En cuatro días estaba atado y bien atado. El esquema básico de la función lo tenía desde Buenos Aires, ya listo para poder empezar a movernos en él. Veronese trabaja mucho con los actores. Favorece las capacidades del actor, nunca va a la contra, tiene una inmensa capacidad de conocimiento del alma humana. Para mí es un hombre sabio. 

Susi Sánchez habla bajo la atenta mirada de Marina Salas. Pablo A. Mendivil

PR.- Tiene una virtud, para mí, muy desconcertante: es muy tranquilo, tiene un concepto absolutamente distinto de nuestro trabajo. Uno se pone nervioso porque es un gran director… Pero te proporciona justo lo contrario: calma. Es muy generoso y sabiendo que su obra viene a verla mucha gente, no te crea esa exigencia de “tienes que estar a la altura” . Lo que ha conseguido con esto es que ese ritmo fluido del que hablábamos antes se convierta en un juego con el que nos divertimos. Y no sufrimos porque lo lleva desde la tranquilidad. Nos hace estar tranquilos y poder jugar con ese estado. Es muy sabio, suscribo lo que dice Susi.

¿Él tiene ya el planteamiento entero de la obra o es de esos directores que sobre la marcha va introduciendo genialidades en cada uno de los personajes?

SS.- Sí, él tiene el planteamiento, pero sobre la marcha lo va cambiando. Cada vez, hace un montaje distinto. Hay gente que ha visto las dos propuestas, la de Buenos Aires y la de aquí, y notan muchas diferencias entre los personajes. Él tiene su esquema pero, a partir de ahí, va cambiando cosas. Nos dijo al principio: “Nunca vais a hacer algo con lo que no estéis cómodos. Y si no podéis hacer algo, os lo cambiaré. Estad cómodos”.  Trabaja a favor del actor todo el tiempo, esto es una maravilla, un regalo.

MS.- Por esto mismo yo tenía muchas ganas de trabajar con Veronese. Cuando me dijeron que había un casting para esta obra, sabía que estar determinada a hacerlo. Me gustaba el director, la obra, el personaje… ¡todo! ¡Quería hacerlo como fuera! Lo único que pensaba era en salir de la prueba contenta y satisfecha, ya que, por lo menos, sabes cuando te vas si quieres volver. Tenía un motor de deseo profundo. Sabía que esta experiencia me iba a ir a favor, que iba a aprender y a generar buenas cosas con ella.

Pablo Rivero escucha a “Nina”. Pablo A. Mendivil

Susi, ese profundo conocimiento del alma humana por parte del director del que habla es una expresión que también se la escuché sobre Claudia Llosa a propósito de su trabajo en La teta asustada.

SS.- Sí, ella es otra maestra a pesar de lo joven que es. Es verdad. Si tú ves las películas de Claudia, la psicología de los personajes que ella describe, cómo están tratados, esa sutileza con la que están tratados demuestra el conocimiento tan profundo que tiene ella de los seres humanos y la compasión tan grande que posee, con lo joven que es. Una compasión que suele aparecer cuando uno ha llegado a cierta edad.

 

El destino. Ese recuerdo de “Cumbres Borrascosas”

Cuando se ve La Gaviota, dependiendo de las circunstancias de cada uno y de su momento de reflexión vital, al espectador le atrapa un conflicto u otro. En este caso, yo no podía dejar de pensar en los sueños incumplidos. Si a Nina y a Kostia no se le hubieran cumplido sus sueños de ser actriz y dramaturgo, respectivamente… ¿Hubieran sido más felices como un matrimonio pequeñoburgués de vida tranquila en una ciudad de provincias?

PR.-Pienso que el caso de Kostia es especial, es de esa gente que está determinada a no ser feliz. Hay determinados creadores que poseen una sensibilidad y unas dependencias que les llevan continuamente hacia lo oscuro. Él tiene una exigencia muy alta a nivel creativo, además de soportar la presencia constante de su madre; el sentirse a la sombra de ella; el tener que agradarla constantemente y gustarle; el ganarse el respeto de todos… y de Nina. La pregunta sería qué hubiera pasado si Nina le hubiera querido de verdad. ¿Hubiera seguido siendo feliz? Y es que, quizá, el problema no es Nina. Él se empeña en que la pérdida de Nina le obstruye para crecer creativamente, pero hay muchos artistas que sufren un desamor y hacen justo lo contrario de Kostia, lo convierten en obras magníficas. La riqueza de estos personajes reside en que hay una línea básica con la que interactúan con los demás personajes, pero luego subyacen otras muchas por debajo de ellos.

Pablo Rivero. Pablo A. Mendivil

 MS.-Es que al final en toda lucha constante hay un sufrimiento añadido. Toda decisión trae una pérdida. A la lucha por sus sueños le sucede, inevitablemente, la pérdida del amor. De hecho, llega un punto en que me enfadan mucho sus actitudes porque lo ves y dices ¡pero si sabes que puedes conseguir lo que quieres, venga hombre! Tienen una tremenda incapacidad como grupo para realizarse .

Kostia es demasiado hipersensible. ¿Cree, Pablo, que, independientemente de como hubiera sido su existencia, hubiera estado predeterminado a lo mismo?

PR.- Lo que me gusta de esta propuesta de Veronese es que los personajes están menos estereotipados. Por ejemplo, Trigorin no es el clásico escritor superficial que nos muestran todas las versiones, tampoco hay una batalla entre lo clásico y lo vanguardista. En Kostia no sólo hay desamor sino ambición. También quiere la fama y la notoriedad.

Lo cierto es que personajes como Ilia (Alfonso Lara), Trigorin (Ginés García Millán) o Medvendenko (Diego Martín) generan rechazo en un principio. Pero del rechazo hacia ellos se pasa a la pena por esas existencias rotas.

SS.- No sólo ocurre con ellos. Todos los personajes dan pena. Todos sufren constantemente porque, en definitiva, ninguno logra alcanzar sus sueños. Me producen mucha congoja porque no terminan de encontrar su destino.

PR.- Lo bonito del montaje es que, al principio, todos te parecen muy distintos y, al final, muy parecidos.

SS.- Y es que todos, todos buscan el amor. Los seres humanos buscamos lo mismo.

 

La madre. ¿Saturno es mujer?

Por más versiones que se vean de La Gaviota, uno no acaba por etiquetar a Irina Arkadievna. ¿Es una bruja, una cínica, una frívola, una solitaria, una insegura?

Susi Sánchez. Pablo A. Mendivil

SS.- Irina es todas esas cosas. No hay un solo color para designar a una persona que conoces, puedes generalizar con un determinado adjetivo, pero una persona no está hecha de una sola textura. Irina es todo eso, pero lo que está detrás de Irina es una enorme necesidad de amor, de que la quieran, de que la reconozcan. Ella ha elegido la profesión de actriz porque el de los artistas es un mundo de luces, aplausos y reverencias y ella se siente viva a partir de eso, de ese tipo de sociedad. En el fondo de ella hay una dificultad de reconocerse a sí misma, pero eso no lo muestra, ella se revela como lo contrario, en una especie de reacción contrafóbica. Arrasa para no sentirse pequeña. El otro día, en una escena de brutal enfrentamiento con Trigorin, oigo a una señora que dice “¡qué hija de puta!” Entiendo ese rechazo para con el personaje, pero Irina es más que una mujer mala.

PR.- Pero Irina es icónica porque, de hecho, hay muchísimas Irinas. ¡Pero no sólo se crea rechazo hacia ella! La gente te tiene mucha empatía también. Tienes un imán. Yo miro, mientras actúas, por una ranurita y hay momentos en los que todos los espectadores están boquiabierto siguiéndote con la mirada.

Es cierto. ¿Se da cuenta Susi Sánchez que aun cuando está en el escenario maltratando psicológicamente a su propio hijo, haciéndole carne de cañón, crea una tremenda fascinación por la elegancia que destila, por ir maravillosamente vestida? ¡Incluso por esos zapatos de ante gris con los que remata cada una de tus frasea, casi taconeándolos!

SS.- (Ríe) ¡Es que el personaje es así! Estuve un par de semanas volcada hacia adentro, asustada, me parecía que Irina era demasiado mala…Claro… ¡yo no soy así! La fuerza es una premisa del personaje. Veronese me dijo: “cuando salga esta mujer a escena se la tiene que ver y oír más que a nadie, ella es la que cambia las atmósferas de la escena, ella decide lo que se va a hacer y no”. Es una responsabilidad grande y un reto, pero cuando consigues atravesarlo y empiezas a moverte dentro de ese mundo, es un papel enorme.

 

¿Papá, mamá o la abuela?

Hablábamos antes de los sueños. Susi ya ha cumplido plenamente el de ser actriz. Y una actriz ya consagrada. Se supone que los sueños traen cosas buenas, pero…¿también traen cosas malvadas?

Rivero, reflexionando. Pablo A. Mendivil

PR.- ¿Sabes lo malo de este sueño? ¡Que estoy muy mal acostumbrado! Sobre todo, teatralmente. Estudié Comunicación Audiovisual y tenía una idea fija con el cine. Pero una vez que empecé con Pandur y ahora con Veronese y aprehendí esa cosa del disfrute, del enganche con los compañeros, de lo artesanal de la escena… Me pregunto: “Y el año que viene, ¿qué pasará?” Porque vengo de dos directores que me han cuidado, me han tratado bien, son apuestas muy firmes…En teatro estás muy expuesto y si te toca algo que no puedes defender es una contrariedad. Yo digo: ¡Ay cuando me toque uno con el que no me entienda!

Susi, usted acaba de terminar el rodaje de Los amantes pasajeros con Pedro Almodóvar; Marina, usted sigue haciendo de Vilma en El barco; Pablo, usted ha grabado ya la 14ª temporada de Cuéntame.  Habiendo trabajado ya en cine, televisión y teatro… ¿A quién se quiere más: a papá o a mamá?

SS.- ¿Quiénes son papá y mamá? ¿El cine y la televisión? ¿Y el teatro sería la abuelita? (risas) Para mí no hay cosa más grande que el teatro, en él me he desarrollado, he crecido y es donde más disfruto. El otro día en el encuentro con el público explicaba que el proceso de teatro no se puede hacer ni en cine ni en televisión, tienes un mes mínimo de ensayos para conocer a los compañeros, para integrarte, para crear vínculos y eso el cine y la televisión no te lo dan, no hay tiempo para eso.

PR.- Lo cierto es que cuando hay un trabajo artesanal y con el equipo se hace una piña y hay un contacto tremendo es un placer. Y cuando te acostumbras a trabajar de una manera así, llegas a otra y la aceptas, claro, pero no es lo mismo. En absoluto.

MS.- Cada cosa te da lo suyo, te enriquece un poquito. Es cierto que el teatro a mí me ha dado la oportunidad para desarrollar cosas distintas que en los otros medios. Al final es uno el que decide en cada espacio lo que aprende. Desde luego, lo que me ha pasado aquí no me ha pasado nunca. El viaje que me he pegado en el desarrollo del proceso en sí, con los compañeros, con los ensayos ha sido brutal.

Marina, pero es que usted… ¡se pega unos “viajes” muy brutales! La temporada pasada fue prostituta en Luces de bohemia y aquí… ¡es una actriz sin futuro, madre soltera y con un hijo muerto!

(Risas)

PR.- Es que ella no se queda en el justo medio…Yo que la sigo desde hace muchos años, te digo que papeles sencillitos no hace. Se queda embarazada en el colegio, mata a su prima,…¡hace este tipo de cosas!

 

Con el personaje a cuestas. La UVI del teatro

Precisamente por ese tremendo cambio de roles, siempre hay una intriga o un misterio constante respecto a los actores… ¿Cómo se abandona a uno mismo y se convierte en una neurótica, en un depresivo, en un suicida? Sé que es una pregunta clásica, pero con esta obra, sobre todo, no dejo de hacérmela.

PR.- ¡Es que es la profesión! Cuando estás bien dirigido, cuando te llevan por el buen camino, cuando el texto es bueno, te conviertes en pura intuición y el personaje sale a través de ti. Tú eres su vehículo.

SS.- También tiene que ver con la técnica de cada actor, con los caminitos que utilizas para crear al personaje. Una cosa común a todos los actores, a tener en cuenta, es que, de una forma consciente dejamos nuestro ego aparcado. Porque si enfrentas un personaje con tu ego, siempre va a ser menos flexible. Un personaje siempre va a tener de ti algo pero si tú quedas en segundo plano. Tú eres un canal. Luego ya aplicas la técnica, lo que te hayan enseñado en la escuela en la que te hayas formado, o la intuición que te venga, pero todo consiste en despojarse de uno mismo.

PR.-Se trata de ser generoso.

MS.- Y de ponerse al servicio de tu personaje y de su psicología. Nada más.

Les leo una bellísima cita de Veronese: “Los artistas deben agarrarse a la función benéfica y sanitaria del arte” ¿A qué se agarran Marina, Susi y Pablo en el ámbito teatral?

Pablo A. Mendivil

SS.- Hay una frase en la función que dice: “Hay gente que quiere ser mejor y por eso hace teatro”. Cuando el teatro está bien hecho, sí ejerce una labor sanadora. El buen teatro llega a un lugar en el espectador del que no es consciente y deja ahí un impacto. Este impacto se va disolviendo y da lugar a reflexiones, más profundas de lo normal, en ciudadanos normales que no se suelen hacer grandes preguntas existenciales. Los textos de Shakespeare, Chéjov o Lorca llegan, inevitablemente, a ese lugar. Ahí es cuando se vive una transformación por parte del público y por parte del actor. Son encuentros muy sutiles que dejan una huella y que se van destilando poco a poco. Yo me agarro a ese poder sanador y de reflexión.

PR.- Con las pautas de Veronese de trabajar en pequeño, para nosotros, no para lucirse, sino para excitarnos, para disfrutar, es como si hubiéramos hecho una obra muy independiente que no fuera a ver nadie. Y tiene que ver con ese voyerismo del que hablábamos antes. Se hace una comunicación preciosa entre la gente y nosotros, yo me quedo con eso.

MS.-Pablo Casals decía que tú podías cambiar el pensamiento de un país simplemente a través del teatro. Sí, hay una fuerza muy grande que trasciende a través de una obra. Y mi fe recae en eso.

Ahora mismo, los artistas son como las Urgencias de un hospital, adonde uno va a curarse el alma. ¿Cómo veis la situación del teatro con los continuos tijeretazos?

SS.-Yo, desde la época que hacía el teatro independiente, viviendo Franco, no había vivido tiempos tan duros. Yo espero que todo esto estimule la creatividad, la imaginación. Se pueden hacer cosas con menos medios. No lo digo para justificar sino para animarnos. No se puede dejar de estar en el Arte, en la actuación, en  la búsqueda. Es muy duro y muy triste y estoy asustada. Como pertenecemos al mundo del entretenimiento, la Cultura no existe, no se considera algo tan esencial para alimentar las almas y el espíritu de las gentes.

Cuando venía hacia aquí, el taxista que me traía despotricaba acerca de los recortes en Sanidad o Educación. Pero justificaba los de Cultura.

SS.- Es que no nos damos cuenta de que la Cultura es también Sanidad y Educación. Es sanidad para el alma, lo que decía Veronese. Todo está vinculado. Estamos en un momento muy delicado y cualquier recorte que se pueda hacer va a ir siempre en perjuicio del ciudadano de a pie. Yo más que preocupada, ya te digo, estoy asustada.

PR.- ¿Sabes que nos queda ante eso? Nuestra mejor arma: crear.

En los próximos meses, esta familia re-generada por Daniel Veronese comenzarán su gira en el Lliure barcelonés. Después, Zaragoza, Bilbao, Santander, San Sebastián, Tenerife, Las Palmas… Quiero suponer que acarrearán, además de los conflictos de la húmeda noche de verano de la finca Sorin, este olor a romero con el que me abrazan, al finalizar la entrevista, Susi, Marina y Pablo. Al romero le atribuyen la propiedad de curar el asma. Buen hacer sobre las tablas y aromas, que los mismos actores exudan sin ser conscientes. Magia argentina que, ojalá, oxigene la geografía humana de este país.

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Una respuesta a Los herederos del hombre tranquilo

  1. Buena entrevista, buenas respuestas de los actores, buen trabajo como todos los tuyos, Carmen. Enhorabuena.

    Alfonso

    Alfonso
    6 diciembre 2012 at 20:45 pm

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