George Negroponte: “…me gusta conceptualizar el juego…”

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George Negroponte: “…me gusta conceptualizar…”

En un ensayo autobiográfico, el artista norteamericano de raíces griegas nos habla sobre su vida como artista, la influencia de sus padres hacia el arte a muy temprana edad, la decisión de convertirse en padre a los 46 años, la condición genética que afecta a su hijo Viggo, su amor por el Hockey y su visión sobre el apoyo del gobierno a las artes.

Por: Mauricio A. Rodríguez Hernández

mauricioar@culturamas.com

Nací en la Ciudad de Nueva York, en el seno de una familia de padres griegos. Mis padres fueron sofisticados, cultos y bien informados. La historia, política, arte, deportes y eventos actuales eran habitualmente discutidos durante la cena. Ellos se casaron en París y posteriormente llegaron a Estados Unidos antes de la Segunda Guerra Mundial, eran muy jóvenes y desconocían totalmente la cultura norteamericana. Criaron a 4 varones en Nueva York y nos proporcionaron a mis hermanos y a mí un comienzo muy sólido para todos los estándares de aquella época.

La vida no fue aburrida: Viajamos a Europa varias veces, visitamos maravillosos lugares y tuvimos todo tipo de cosas. Mis padres eran elegantes y hablaban varios idiomas. Eran momentos difíciles también: a mi padre le gustaba imitar a Richard Nixon y Henry Kissinger, le encantaba criticarlos. Su lectura sobre la superioridad norteamericana era sin lugar a dudas escéptica.

Uno de los mejores amigos de mis padres era el pintor francés Jean Pages, que vivió en la ciudad de Nueva York y trabajó como muralista. En la década de los  cincuenta y sesenta muchos de los mejores restaurantes en Nueva York estaban adornados por sus trabajos. Mi padre era un hombre de negocios, pero quería ser artista y a principios de los años sesenta le dedicó exclusivamente los domingos a la pintura. Solía pintar febrilmente emulando el trabajo de Cezanne, Van Gogh y Raoul Dufy. Él pintaba en la sala en un área designada como su estudio y llevaba una boina. Jean Pages y mi padre tenían sesiones de pintura. Cezanne era un muy buen tema de conversación. Mi padre me comentó en alguna ocasión que pintar era puramente agonía y algunas veces éxtasis. Realmente luchó por pintar y eventualmente se dio por vencido. Mi padre sentía que la pintura era un asunto del “corazón” como le gustaba decir: es una convicción y no una idea.

Mi madre estudió historia del arte y trabajó en el Metropolitan. En particular, trabajó para el legendario historiador de arte Jacob Bean en el departamento de pintura del museo. A mi hermano gemelo y a mí se nos permitió  visitar la colección de dibujos,  tenía entre 14 y 15 años. No tenía idea de que estaba ante una de las más grandes eminencias de la plástica. Jacob fue un erudito viviente que significaba todo para él. No era inusual verle estudiando un dibujo durante horas mientras estaba sentado en su escritorio. La única regla en el despacho de Jacob era el absoluto silencio. ¡Comencé a conocer el trabajo de Cezanne a temprana edad!

Por aquel entonces, Henry Geldzalher fue contratado por el Museo como director de arte dentro de la sección del siglo XX. Mi madre admiraba mucho a Henry y nos le presentó. Además, mi madre también admiraba a Jacob y al dibujo clásico, pero también le apasionaba al arte moderno.  En 1970, Henry organizó una gran investigación de pinturas durante la postguerra. Miré parte de la instalación de la exhibición, entonces tenía 17 años, y quedé completamente impresionado con las obras de: Pollock, Kline, De Kooning, Rothko, Baziotes, David Smith, Warhol, Ellsworth Kelly, Frank Stella, Joseph Albers, Ad Rinehart, David Hockney y más.

Mis padres me transmitieron que el arte importaba mucho. Tenían sentimientos encontrados sobre mis deseos de ser artista. Conocían los retos, pero hicieron lo mejor para apoyarme, por lo cual estoy muy agradecido. Se me presentó una oportunidad excepcional de niño para ser testigo de primera mano tanto del artista como de la institución.

El museo era un lugar tranquilo en aquellos días, más bien parecía una iglesia que una entidad corporativa, solo los devotos se acervaban. El museo no podía gastar para mantener la instalación abierta cualquier día y las galerías estaban cerradas casi todo el tiempo. El mantenimiento del museo estaba casi machando por los estándares de hoy en día. Pero para mí, era un santuario que representaba los más altos estándares morales: dignidad, importante y desafiante.

Asistí a la Universidad de Yale con la idea de estudiar arquitectura. Muchos de los pre-requisitos para dicha carrera era tener clases de estudio de arte, y por lo tanto tomé la clase de color de Josef Albers y con Richard Lytle el año que comencé. La mecánica del color (valor, saturación y matiz) era un tanto fácil para mí. La mayoría de la clase sufrió con la teoría de interacción del color; increíblemente, yo no. Cuando la clase finalizó, Lytle sugirió que fuera a ver a Bernard Chaet para discutir el programa intensivo de pintura y dibujo durante el segundo año. Adiós arquitectura.

Tuve suerte de nuevo. Este grupo particular de estudiantes/pintores con Chaet resultó ser serio y con maravillosos artistas: Jim Angell, Frank Moore, Peter Halley, Amiee Lui, Don Feary, Bob Carvin, Eric Sandgren, Clifford Ross, Gary Falk, Chris Martin, Peter Acheson, Steve Bethel, Barry Shils, Laurie Rippon, Rosanna Warren.

Los estudiantes de maestría de la escuela de arte eran los asistentes para nuestras clases: Judy Phaff, Nabil Nahas, Joe Santori, Eric Holzman, Louisa Chase, Haim Steinbach, Jim Van Kirk, Stanley Whitney, David Row solo por mencionar algunos. ¡Que ambiente!

Mi interés a principios de los años setenta era el campo del color en la pintura, un nombre absurdo. Pero estaba dibujando a escala y el carácter directo de gran parte de este trabajo. La simplicidad aparente me impresionaba, por ejemplo, un objeto de Ken Noland. Poco después me sentí muy influenciado por el trabajo minimalista hecho en Nueva York durante esa época. Brice Marden, David Novros, Robert Ryman y Agnes Martin, por ejemplo.  Desarrollé una aversión al arte pop. Me veía a mí mismo como un sacerdote haciendo arte. Arrogancia juvenil vale la pena mencionar. Como muchos de estos artistas, la manera física de pintar se volvió de mayor importancia. El proceso fue todo, consideré a la pintura como un mensaje silencioso.

He hecho arte durante casi 40 años, también he enseñado arte en varias escuelas, escribo sobre aristas, organizo exposiciones. Además, he tenido una relación de cuatro décadas con el Centro de Dibujo en Nueva York. Hacer arte nunca ha sido sencillo, aunque, debo admitirlo, he tenido muy buenos años. Pero, la mayor parte del tiempo, me he sentido agobiado por alguna inexplicable sensación de deficiencia. 

Recientemente, regresé a Estados Unidos procedente de Estocolmo, Suecia, en dónde radique por 5 años. Mi esposa es originaria de Estocolmo y queríamos que nuestros tres hijos estuvieran expuestos a sus raíces del norte. Fui padre a la edad de 46 años. Hoy, mi hijo John tiene casi 13, Mikko 9 y Viggo tiene 6. No hace falte mencionar que son una fuerza poderosa en mi vida. Mi hijo menor, Viggo, tiene NF1 y es autista. NF1 es una condición genética que muchas personas no conocen.

Cuando nació Viggo, carecía del cromosoma 17, es decir, él es propenso a tener tumores. Los tumores de Viggo se manifiestan como decoloraciones en su espalda, piernas y arriba del torso. Viggo no ha mostrado síntomas serios relacionados al NF1. Somos afortunados, ya que el NF1 infantil puede ser extremadamente difícil y algunas veces fatal. Viggo se comunica en dos idiomas, inglés y sueco, y su uso de palabras crece aceleradamente. Es un alumno entusiasta y desarrolla las mismas habilidades de cualquier alumno de primer grado. Sus relaciones sociales han ido mejorando también. Viggo tiene capacidad para manejar a sus hermanos mayores.

Virva, mi esposa, es pintora también; y realiza un trabajo increíble. Mi vida es muy pequeña, pero con un universo muy completo estos días. Una de mis pasiones son los Rangers de Nueva York, lo cual demuestra que soy un fanático del hockey. Creo que seria un buen entendedor de Hockey, ya que me gusta conceptualizar el juego. También estoy intentando perfeccionar el arte de dormir la siesta.

Cezanne y Pollock son mi mayor influencia. Mi técnica favorita es pintar en varios tipos de superficies. La madera es mi favorita y preferida en este momento. Siempre he sido un pintor abstracto, ya que hay una profundidad tanto emocional como física en la abstracción: un nivel de poesía y sensación que suelo responder. Es el idioma que domino. Cuando observo las pinturas del renacimiento italiano, mi corazón palpita mas rápido, en particular, al tratarse de los venecianos. Pero, hoy por hoy, la abstracción mantiene la llave a los misterios que me fascinan. Un objeto, se define por sus propios términos.

Mi inclinación sería sentarme y discutir pintando todo el día, mientras tomamos café. La pereza es una fuerza extraordinariamente creativa, y me encanta observar el trabajo de artistas jóvenes. Es una alegría ser útil, porque las angustias sufridas por jóvenes artistas son potencialmente tóxicas. La capacidad de mantener una imagen en la cabeza y luchar de manera constructiva siempre es difícil. El significado de lo que hacemos nos lleva a un santuario interior, conforme el camino se hace difícil, algunos quieren saltarse estos pasos y hacer fotos, y lo entiendo, algunos hacen arte en equipo y lo entiendo, algunos piensan que el trabajo está ante todo, lo sé. Pero para aquéllos que creen que la pintura puede contener todas nuestras necesidades sobre una superficie, ciertamente, el trabajo es otra cosa, se trata de una carrera muy larga.

Los gobiernos deberían apoyar a las artes. En un mundo ideal, el gobierno debería apoyar a todos los artistas de manera significativa. Los griegos saben esto. La agencia para las artes de Estados Unidos (NEA, por sus siglas en inglés) abandonó el apoyo directo para los artistas a finales de 1980 debido a un número de políticos que se oponían al “arte transgresivo” de los que recibieron apoyo. Estuve en el panel del Consejo para las Artes de Nueva York en aquella época y trabajé por mi cuenta en estas controversias con gran orgullo. Pero, en realidad, esto no es mundo ideal. Hoy, el director del NEA logra lo acuerdos exitosos con el apoyo del presidente y el Congreso. Debido al clima político, la NEA suele evitar las controversias y busca fortalecer su mandato.

Mi lectura es que la NEA esta buscando encontrar suelo firme para construir mejores alianzas de apoyo en todo Estados Unidos. El NEA deberá conceder que la necesidad de su misión más a fondo y les aplaudo por ello. Por tanto, un país que no apoya de manera directa a sus propios artistas está loco, y por supuesto que me gustaría dirigir al NEA.

Mi bagaje me da acceso a todas las diferentes personas y tendría una oportunidad para desarrollar el mejor tipo de mensaje. Pero afortunadamente no estoy sentado junto al teléfono esperando la llamada, hay que tener cuidado con lo que se desea, aprendí la lección en la Zona Cero.

Cada día en el estudio es especial. Me gustaría que mi familia prospere y sea feliz. Mis deseos no van mas allá de ello.  

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