Julián Barnes: “El sentido de un final”

Categoría: Latinoamérica,México |

 

Llega a México “El sentido de un final”, del escritor inglés Julián Barnes, Premio Man Booker 2011

Por: Mónica Maristain – febrero 4 de 2013 – 0:00

http://www.sinembargo.mx/04-02-2013/514928

JB

Ciudad de México, 4 feb (SinEmbargo).- A menudo, Julian Barnes (Leicester, 1946) es llamado el escritor más distinguido del mundo. No se sabe si esa calificación obedece al cliché que acompaña a casi todos los escritores nacidos en Inglaterra o a si su prosa florecida en las costuras de la sobria intimidad le da a su búsqueda de un sentido en la vida el color de la elegancia, del refinamiento.

Ganador del premio Man Booker 2011 por su novela de juventud El sentido de la vida, el autor recurre a la fuerza de “la memoria imperfecta” para contar la historia de Tony Webster y la amistad que entabla con Adrian Finn, el más inteligente de la clase, el más justo, el más discreto.

Ahora, Tony, que está en la mediana edad, satisfecho por haber forjado “un estilo de vida más completo, sin llegar a ser amenazador, que el de nuestros padres”, recibe una carta inesperada que lo involucra con un misterio al que no es capaz de renunciar y que trastoca su vida apacible.

El sentido de un final(Anagrama), disponible ya en nuestro país, regala una prosa controlada como controlado es el propio autor, quien calificó de “agradable” la experiencia de ganar el Booker, dado que ya había probado la amarga sensación de no ganarlo.

“NO EMPIECES UN LIBRO SI NO SABES CÓMO VAS A TERMINARLO”

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Barnes, autor de El loro de Flaubert, Nada que temer y Pulso y que entre sus aficiones paralelas están el periodismo y la cocina, ha traducido del francés y del alemán a autores como Alphonse Daudet y Volker Kriegel. Su hermano es el filósofo Jonathan Barnes y su esposa es la agente literaria Pat Kavanagh, quien falleció en 2008 a causa de un tumor cerebral y con la que no tuvo hijos.

Precisamente, fueron las largas conversaciones con su erudito hermano las que dieron origen a su elogiada y reciente novela, según contó en una entrevista publicada por el periódico español El mundo: “Apenas recuerdo cómo se gestó esta historia (explica Barnes), porque cuando te adentras en la escritura de una novela te dejas absorber tanto por ella que acabas perdiendo la referencia de cuál fue el punto de partida.

Pero lo que sí recuerdo son las interminables conversaciones (telefónicas y por email) que mantuve con mi hermano antes de ponerme a escribir estas páginas. Él es filósofo, está especializado en Aristóteles y la escuela presocrática y vive en Francia. Le comenté que iba a escribir sobre la familia y él, en vez de presionarme para que contara esto o aquello, me dejó vía libre y me animó a bucear en mi imaginación.

Según él la mayoría de nuestros recuerdos es falsa porque nuestra memoria también lo es. Y en esta novela reflexiono sobre el uso que hacemos de esta capacidad para recordar, a pesar de que manipulamos y tergiversamos todo lo que recordamos. Y la apabullante realidad es que no podemos fiarnos de nuestra memoria”.

Nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, ganador del E.M. Forster, del Médicis y del William Shakespeare de la Fundación FvS de Hamburgo, Barnes fue uno de los mejores amigos de Martin Amis, con quien formó lo que la revista Granta definió como el dream team británico, un conjunto de autores que también integraban Salman Rushdie, Ian McEwan y Kazuo Ishiguro, entre otros.

Por el despido de Pat Kavanagh, a quien Amis reemplazara por el temible agente estadounidense Andrew Wylie, apodado “El chacal” por su peculiar manera de negociar los derechos de sus escritores, Barnes rompió la relación de amistad con el autor de Campos de Londres y El libro de Rachel, entre otros.

Célebre y celebrado, es un convencido autodidacta que desprecia las clases de escritura creativa y para quien no vale la pena iniciar un libro si no se sabe cómo va a terminar.

“A través de la prueba y el error, aprendí la necesidad de empezar a escribir una historia sólo cuando estuviera en condiciones de ver el final”, contó en una entrevista.

Su reciente novela es breve, pero que nadie se equivoque: en este caso el tamaño realmente no importa y ese ajuste de cuentas implacable con la mediana edad, una experiencia vital tamizada por los entresijos que rodean la amistad entre los hombres, es otro postulado-Barnes en la ruta que ha emprendido a través de una literatura que no hace concesiones al lector.

“No es trabajo del escritor darle una palmada al lector y decirle que todo está bien con el mundo. No creo que los lectores que tengo quisieran eso, de cualquier modo. Es un pecado terrible condescender con el lector. Ciertamente quiero involucrar al lector, quiero que sea un participante activo en el libro. Odiaría el hecho de que mis novelas se leyeran tan pasivamente como se ve un programa de televisión”, le explicó a la periodista mexicana Silvia Lemus en una entrevista de 1994.

El sentido de un final es el homenaje de un escritor con mala memoria y que para conjurar su pobre manera de recordar decidió escribir ficción. Es el nuevo trabajo de un lector voraz que tardó mucho tiempo en permitirse escribir una novela y es, como ha dicho, Boyd Tonkin en The Independent, “una obra que arde lentamente”, con el fuego atizado por un escritor inclaudicable, un viejo guerrero de la palabra y el pensamiento.

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