La generación G

 

Por LUPE RUBIO

“Mi serie trata de lo duro que es tener 20 años y cómo nos autoflagelamos cuando cometemos un error propio de esa edad”. Así define Girls su directora, guionista, productora y protagonista, Lena Dunham. Esta comedia de HBO, cuya segunda temporada emite Canal + desde el 14 de febrero, es hija de dos situaciones sociales actuales muy concretas: la libertad creativa de determinadas cadenas de televisión y la globalización de una generación frustrada de jóvenes hiperpreparados que no encuentran trabajo. “Creo que puedo ser la voz de mi generación”, dice la protagonista de la serie a sus padres. “Bueno, al menos de una generación”, añade después.

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Un reconocido seguidor de la serie, el cineasta Steven Soderbergh (Ocean’s eleven), levantó numerosos rumores recientemente sobre su retiro profesional al declarar: “la tiranía de la narrativa está empezando a frustrarme, o al menos, la narrativa como habitualmente la definimos. Estoy convencido de que existe una nueva gramática en algún lugar ahí fuera”. Se unía así al sentir de un grupo de importantes realizadores (David Fincher, Sam Mendes, Scorsese, Gus Van Sant, Curtis Hanson, Phillip Noyce, etc.) que se han pasado a la televisión para disfrutar de más espacio a la hora de contar historias y alejarse de la estructura tradicional en tres actos (presentación, nudo, desenlace). HBO y Showtime, sobre todo, alimentan a ávidos espectadores adultos con grandes dosis de violencia, sexo, lenguaje crudo y complicadas tramas. “Hollywood ya no hace nada como esto. En la televisión por cable ha aparecido un maravilloso campo para directores de cine como yo que disfrutan del tipo de material que Hollywood encuentra demasiado aburrido”, ha asegurado Neil Jordan, que ha realizado para televisión la serie Los Borgia.

Este escenario creativo ha sido aprovechado por Lena Dunham y Judd Apatow para crear en 2012 una historia de veinteañeras en Brooklyn que fue reconocida como la mejor comedia del año en los Globos de Oro, entre otros premios. Girls presenta a Hannah Horvath, una aspirante a escritora, tan neurótica como el jovencito Woody Allen, a su grupo de amigas y a los chicos que las rodean en el bohemio ambiente del barrio neoyorquino de Brooklyn. Las inevitables comparaciones con Sexo en Nueva York, que se estrellan contra la falta de glamour de Girls y con sus espectadores masculinos, no son solo generacionales (búsqueda de pareja para toda la vida y éxito profesional frente a tener lo suficiente para pagar el alquiler y conocer gente); sino de fondo: sus esperanzas se estrellan continuamente con la cruda realidad. Hay quien ha sugerido que las dos series se asemejan a Uno de los nuestros y El padrino; ser como el segundo es la aspiración de los personajes de la película de Scorsese. Pero la comparación es, en el fondo, superflua. “La serie trata sobre ser joven, experimentar y aprender. Todo el mundo está frustrado, triste y perdido cuando es joven”, reconoce Apatow.

La siguiente pregunta que uno se plantea es: ¿Qué hay de Dunham y qué de Apatow en Girls? La guionista Diablo Cody (Juno) ha definido a Lena como “poco convencional, franca y sexual” y Apatow reconoce que a ella “le gusta exponer las flaquezas de las personas y se siente muy cómoda en lo referente al sexo”. Les da la razón ejemplos como la campaña televisiva para fomentar el voto juvenil en la que Dunham comparó perder la virginidad con la primera votación y recomendó pensarse bien ambas decisiones. “El amor propio y el odio a uno mismo son compañeros de cama en constante riña. Utilizados correctamente ambos te hacen avanzar”, ha declarado Lena. Por tanto, la franqueza en los temas sexuales y el exhibicionismo de sus propios puntos flacos (incluido su cuerpo) son el eje de esta serie llena de situaciones absurdas y reales al mismo tiempo.

El ansia de independencia y los tumbos sentimentales de los veinteañeros ya fueron la tesis que Dunham exploró en su primer y único largometraje, Tiny Furniture, que esboza situaciones y personajes (incluso actores) similares a Girls, pero tomándose quizás demasiado en serio a sí misma. Fue esta película la que llamó la atención de la HBO, que le dio un cheque en blanco para hacer lo que quisiera, pero que fuera arriesgado, y que la asoció con la productora Jenni Konner. Konner había trabajado con Apatow en las series Undeclared y Freaks and Geeks, y así es como el rey de la nueva comedia americana se convirtió en la “girl honoraria”. Como productor ejecutivo, su trabajo, según él ha manifestado, es “ayudar a Lena a entender cómo se hace una serie de televisión: cómo estructurar una producción, utilizar al equipo y no pasarse del presupuesto. Ella tiene mucha libertad creativa por parte de HBO y el reto es aprovecharla del todo”. Pero el director de Lío embarazoso y Si fuera fácil, que tampoco le teme a las secuencias sexuales explícitas, también escribió el guión del episodio en el que Hannah vuelve a casa de sus padres de visita y es el autor de otro episodio en la segunda temporada, por lo que es probable que el toque Apatow sea algo más que ejecutivo.

Aunque las críticas contra tal despliegue de incorrección y autoexhibicionismo han encontrado casi todas a Lena Dunham como su diana favorita. “No le importa lo que pienses de ella. Bueno, sí le importa. Y mucho. Pero no va a cambiar para agradarte”, dice Apatow. En contraprestación, la HBO le ha encargado el guión de un biopic sobre la personal shopper de los almacenes Bergdorf Goodman, Betty Halbreich, para una posible serie, y ha renovado Girls para una tercera temporada. Asimismo, Random House le ha pagado 3,7 millones de dólares por sus memorias, tituladas Not That Kind of Girl: A Young Woman Tells You What She’s Learned.

“La gente siempre encontrará algo en tu trabajo sobre lo que no estar de acuerdo. Acostúmbrate a ser humillada, no dejar pasar el ruido, dudar de ti misma y darte cuenta de que uno de cada seis cretinos tienen razón”, escribió Lena Dunham en el número especial comedia de Vanity Fair (febrero 2013), editado por Judd Apatow. De momento, la segunda temporada de Girls da una nueva oportunidad de reírse o avergonzarse de las torpezas sentimentales y vitales de estas cuatro chicas o, mejor dicho, de Hannah y sus amigas.

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Una respuesta a La generación G

  1. La serie es real y novedosa, mostrar el duro camino de las jóvenes de veintitantos es sorprendente creo que Lena Dunham puede considerarse como la representante de todas esas jóvenes que comienza una vida independiente, lo que más me arada es que sea en New York, un lugar que se ha caracterizado por mostrar vidas elitistas, donde se lleve acabo esta serie.

    paola
    29 marzo 2013 at 20:46 pm

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