Cuando el freaky se hizo protagonista

 

Por MARC TORO

Tras años de marginación televisiva el freaky se ha hecho un hueco en la televisión y ha conseguido hacerse con los papeles principales de distintas series. The Big Bang Theory es el ejemplo más claro de ello, gracias al cual la producción está batiendo todos los récords de audiencia en Estados Unidos.

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Freakys, freaks, geeks, nerds… Pese a las diferencias semánticas entre estas palabras, cada vez que las oímos es inevitable pensar en individuos con un alto nivel intelectual, fanáticos de los cómics, las películas de ciencia ficción, los videojuegos y con aversión o serios problemas para mantener relaciones sociales. Asimismo, trasladar este pensamiento a la televisión es sinónimo de Sheldon, Leonard, Howard y Raj, los cuatro peculiares protagonistas de The Big Bang Theory. Y es que la producción de la CBS ha logrado algo que hasta ahora parecía imposible: convertir el freaky en exitoso protagonista de la historia y arrasar en los índices de audiencia, amenazando incluso con superar los 20 millones de espectadores logrados por Friends, la serie más vista de la historia en Estados Unidos.

Pese al boom que han representado los cuatro colegas científicos de California, ya en el pasado encontramos personajes parecidos en la televisión. Screech, el bicho raro del instituto en Salvados por la campana, o Carlton, el primo perdedor de Will Smith en El príncipe de Bel Air, son algunos de los ejemplos más sonados del frikismo de la televisión de los noventa. Se trataba de personajes secundarios con gancho, las curiosas y sorprendentes reacciones de los cuales daban pie a todo tipo de risas enlatadas. Tanto es así que algunos de ellos pasaron a convertirse en piedras angulares de series enteras. El mítico “¿he sido yo?” de Steve Urkel, por ejemplo, llevó a los guionistas de la serie Cosas de casa a convertir el excéntrico personaje secundario en protagonista al inicio de la segunda temporada.

Con el paso de los años, el rarito intelectual de la historia se convirtió prácticamente en una obligación de las series cómicas. Después de ver a Alan en Dos hombres y medio o Dwight en The Office, en 2006 nació Los informáticos, dónde por primera vez veíamos al nerd como verdadero protagonista y centro de atención de la serie.  Pero si hubo una serie que realmente se acercó a la fórmula de éxito de Big Bang, esta fué Chuck. Más allá de compartir su fecha de estreno, el 24 de septiembre de 2007, la serie cómica de la NBC convertía un informático segundón en la única persona capaz de salvar el mundo y en la pareja de la chica rubia y atractiva de la historia.

Este último detalle es decisivo para entender la popularidad de The Big Bang Theory. A parte de todas las características mencionadas hasta ahora, el tópico nos dice que el freak es totalmente inexperto a la hora de ligar. Nuestros cuatro protagonistas, en cambio, consiguen acercarse de manera más o menos estable al sexo femenino. Sheldon y Amy, Wolowitz y Bernadette, Raj y una gran variedad de ligues de una noche, y sobretodo Leonard y Penny, la unión de los cuales rompe con todos los esquemas y deja bien claro que el antihéroe también puede conseguir la chica más deseada.

Más allá de esto, lo primero que debemos tener en cuenta de The Big Bang Theory es que los freakys son mayoría entre los personajes, cosa que da un carácter marcadamente diferenciado a la serie. Y más importante aún, pese a compartir trabajo y aficiones, cada uno de ellos es distinto y representa, en cierto modo, una pequeña parte del melting pot norteamiricano: un judío que vive con su madre, un indio de familia adinerada que emigró a Estados Unidos, un hijo de la américa profunda y conservadora de Tejas y un auténtico nerd americano que se avergüenza de su propio estilo de vida.

Otro aspecto interesante de la sitcom es su alto contenido científico. Como ya habíamos visto en series como House, los diálogos están llenos de tecnicismos, teorías que sólo están al alcance de expertos y palabrejas ininteligibles del mundo de la ciencia. Tanto el trabajo de documentación de los guionistas como el aprendizaje por parte de los actores es de mérito y da un cierto caché a la serie.

Pero si realmente hay un punto fuerte de la serie, éste es el contacto entre la inadaptación de los personajes y la realidad social que les rodea. No entender las ironías o los sarcasmos, la incapacidad de ejercer la empatía y responder con la más absoluta sinceridad en cualquier situación se convierten en constantes de humor de la serie. Tales actitudes toman especial interés si provienen de Sheldon, el personaje más excéntrico y popular de la serie y cuyas reacciones son uno de los principales reclamos de Big Bang. No obstante, lejos de ser situaciones creadas para reírse de los personajes, sirven precisamente como crítica a los convencionalismos, complejos y falsedades de la sociedad. Toda una manera de demostrar que la inteligencia y el ingenio pueden con la popularidad y la hipocresía.

La mezcla de todos estos elementos da lugar a una serie diferente a las que se han hecho hasta ahora sobre el mundo freak que entretiene y engancha al gran público. Y no sólo eso, gracias a Big Bang ser un científico obsesionado por sus proyectos y sus particulares aficiones ha pasado de ser un motivo de burla y marginación a un estilo de vida nada reprochable. Gracias a Big Bang ser freaky mola. ¡Bazinga!

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Una respuesta a Cuando el freaky se hizo protagonista

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