Iconoclastia. La ambivalencia de la mirada

Por Mario S. Arsenal.

 

Iconoclastia. La ambivalencia de la mirada (Ed. Carlos A. Otero)

Madrid, La Oficina de Arte y Ediciones, 2012, 208 pp., 16 euros.

ISBN 9788493888695

 

Iconoclastia (copertina)

 

Puede parecer baladí que en la era de la comunicación audiovisual como es esta que nos ha tocado vivir, todavía cuestionemos el valor de las imágenes. Pero sí, aún es un punto fundamental en el que se vuelcan profundos debates. Tanto es así, que de hecho es uno de los filones más importantes en el estudio especializado de la cultura. Este bello y recogido volumen titulado Iconoclastia. La ambivalencia de la mirada (La Oficina, 2012), donde se da cauce y desarrollo a distintas perspectivas sobre la mirada y la imagen, es el pretexto perfecto para abrazar el misterio de la iconoclastia.

  

La edición está preparada por Carlos A. Otero y se articula a través de una serie de ensayos de diferente sesgo, tales como el arte, el cine, la religión, la política, la filosofía y el pensamiento. Recoge interesantes estudios de gente tan autorizada al respecto como Boris Groys, Hans Belting, Jan Assmann o Gottfried Boehm, al que se le añade un apéndice con una antología de textos extraídos del Leviatán de Thomas Hobbes.

 

Interesante para el curioso, fundamental para el investigador de la cultura y deleitoso para el estudiante iniciado en sus rudimentos. Una pequeña joya que esconde, tras una mínima tipografía, grandes reflexiones en torno a la esencia misma de las imágenes y su repercusión en nuestra cultura histórica. De dónde vienen las imágenes, los iconos primigenios, su puesta en valor, su decadencia, incluso su negatividad en ciertos terrenos sociales, hacia dónde van… Preguntas como estas se congregan en este pequeño volumen realizado con un grandísimo esmero y una pulcritud que roza la belleza.

 

Carlos A. Otero en su capítulo inaugural nos sumerge de lleno en el enigma de la representatividad de las imágenes: ¿qué representan y qué han representado? El profesor Otero nos explica cuál es la paradoja de la imagen (pueden leerlo aquí, por cortesía de la editorial). Le siguen como venimos diciendo artículos como los de Mitchell (“La dialéctica de la iconoclastia”), Roberto Esposito (“Inmunización y violencia”) o Marie-José Mondzain (“Delenda est el ídolo”), sobresaliendo sin ningún género de dudas los que firman los ya mencionados anteriormente.

 

Por un lado Hans Belting, que, como viene a ser costumbre en él y en sus estudios, despliega un aparato intelectivo de verdadera magia, con unos conceptos que van y vienen de manera transversal recorriendo todo tipo de lugares y paradigmas. Nos dibuja el panorama actual de la idolatría a través de un ensayo brillante, sin concesiones, rotundo. Muy interesante a nuestro parecer resulta el capítulo de Boris Groys, el único de esta recopilación que versa directamente sobre el cine y las imágenes en movimiento. Asombrosamente Groys dispone un análisis de las estrategias cinemáticas que niegan la naturaleza de la imagen, algo asombroso ya que el cine bebe del contrario; pero extraordinariamente nos introduce en la contradicción casi sin querer, como producto de un ejercicio feliz, manierista y sin esfuerzo alguno. Por su parte, Jan Assmann se centra en el paradigma religioso, ahondando en el monoteísmo y en un posible sistema teológico basado (de nuevo) en la negación de las imágenes como realidad primera. Posiblemente se hubiese tratado del más importante de todos los estudios recogidos en este libro, de no ser porque Gottfried Boehm participa con un texto magistral que aborda el problema de la iconoclastia de manera frontal, en toda su complexión y complejidad. Un texto de esos que a uno le gustaría escribir si sólo tuviera una oportunidad en la vida. Realmente maravillosa la lucidez de este autor conocido única, general y desgraciadamente en círculos de especialistas. Dedicado al estudio de las imágenes desde hace casi cuarenta años, es un fenomenólogo capaz de convertir a Gadamer en filósofo legible para deslumbrarnos con sus análisis y colocarnos en una dimensión superior del entendimiento humano. De ciencia ficción, casi.

 

Lo cierto es que no podría decir más de este magnífico libro y de esta fantástica editorial independiente que tiene en su haber, corriendo los difíciles tiempos que corren en materia literaria, un catálogo de excepción donde prima la permanente vinculación entre el arte y la palabra. Con ejemplares como éste sólo nos queda augurarles un lugar privilegiado en el panorama editorial de la cultura mayúscula.

 

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