Tiempo de caramelos de Juana Vázquez

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Leer el último poemario de Juana Vázquez es adentrarse en el mundo de la infancia, con el gusto que da una época que se nos va para siempre. Lo más notorio de este libro es la visión que la poeta tiene de la época de la niñez, no la etapa feliz que han cantado tantos poetas (Cernuda, Brines, etc), sino un momento de la vida que ha quedado clausurado por lo que no se dijo, por los silencios de un padre que quería a una hija superdotada, sin entender que la niña era simplemente eso, un ser que quería jugar, divertirse, abrir la ventana a los sueños. Queda, por todo ello, un vacío en la poeta extremeña, de larga trayectoria ya, a la que se une su labor docente de tantos años, dejando posos imborrables en generaciones de alumnos entre los que me cuento, pupilos que hemos sabido recoger la impronta de su enseñanza, de su fervor por las palabras, de su amor por la poesía y por la vida. Por ello, se arriesga y triunfa Juana en este libro melancólico, duro de leer, pero que invita a olvidar lo que ya ha pasado, a abrir una ventana al presente, para que la vida se abra de nuevo, como flor que recoge el aroma del día y sus esperanzas.

La poeta extremeña ve a sus padres como seres que necesitan el cariño de la hija, ante la guerra cruel, como si los hubiese eternizado en esa dificultad para el afecto, como seres pendientes del hilo del dolor:

“Tengo un padre y una madre / pequeñitos y dolientes / necesitan de mi ayuda / para curar sus fantasmas”.

La idea de la niña que vive anclada en el silencio me recuerda, sin duda, a una famosa película que he reverenciado en varias ocasiones, me refiero a El espíritu de la colmena , de Víctor Erice, el papel de Ana Torrent, la niña que vive el silencio de la casa, las paredes que sufren, rasgadas por el dolor omnipresente, vuelve, en los versos armoniosos y tristes de Juana Vázquez: “La niña que no tuvo ni cuatro ni seis ni ocho años… / siempre con la boca cosida / pues no pudo llorar porque / lloraban los padres”.

Tempus fugit, pero no para evocarlo, sino para envolverlo en papel celofán y buscar un río para echar a volar la niñez entera. Sin duda, el dolor de la infancia queda, como un rasguño, como una herida invisible en la piel, en la mujer adulta: “Y se le hicieron los días / como pájaros mudos / y las horas como avispas amarillas”.

La vida como un sinfín de tedio, donde el dolor asume su papel, aguijoneando el corazón para la eternidad. Por ello, la poeta resume su vida, recuerda el dolor y pasa factura a la infancia, ese tempus fugit que debe olvidar, pero que sigue siendo un eco en su memoria: “Ahora ya es adulta / y sentada en una silla / en el patio / al lado de los geranios / descose la infancia / y la pone volantes en los brazos / para que vuele con los pájaros de mirada azul”.

Me atrevo a decir que esos pájaros de mirada azul son los sueños de nuestra poeta, evocando el Azul maravilloso de Rubén Darío, el gran poeta que Juana debió leer en esos espacios de creatividad, donde la soledad fue haciendo su lugar.

Concluyo con esas palabras al padre, donde la poeta le dice que las cuentas de la vida no cuadran, porque no hay matemática en el mundo, todo se deshace cada día, como si nuestros sueños se rompiesen para siempre, la vida es un crucigrama que no encaja, no hay nadie que lo sepa todo y Juana quiere jugar con sus muñecas, volver a la niña que no fue e inventar un mundo donde el dolor no sea la bandera de cada día: “Y digo yo padre / si de verdad hubiera sido superdotada / como me decías / me hubieran cuadrado las cuentas de la vida / como las del cuaderno de tapa negra. / Y ¡qué va! / nunca ha sido así”.

Todo se descabalga, como un verso mal unido, así Juana recoge las piezas de ese puzzle que es esta confesión que nos deja el corazón arañado, porque deseamos que hubiese sido una niña feliz, ya que la infancia es, como dicen muchos, la mejor etapa de la vida. Gran logro este libro, desnudo, como la poesía de Juana Vázquez, una mujer dotada de la savia de la vida, no una superdotada de la infancia. Una lectura necesaria para conocer mejor el mundo interior de la poeta extremeña, ya en plena madurez creativa.

Fuente: Cuadernos del Sur

TIEMPO DE CARAMELOS
VÁZQUEZ MARÍN, JUANA (1951)
Editorial:
CALIMA
Materia
Poesía
ISBN:
978-84-96458-65-9
Páginas:
124
Formato:
Rústica
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