«Escribir hoy no es sólo hacer ficción, es hacer ficción con conciencia »

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Juan Jacinto Muñoz RengelPor Cristina Consuegra.

El pasado mes de enero, se publicó la primera edición de El sueño del otro (Plaza & Janés), el último artefacto narrativo de Juan Jacinto Muñoz Rengel, una novela ambiciosa que supone un cambio de registro -plástico y certero- dentro de la trayectoria profesional, siempre en acción, del malagueño afincado en Madrid. Tras las buenas críticas cosechadas por El asesino hipocondríaco (2012), Muñoz Rengel se distancia de ese territorio ficcional para adentrarse en lugares fracturados, de múltiples concavidades. El resultado es una novela contundente que recoge/revisa la mejor tradición literaria de pelaje fantástico, al tiempo que muestra las habilidades filosóficas que su autor siempre ha dominado con precisión de cirujano.

L353574.jpgComencemos la entrevista buscando esa primera piedra en el camino creativo de El sueño del otro. ¿Qué fue antes realidad o ficción? ¿Y cómo se cuela esta historia en tu vida literaria?

La ficción, siempre la ficción. En la tradición literaria el tema del soñador soñado ha estado siempre ahí. Lo estaba en la literatura oriental anterior a Cristo, que nos llegó a través de los cuentos de Chuang Tzu o de Liehtsé. Estaba en Las mil y una noches, con “Historia de los que soñaron“. Estaba en pasajes de Alicia en el país de las maravillas y de Alicia a través del espejo de Lewis Carroll. Estaba en los cuentos de Borges y en los cuentos de Cortázar. Y, por supuesto, estaba en la historia de la filosofía. Los planteamientos que cuestionan la realidad como simulacro van desde el mito de la caverna de Platón hasta la hipótesis fantástica que inventa Descartes en su duda metódica, al imaginar aquel Dios Engañador que podía falsear lo que nos mostraban nuestros sentidos. Quien piense hoy que ha creado algo absolutamente nuevo es un ingenuo. Lo único que le es concedido al creador es versionar, revisitar, volver a plantear o dar un nuevo giro a los temas ya dichos. Siempre desde la tradición. Así funciona toda la cultura humana y el progreso. Y es lo que intento hacer yo con esta idea de los dos hombres que se sueñan mutuamente. Todo eso estaba ahí, flotando en mi imaginario y en el sedimento de mis lecturas. Hasta que un día de repente cobra forma con un nuevo matiz, bajo unas nuevas reglas, de manera que siento que puedo darle una vuelta de tuerca más y que tengo una historia que quiero contar: la de dos hombres que sin conocerse sueñan ser el otro, con absoluto detalle, durante las noches completas, guardando recuerdo de todo, desde dentro de la mente del otro, sin que haya deformación onírica, y así no a lo largo de un cuento, sino de las páginas y páginas de una novela.

Y en relación con ese proceso de producción, ¿qué te ha exigido la escritura de esta novela en contraste con el resto de tu trayectoria profesional?

Quizá lo que ha supuesto para mí un mayor cambio, y que no estaba en el resto de mis proyectos literarios, ha sido procurar un tratamiento hiperrealista del acontecimiento fantástico. Manejar el tiempo real, la profundización en los personajes, el constante despliegue de las escenas, los diálogos cercanos a los reales y, en definitiva, todos los mecanismos de la verosimilitud. En muchas ocasiones se acusa a los autores de literatura fantástica de cierta incapacidad para enfrentar algunos de los retos habituales de la narrativa. Es algo parecido, por ejemplo, a lo que ocurría con algunos pintores abstractos, acusados de no saber pintar. En realidad, en muchos casos, todo eso dependerá de las exigencias y necesidades de la propia obra. En esta ocasión me pareció que podría ser interesante utilizar ese enfoque.

¿Y qué aporta a tu mirada como autor?

Ese intencionado contraste entre la anomalía fantástica y el tratamiento hiperrealista me ha permitido mirar y hablar de cosas que normalmente no son frecuentes en el género fantástico. Gracias a eso he podido introducir elementos más propios de la literatura existencialista, o incluso de la literatura de denuncia. Para mí ha significado la oportunidad de poder mirar aspectos de la realidad, y de la actualidad, en los que, dependiendo de la perspectiva, a veces no puedes detenerte. Precisamente, el manejo del tiempo y de la historia concedía a mis personajes la posibilidad ir más allá del su conflicto y analizar sus circunstancias y su entorno.

Hablemos de la estructura que soporta la historia de El sueño del otro. ¿Cómo llegas a este andamiaje narrativo? ¿Dudaste entre varias maneras de contar la historia?

Por supuesto, dudé y mucho. Para empezar, la idea original, en su esencia, parece la idónea para un relato corto. Así que mis disquisiciones comenzaron por ahí: ¿qué ocurriría si someto esta hipótesis fantástica a las demandas de una novela, si la obligo a recorrer los caminos de la verosimilitud durante trescientas páginas y la llevo a sus últimas consecuencias? Luego siguieron otras muchas cuestiones. ¿Con qué narrador contarlo?, ¿con uno que conociera toda la historia o con uno más discreto, invisible, incluso desapegado o frío? ¿Qué estructura debería utilizar? ¿Qué estilo de prosa, qué tono, qué distancia? Ni que decir tiene que cada uno de estos cambios habría supuesto otra historia diferente, la mirada se habría posado en otras cosas, habrían terminado sucediendo otras cosas.

Uno de los grandes asuntos de la novela es la construcción de los protagonistas, especialmente, en el apartado psicológico, perfectamente ajustado y medido para fomentar el contraste, el juego de contrarios. ¿Son André Bodoc y Xavier Arteaga tus personajes de mayor calado y profundidad psicológica?

Probablemente sí. Uno de los puntos fuertes de la novela frente al cuento ―el cuento también supera a la novela en ciertos aspectos― es su capacidad para ahondar en los personajes, para ir acercándote a ellos en círculos concéntricos o para permitirte recorrer con ellos un largo camino. Pero además, en esta novela en concreto necesitaba que mis protagonistas fuesen lo más dimensionales posible, que parecieran de carne y hueso. Por varias razones. La primera la apuntabas tú ya, necesitaba que sus personalidades fuesen distintas, propias y reconocibles, para luego poder dar paso al juego de contrarios, a la mutua contaminación a la que se verán sometidos a causa de su trastorno del sueño. Por otro lado, su carnalidad era al mismo tiempo uno de los necesarios recursos de verosimilitud de los que antes hablaba. Y por último, sabía que la novela iba a crecer en gran parte hacia dentro: crece hacia fuera, porque en todo momento hay una trama en primer plano en la que suceden las cosas, pero también crece hacia el interior de los personajes, mediante la introspección, porque en realidad lo que no dejan de hacer en ningún instante es abismarse más y más el uno en el otro.

Gracias a los protagonistas el lector va encontrando grandes asuntos de lo fantástico como el par Yo/Otro, la escisión interior, la teoría del doble, etc., asuntos tamizados por lo psicológico. En El sueño del otro, ¿hay más de Lem, o más de Freud y Todorov?

Quiero pensar que sobre todo hay más de Lem, y de otros muchos autores emparentados con los temas del doble, con el psicologismo o con los argumentos de la realidad simulada (como Stevenson, Hoffman, Kafka, Carroll, Borges, Cortázar, Philip K. Dick, J. G. Ballard, Tsutsui o Kurt Vonnegut). De Freud, inevitablemente, hay mucho también, porque trabajo en todo momento con los materiales del subconsciente, de la negación, la sublimación y el sueño; pero también hay de Foucault, Bachelard o Deleuze, y, por supuesto, de todos los filósofos del idealismo (desde Platón a Descartes, Kant, Fitche o Hegel). Por último, de Todorov está el propio planteamiento previo, porque quise concebir una novela que se ciñera por completo a su definición de lo fantástico; tanto que incluso llegara a subvertirla, como en esos fragmentos de El sueño del otro en los que ese mundo tan parecido al nuestro parece dejar de ser nuestro mundo, porque ocurre algún suceso imposible que sin embargo sólo extraña a los lectores y no al resto de los habitantes de esa falsa réplica de nuestra realidad. Me parecía que esa inversión, en los tramos finales de la novela, podía provocar reacciones y un desasosiego diferentes.

La conducta de los personajes se modifica conforme la acción narrativa avanza; al mismo tiempo, y con ese avance, diseccionas la psicología del ser humano contemporáneo. ¿Qué fue antes personaje o argumento?

El argumento. Pero dado el enfoque que me planteé desde el inicio, y que comentaba más arriba, sabía que las propias normas de la novela la obligarían a crecer a través de sus personajes. De modo que, con esas premisas de partida, con la actualidad como fondo y la posibilidad de decir más cosas de lo que es habitual en el género fantástico, decidí convertir a uno de los protagonistas en un ciudadano medio corriente ―profesor de secundaria, divorciado, sin demasiados alicientes en su vida―, que me permitiera hablar de la dimensión privada, y al otro, en un director de informativos que me diese pie a proyectar nuestra dimensión pública, nuestra realidad social.

Pasemos ahora al entramado poético de El sueño del otro. Entre los diversos asuntos que lo conforman irrumpe con fuerza, nuevamente, el aspecto identitario trabajado tanto desde la perspectiva individual como colectiva. ¿Qué buscas aportar a este elemento tan filosófico y literario?

En efecto, en esta ocasión he querido arrojarme de lleno al problema de la identidad. Gracias a la distorsión fantástica es posible forzar lo que conocemos de la realidad, lanzar conjeturas insólitas y apuntar hacia los límites borrosos de nuestra explicación del mundo. Con todo, es muy difícil decir algo hoy acerca del sujeto que no haya dicho ya la filosofía o la neurociencia. Pero la literatura sí que puede hacer algo más: dar una forma comprensible a todo eso, propiciar una forma narrativa coherente que ilustre y dé vida a los descubrimientos en la mente del lector, a modo de intuición poética. Y otra más: quizá no pueda proporcionar muchas respuestas, pero sí facilitar las preguntas, abrir caminos. Con el imposible trastorno del sueño de esta novela, que une íntimamente a sus dos protagonistas, trato de explorar aspectos en torno a la conciencia, al substrato de identidad que permanece incluso cuando nuestra personalidad está sometida a cambios, a cambios extremos, indagar acerca de la subjetividad, de la memoria, de los recuerdos inducidos, de la intercambiabilidad de identidades, acerca de qué hay más allá del ego si desaparece el ego, tantear la posibilidad de otros modelos de mentes, de mentes colectivas, preguntarme por las categorías innatas de la percepción y por los conceptos heredados o adquiridos, por la personalidad múltiple, la química del cerebro, la deconstrucción del yo, la mortalidad… Parece muy complejo, pero lo realmente complejo es darle a esto una forma sencilla.

Otras piezas imprescindibles, poderosas, de la poética de El sueño del otro son el cuestionamiento de la realidad y la reflexión que emprendes en torno a la sociedad de la información. ¿Buscas medir o traducir la realidad desde lo ficcional?

Creo que la influencia de la ficción en la realidad es uno de los grandes temas de la postmodernidad y algo del todo apasionante. La capacidad de ficcionar del hombre y su acercamiento ficcional a la construcción de eso que llamamos realidad ha sido un rasgo distintivo de nuestra especie desde nuestros orígenes. Pero de un tiempo a esta parte la ficción parece desbocada, quizá desde que hemos tomado conciencia de su poder o desde que hemos dejado atrás la concepción idealista del mundo y del conocimiento. Si a esto le añadimos que nuestra actualidad es más compleja que nunca, que los conflictos e intereses han pasado a ser multinacionales ―en el sentido más económico―, que tenemos más herramientas para interpretar la realidad que en ningún otro momento del pasado, desde decenas de niveles distintos, pero sin que nuestras áreas de conocimiento acaben de armonizarse, que el periodismo ha sufrido de lleno la crisis y que las nuevas tecnologías introducen un sinfín de nuevas formas de manipulación, el panorama no podría ser más estimulante. Escribir hoy no es sólo hacer ficción, es hacer ficción con conciencia de que la ficción en nuestra forma de construir la realidad y, a la vez, con la propia ficción como tema.

En esta novela has mirado a los ojos de la realidad para dinamitarla. ¿Ha llegado la hora de la literatura? ¿Y del periodismo?

Siempre ha sido la hora de la literatura, sin la literatura no tendríamos conciencia de nosotros mismos. Pero en los momentos en los que otras disciplinas parecen faltar a sus compromisos y se muestran incapaces de ofrecer soluciones, su responsabilidad se hace más manifiesta. En cuanto al periodismo, sí, creo que es ahora o nunca. Creo que esta crisis, económica, social y sistémica, también puede traer cosas buenas. Y una de ella es el despertar del periodismo. Es esperanzador comprobar como muchos profesionales adormecidos durante años por la rutina han vuelto de nuevo a ser periodistas. En estos momentos, quizá la obligación más imperiosa, desde todos los sectores, empezando por cada uno de nosotros como ciudadanos, es la ser críticos.

La figura del lector resulta imprescindible para la novela. ¿Cómo lo incorporas a la trama durante el proceso de producción?

Antes, en algún momento de esta entrevista, comentaba que en esta novela había trabajado con los materiales del subconsciente. Pero, de alguna manera, entiendo que la literatura siempre trabaja con el subconsciente, con el subconsciente de los lectores. No me refiero al fondo sino a la forma; no hablo del qué, sino del cómo. Un escritor siempre anda moviendo los hilos para provocar reacciones reflejas, aparentemente espontáneas, en la mente del lector. Se manejan claves ocultas, se escribe entrelíneas, se buscan asociaciones, se reproducen situaciones. Así es como yo incorporo al lector, no sólo mediante el diálogo, sino tratando en todo instante de trastear los resortes de su mente. Un escritor es un hipnotizador, un psicoanalista, un experto cognitivo, un manipulador. Con, casi siempre, los mejores propósitos.

Con El sueño del otro parece que has logrado la madurez narrativa. ¿Es esta novela la historia que siempre quisiste escribir?

En cierto modo, sí. La idea inicial era ambiciosa y el tratamiento complejo, y esta novela me ha permitido dejar en ella mucho de mí mismo, decir mucho, volcarme y dejar atrás inquietudes y obsesiones. Pero eso fue sólo hasta que le puse el punto final. Desde que la terminé, inmediatamente, volvieron a surgir otras novelas que son las que siempre he querido escribir. En esa tarea estamos.

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3 respuestas a «Escribir hoy no es sólo hacer ficción, es hacer ficción con conciencia »

  1. Mucha pseudo intelectualidad posada y poca literatura veo yo aquí, pero para gustos colores. Si vende, bien vendido está.

    Carlos Andrades
    15 marzo 2013 at 11:06 am

  2. Gran entrevista. Apuntado queda el libro para mi próxima visita a la librería…

    El titular que han cortado cambia por completo el sentido de la frase (“Escribir hoy no es sólo hacer ficción, es hacer ficción con conciencia de que la ficción en nuestra forma de construir la realidad y, a la vez, con la propia ficción como tema.”), ¿no?

    Elisa
    15 marzo 2013 at 11:10 am

  3. ¡Jajaja! Es que para ver la literatura hay que leer el libro, Carlos. ¿Ciencia infusa?

    Elisa
    15 marzo 2013 at 11:13 am

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