Relato propio: ‘LA CÁMARA ACORAZADA’

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banco-de-espanaPor NATALIA CÁRDENAS. La semana pasada hablé de los cursos de escritura creativa que de vez en cuando me gusta hacer, este es el ejercicio práctico de uno de ellos, un relato que disfruté mucho escribiendo y que espero que os guste.

LA CÁMARA ACORAZADA 

 El profesor Fernando Cid esperaba con una masticada ansia la llegada del bibliotecario. Estaba sentado, con las piernas cruzadas, en una de las terrazas del Paseo de Recoletos, repasando mentalmente un escudriñado plan que le tenía en vilo desde hacía meses. Buscando en su cabeza las palabras más convincentes para que su ex alumno, convertido en guardián de la Biblioteca del Banco de España, le ayudara. Calmó los nervios pidiendo una copa de coñac y encendiendo un cigarrillo. Al ver a Pelayo acercarse, Don Fernando se levantó ofreciéndole su mano e invitándole a tomar asiento. Se pusieron al día enseguida, con preguntas de cortesía y demás frases hechas de esas que se dicen para quedar bien.

Al bibliotecario, un hombre largo y gris que caminaba como si buscara monedas en el suelo, le había sorprendido la llamada de su ex profesor. Hacía por lo menos veinte años que no se veían, los mismos que llevaba licenciado en Humanidades. Pasó el día entero imaginando las infinitas razones por las que ese hombre le había citado, —¿Qué podía querer de mí?—, se preguntó varias veces a lo largo del día.

Don Fernando le pidió que terminase su bebida y dieran un paseo, lo que quería confiarle era demasiado privado y escandaloso como para hablarlo sentados en una terraza abarrotada.

—Te lo diré sin rodeos Pelayo. No repitas lo que te voy a contar, no levantes la voz ni te escandalices, es importante que seas discreto y me des tu palabra de que esto quedará entre nosotros—, dijo el profesor clavando su mirada en el pobrecito funcionario que le observaba sin atreverse a pestañear.

 

—Le doy mi palabra don Fernando.

 

—Van a atracar el Banco de España, mejor dicho, lo haremos nosotros.

 

—¿Se trata de una broma, verdad? 

 

El profesor se detuvo y frenó el paso de su colega poniéndole la mano en el pecho.

 

—No Pelayo, va en serio. Mira a tu alrededor, ¿ves en lo que se ha convertido este país desde que cambiaron la Constitución en 2011? Mira al frente, ese es el edificio en el que trabajas, tan majestuoso, mira que elegantes son las demás construcciones que le rodean. Ahora mira más cerca, ¿te has fijado en la cantidad de indigentes que hay? Y cada día más. Miles de familias se han quedando en la calle por culpa de los bancos y sus tejemanejes con los políticos. Ancianos con pensiones ridículas y familias enteras se han quedado sin tratamientos médicos desde la privatización de la Sanidad, muchos acaban sus días en la calle por tener que vender sus casas para pagar las facturas de hospital. Miles de niños se han quedado sin plaza en los insuficientes colegios públicos que sobreviven tras los extremos recortes en Educación. ¿Habías visto alguna vez a este país tan humillado? Yo no, no al menos desde la Guerra Civil, amigo, créeme. El neo-gobierno delegado en micro dictaduras encubiertas está acabando con los sueños e ilusiones del mundo entero. Hemos vuelto a los tiempos del feudalismo en los que las clases sociales están años luz unas de otras. El millonario siempre gana, gracias a los favores que reciben sus grandes empresas desde el Ministerio de Trabajo, a costa de explotar consentidamente a sus trabajadores, que regalan horas extra sin mesura. Les aterra enfrentarse a letras, facturas y demás opresivas cadenas, sin ese mísero sueldo que ganan al mes. Sin él, se verían también viviendo en la calle.   

—Conozco perfectamente la situación de este país, profesor. Pero… ¿Qué podemos hacer nosotros? ¿Y cómo puede ayudar el atraco de un banco a resolver los problemas de la sociedad?

 

—Lo único que quiero de ti, sin implicaciones que puedan inculparte, son los planos subterráneos de esta majestuosa glorieta coronada con La Cibeles, desde La Casa de América hasta el Banco y la oficina de Correos. Sé que se guardan en la Biblioteca desde los años 30, cuando se diseñó el entramado de seguridad de la cámara acorazada. Sé también que ahí debajo hay un inframundo que alberga unos 5.000 lingotes de oro y que cada uno tiene un valor de 200.000 euros… ¿Sabes cuánto es eso? ¿Te parece normal que con un tesoro así dejen a tanta gente en la indigencia?

 

—Mire… don Fernando, aunque yo le traiga los planos, nunca lo conseguirá. Para empezar, la primera barrera con la que se encuentra es una puerta de dieciséis toneladas que solamente se abre con dos llaves, custodiadas celosamente por dos altos cargos de la entidad. Supongo que los ladrones no usan el ascensor, así que tendría que bajar un túnel vertical de 36 metros hasta la segunda puerta. Si lograra atravesarla, tendría que cruzar un foso con un puente retráctil y dudo que lo extiendan para usted—, dijo con sorna. —Y si lograra penetrar la tercera y última puerta, la que esconde el gran tesoro, se activaría el mecanismo de seguridad, las puertas quedarían selladas y además, se produciría la inundación de las dependencias gracias al conducto de agua que usa la Cibeles, muriendo usted y sus cómplices ahogados. 

 

—¿Y quién te ha dicho que vamos a entrar por la puerta principal?—, le desafió el profesor. —Crees que soy un viejo chiflado al que se le ha ido la olla, ¿verdad? No te culpo, pero no chocheo. Esto no es un juego de cuatro revolucionarios avariciosos. Esto es algo más gordo. Yo sólo soy una de las mentes pensantes, pero detrás de mí existe toda una organización clandestina entregada en cuerpo y alma a llevar a cabo este asalto. Llevan meses entrenándose, preparándose concienzudamente, para realizar este sueño de locos. No lo hacemos por dinero. Todo será devuelto o invertido en el país en su debido momento. Somos muchos los que tenemos motivos para hacer algo tan gordo, pero no puedo darte más detalles si no piensas colaborar, entiéndelo, pondría al resto de involucrados en peligro. 

 

Alumno y maestro se quedaron pensativos, mirando en direcciones opuestas. Fernando insistió en que le hiciera el favor y no preguntase nada más.

 

—Si le traigo los planos… ¿me contará los detalles del plan? No es que quiera participar, es curiosidad, ya que me la juego…— Pelayo hizo una pausa y suspiró añadiendo: — Si le digo la verdad, me quedan dos semanas como bibliotecario del Banco, ayer me dieron la carta de despido y no sé que va a ser de mí.

 

—Te lo contaré todo mañana. Te llamaré cuando salgas de trabajar para citarnos en algún lugar seguro. Después, te relataré nuestro proyecto con todo lujo de detalles.

 

Ambos se despidieron y tomaron caminos opuestos. Pelayo se sentó en su sillón favorito y recordó frase por frase la conversación con el profesor, cuánto más rememoraba, más ganas tenía de saber lo que tramaban. Le asaltó una marabunta de preguntas: ¿Qué harían con los lingotes? ¿Quién financiaba algo tan gordo? ¿No temían acabar en la cárcel? Aquella noche no pegó ojo, aunque nunca fue de buen dormir.

 

Profesor y alumno volvieron a quedar tras terminar la jornada laboral. Caminaron por Alcalá hasta entrar en el Parque del Retiro. Prosiguieron por el lago y se sentaron en el primer banco aislado con el que se toparon. Pelayo metió su mano bajo el jersey y sacó varias hojas dobladas cuidadosamente que le entregó sin desplegar. —Son fotocopias, profesor, pensé que sería más seguro que robarlas—, comentó. Don Fernando examinó los planos mientras se le dibujaba en la cara una tirante sonrisa que estrechaba aún más sus finos labios. Los volvió a plegar y los guardó en el compartimento secreto de su maletín, tras el forro deshilachado. Levantó la vista y sonrió.

 

—Detrás de todo esto hay un sueño, Pelayo. Hubo un tiempo en que las personas tenían libertad y derechos. Hoy, somos esclavos de nuestros propios privilegios, pero lo que nunca nos podrán quitar, será nuestra inteligencia y nuestra esperanza. El atraco al Banco de España es algo simbólico, lo que buscamos es crear un efecto dominó. Hace dos años, Túnez se levantó y derrocó a un dictador, después le siguió Egipto y otros países. En España un grupo de indignados tomaron la plaza y acamparon en la Puerta del Sol, pocos días después, media España estaba acampada en sus plazas. En Europa y América ha pasado lo mismo, la gente ha salido a las calles. Llevamos manifestándonos desde entonces. Pero los líderes políticos nos han dejado muy claro que la voz del pueblo no importa. Ya ni se cortan para enviar a sus soldaditos de azul a la caza de alborotador. Por eso vamos a dar un golpe de estado en las pelotas del país. Esta crisis mundial, sólo se puede salvar con una rebelión internacional de órdago.

 

—Entiendo lo que dice, pero incitando a atracar bancos y enfrentándose a las autoridades… ¿no cree que se derramará mucha sangre?

 

 

—Es el precio que hay que pagar por cambiar la Historia, amigo. Desde la Antigüedad, campesinos y esclavos se han rebelado contra sus opresores. Sólo que esta vez, no es a un rey a quien hay que destronar ni un dictador al que frenar. El enemigo se ha convertido en un ente de dominación y su gran aliado son los bancos. Vamos a entrar en esa cueva de Tío Gilito para darles una lección. Ahora, gracias a estos planos tan valiosos, sé que es posible. Refuerzan mi teoría de que la línea 2 de metro y la cámara acorazada están a la misma altura, sólo necesitaba demostrarlo para empezar a actuar.

 

—¿Pretenden atravesar los muros de hormigón armado?

 

—Escucha con atención. A las dos de la mañana del día señalado, los hackers dejarán a la capital sin luz a la par que piratean el sistema de seguridad del banco. Expertos en explosivos colocarán bombas de humo, muy escandalosas pero poco dañinas, en puntos clave de la ciudad, como en los alrededores del Museo del Prado, cerca de Barajas, en Atocha y algunos más. Aprovechando el caos de la ciudad, antiguos empleados y vigilantes de Metro traerán un tren desde las cocheras hasta el punto clave. En el interior de uno de los vagones viajarán profesionales de las excavaciones con una tuneladora capaz de atravesar el hormigón y el metal. Entre todos cargarán los coches con los lingotes y volverán a las cocheras. Allí esperarán los transportistas que se encargarán de ocultar el oro por un tiempo. Detrás de todo este entramado hay un hombre muy rico que sueña con utopía y financia la operación. Y si todo sale bien, por la mañana temprano, Madrid amanecerá cubierta de billetes que nuestro adinerado amigo soltará desde los aires. 

 

—Sigue pareciéndome un plan de locos. En fin, le deseo que todo salga según lo previsto.

 

Pelayo se fue a casa pensando en el plan del profesor, convencido de que no daría resultado algo tan descabellado. Pocos días después, una tranquila noche de primavera, la luz del salón se apagó, seguida de la televisión y las farolas de la calle. Las sirenas resonaban enloquecidas por toda la ciudad, supo entonces que el plan estaba en marcha. Pasó las horas en vilo, sentado en su sillón, pensando en el atraco y en su vida tras el despido, aquel había sido su último día de trabajo. Al amanecer, regresó la luz, en la noticias de TVE hablaban del atraco y, al asomarse al balcón, vio el primer billete caer, tras él, un río de papel que teñía el cielo de verde. Se cambió las babuchas por zapatos y voló a la calle para darse el primer baño de esperanza.

 

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