20 años de la muerte de Audrey Hepburn

 

 Por Jorge Girbau Bustos

 

Recientemente la actriz de Hollywood Audrey Hepburn (1929 – 1993) ha rodado un spot de una marca de chocolate. No, no es que haya resucitado para volver a estar delante de la cámara, es que su familia ha dado la autorización para que hagan el anuncio con ella digitalmente.

 

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Audrey Hepburn

 Este mito del siglo XX interpretó más de veinte películas de las que algunas son verdaderas obras maestras. La magia de esta intérprete estaba en su candidez, en sus gestos delicados y en su fuerza interpretativa que hacía al público evadirse: era el vivo retrato de la femineidad y aún hoy los verdaderos cinéfilos la recuerdan como  una  de las bellezas del séptimo arte.

A Audrey se la echa de menos 20 años después de su muerte tanto que está considerada según la American Film Institute como la tercera mejor estrella femenina de todos los tiempos. Está claro que ella marcó una época o la terminó porque cuando desapareció con su sonrisa lo hizo también una parte de la historia cinematográfica.

Y para homenajearla voy a hacer una analítica de algunas de sus inolvidables interpretaciones. Tal vez ella nació para ser actriz y yo lo único que puedo hacer es aproximarme a su figura para reconocerla en sus películas.   

           

UNA CARA CON ÁNGEL (1957)

Este delicioso musical de Stanley Donen es nuestra primera parada para conocer a está diva de la gran pantalla. Aquí Audrey se quita la coleta dejando ver sus dotes de bailarina al lado de Fred Astaire dando vida a una de las parejas más celebradas del género de la comedia del séptimo arte. Así conocemos a Jo Stockton (Audrey Hepburn), una muchacha estadounidense y su viaje para descubrir y abrir los ojos al mundo y Dick Avery (Fred Astaire), un fotógrafo de una revista de moda que tenía el rol de ayudar a la protagonista en su cometido. Estos dos personajes viajan a París, ella en busca de una intelectualidad extraña y él para intervenir como fotógrafo de una revista de modas. Con el tiempo descubrirá Jo adónde puede llegar su belleza y erotismo ante la cámara del fotógrafo.

 

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Una cara con ángel

Una cara con ángel nos descubre los entresijos de la moda, en clave de comedia romántica, donde sobresalen la pareja protagonista y el maravilloso juego entre protagonista y antagonista  que aún hoy, décadas después de su estreno, sigue siendo muy actual. Se le considera como el último gran musical del Hollywood dorado, antes de que llegasen los musicales más discursivos socialmente, puesto que aquí todo es de una belleza soberbia que no llega a desentonar para los ojos del gran público.

Merece la pena pararse a verla para ver bailar a Audrey Hepburn en todos los ritmos musicales posibles sin olvidarse de su carisma interpretativo y cautivador. La hora y cuarenta minutos que dura está gran joya del cine musical se pasan rápido, dejando al terminar un sabor al espectador muy dulce llegando a pensar que el metraje de este trabajo ha sido de corta duración. Una cara con ángel puede llegar a ser una crítica a las tendencias de la moda pero sólo es una excusa para cautivarnos con un transfondo más filosófico.

Al terminar nos damos cuenta de que está producción es muy completa en todos los sentidos tanto visual como argumental y puede considerarse ya un clásico del cine universal porque el diálogo, la psicología que muestra de la sociedad y las clases sociales son universales.

 

CÓMO ROBAR UN MILLÓN Y… (1966)

Está película de William Wyler protagonizada por Peter O´ Toole y Audrey Hepburn es el mejor filme para aprender a amar el arte pictórico y un referente de la comedia norteamericana de la década de los 60 del siglo XX. Si analizamos este género que se modernizó en aquellos años y lo comparamos con las producciones cinematográficas que se hacían antes de estas fechas (años 60) vemos claramente que cambió la manera de contar al dar más protagonismo a los problemas sociales de aquella época. Uno de los ejemplos es: Cómo robar un millón y… que llegó a las pantallas del cine para innovar la comedia y añadir más agilidad al ritmo de esta película con un enredo brillante que atrapa al espectador desde el primer minuto hasta el último segundo.

 

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Cómo robar un millón y…

La magia de este metraje, que es una historia original de George Bradshaw, también se encuentra en su fotografía parisina al recrear la luz del impresionismo en todas sus ambientaciones. La trama es muy divertida: Nicole (Audrey Hepburn) quiere robar una estatua de Benvenutto Cellini, que la ha prestado para una exposición de un museo, y para ello recurre a Simón Demott (Peter O´ Toole) para planear juntos el robo que llevarán a cabo ¿con éxito?

Cómo robar un millón y… juega al despiste con todos sus personajes, pero todo el peso de ese despiste lo lleva Simón Demott, que es uno de esos protagonistas de comedia que no tiene ningún desperdicio tan rico en movimientos de argumentación como tierno a la vez. Le da la réplica Nicole que es inquieta pero curiosa con lo que le rodea.

Si tenéis la oportunidad de ver está producción alguna vez no os va a defraudar y posiblemente podrá cambiar vuestras opiniones sobre las comedias de enredo hollywoodiense porque tanto hoy como el día de su estreno no le ha dañado en absoluto el paso del tiempo y sigue regalando carcajadas y erotismo en imágenes a partes iguales.

 

ROBIN Y MARIAN (1976)

Dirigida por Richard Lester y protagonizada por Sean Connery y Audrey Hepburn esta película melancólica y hermosa narra lo que ocurrió con Robin Hood cuando regresó a Inglaterra de las cruzadas y su reencuentro con su amada Marian; aunque la verdadera disculpa para contarnos esta historia de amor es hacer un homenaje a dos actores que habían alcanzado su madurez interpretativa. Por eso, estamos ante una de las pocas joyas del cine; te enamora y puede cambiar la visión del mundo explorando un universo infinito de los sentimientos.

Robin y Marian también puede ser la mejor versión de cualquier filme de aventuras porque en ella se concentran pasión y realismo a partes iguales regalando una historia de amor que traspasa fronteras. Es un trabajo muy actual rodado en escenarios naturales y con mucho simbolismo bíblico y un canto a la leyenda de Robin Hood. Tal vez sea el mejor trabajo de este director de cine que supo plasmar el carácter de estos dos personajes y añadirles un toque de tristeza porque ven que su mundo se está muriendo muy rápidamente.

 

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Robin y Marian

Esta libre versión del príncipe de los ladrones nos enseña un bosque de Sherwood desconocido para Robin (Sean Connery) y una Marian que ha decidido ser monja (Audrey Hepburn): se enamoran de nuevo pero todo va a ser diferente. Él se encuentra con su realidad y ella simplemente se encuentra con él envejecido pero lleno de vigor y planes futuros.

En el plano técnico tanto la fotografía como el ambiente de esta producción cautivan los sentimientos haciéndonos creer a los personajes y lo que les sucede, la cámara se mueve secuestrando imágenes originales y bellas hasta llegar a un final que pone los pelos de punta.

Robin y Marian hoy es un clásico del cine pero es muy difícil catalogarla en sólo un género porque tiene en sus ropajes muchos géneros y todos llevados con mucha profesionalidad y maestría ante el objetivo.          

 

 

Son sólo tres ejemplos para entender porque esta actriz no ha muerto en la memoria colectiva aunque ella ya no esté viva, sus películas siguen ahí, sus gestos son universales y en ocasionales Audrey Hepburn se atreve a pintar el cielo con diamantes.         

 

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