Plataformas de democratización

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Por Miguel Ángel Albújar Escuredo

lamiradaperpleja.blogspot.com

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La importancia de la tecnología en nuestra sociedad ha generado duraderos debates entre especialistas de todos los ámbitos. Desde posiciones absolutamente favorables a otras demonizadoras, pasando por todo punto intermedio que pueda a uno ocurrírsele. Las posiciones ideológicas se etiquetan con los epítetos “apocalípticos” e “integrados”. Ambas hacen referencia a la comprensión de la tecnología que tienen sus seguidores: los primeros, quienes ven la tecnología y la industrialización masiva como una fuerza perjudicial. Lo humano como contrario a la tecnología que de alguna manera viene a sustituir formas de vivir más naturales, sinónimo en este caso de saludable; los segundos, convencidos de lo positivo de todo avance tecnológico, defienden las ventajas palpables que tiene toda época sobre las anteriores.

Una de las bendiciones de nuestro momento actual, bien sabido por todos, es la   posibilidad de acceder a una gran cantidad de información en un instante. Cualquiera puede enterarse de lo que ocurre en la otra parte del mundo en tiempo real, teniendo el respaldo de varias versiones distintas desde muy diferentes puntos de vista. Pongamos que queremos conocer el resultado electoral de un país asiático, pues hoy día, lo que en años antes nos habría costado días o incluso semanas, lo obtenemos a la velocidad de nuestra conexión a Internet. El único límite impuesto a nuestra curiosidad es el propio saber: cuántos idiomas conoces, cuál es tu formación académica o a qué actividad profesional estás dedicado. Es decir, de qué forma consigues procesar esa información. Por lo tanto, la independencia del individuo para poder acceder a su realidad ha aumentado, es un hecho. Aunque es cierto que hay quienes puntualizan que ese acceso conduce a la representación de realidad, que no es lo mismo. Este atributo del individuo contemporáneo, el ser capaz de informarse más allá de un solo punto de vista, afecta profundamente a todas las actividades humanas. Y con ello, también a la política.

En los pequeños detalles está dios, y también el demonio. Pongamos que hay un líder político que tiene su imagen pública comprometida debido a relaciones personales de dudosa legalidad. Imaginemos que forma parte de un Partido Político connotado, sobre todo, por su rechazo a dar explicaciones públicas y a responder preguntas de periodistas. Fantaseemos con que los profesionales de la política abusan y rehabusan de la falacia ad hominem, solo que en este ámbito no suele ir dirigida a una persona sino al grupo político al que pertenece. Nos encontramos que P. acusa a P.P. de corrupción en su financiación, P.P. rechaza dichas acusaciones y las califica de falsas, ya que P. es el único ente juzgado y condenado por financiación irregular. Ahí es cuando entran en consideración los detalles: los pequeños partidos políticos que tienen representación en las cámaras legislativas. Estas asociaciones políticas son los que abren los focos de interpretación, y permiten hacer llegar al ciudadano otras formas de pensamiento. Si fuera por los dos grandes partidos la discrepancia quedaría silenciada, dejando morir de inanición la pluralidad de opiniones que existe en cualquier grupo de personas.

El paralelo de los grupos políticos en el campo de la información son los medios de comunicación, pero también las plataformas en las que se basan esos medios. Es Youtube el que descuella como arma de información masiva, llegando allí donde los pequeños partidos no llegan y por donde los grandes no quieren pasar. En el caso expuesto aquí:

 

 

Vemos a Xosé Manuel Beiras, portavoz nacional de ANOVA-Irmandade Nacionalista, Catedrático de Estructura Económica e histórico militante del nacionalismo gallego. Este Señor, con mayúscula, censura el comportamiento del Presidente de su Comunidad Autónoma. El orador, invocando el principio de autoridad del reciente fallecido José Luis Sanpedro, tiene la virtud contundente de recordar y reivindicar la ética como base de la actividad política; la necesidad de combatir las fuerzas decadentes de la democracia; y la construcción de una fuerza cívica representada por los más notables y vertebrada en la confianza común y la excelencia personal. Cualquier réplica que no fuera la dimisión y confesión de indignidad hubiera sido sumar más mugre a unos hechos pútridos. Efectivamente, a día de hoy, sigue instalada la podredumbre en el parlamento gallego.

PD: No se pierdan la segunda intervención, digna de un Marco Antonio shakespeariano.

 

Solo que en este caso “César” somos todos.

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