La Hermandad de la Nieve

La Hermandad de la Nieve, José Vicente Pascual, Ediciones Evohé, 351 páginas, 18,60 €.

Por Juan Laborda Barceló.

portada_hermandad_nieve_evookNo cabe duda del carácter de novela histórica de estas letras, que utilizando elementos reales del pasado fabulan sobre las circunstancias humanas. Ya en la nota final, el autor nos explica honradamente los parámetros en los que se mueve su obra.

El oficio de nevero, es decir, de quienes subían a Sierra Nevada para acarrear desde allí la materia prima, prensándola después y convirtiéndola en hielo, para finalmente venderla en la ciudad, no se produjo oficialmente hasta bien entrado el siglo XIX. Si bien es cierto que el uso de los fríos está documentado desde época islámica, por lo que lo contado en esta novela podría ser real. Se cumplen, por tanto, las premisas de la más clásica novela histórica.

Lo realmente importante no es que lo narrado sea cierto o no, sino su verosimilitud, capacidad de evocar, difusión de la historia y transmisión de emociones. En estos apartados, la obra cumple sobradamente su misión, consiguiéndolo con una trama que bebe directamente de la esencia de las sagas familiares. Tres generaciones de neveros recorren estas páginas, contado todo ello en la forma de memorias del último de los integrantes de la lista: Álvaro de la Santísima Trinidad. Un narrador cronista que repasa en primera persona la vida de su abuelo, Álvaro de Bayos, la de su padre, Álvaro Andrés de Bayos y la suya propia.

La fórmula citada no carece de la épica inherente al período y al estilo. Cuestión ésta que se ve amplificada por una prosa riquísima y fértil, que se plantea con múltiples aciertos. No encontraremos las voces exactas del siglo XVI, pues eso obstaculizaría la normal lectura del texto (créanme, he leído muchos manuscritos de la época para saberlo), sino que con unas maneras arcaizantes, a veces más propias del siglo XIX combinadas con giros retóricos y expresiones del momento, compone una estructura dinámica y atrayente. Esta prosa, trabajada hasta el extremo, es un placer para aquellos que sepan ver las entretelas del lenguaje y de la historia, entre añeja y actualizada (no teman, no mucho, nada queda desvirtuado, se hace lo necesario para que el lector no se pierda). Mención especial merecen, desde mi punto de vista, las explicaciones sobre los tipos de nieve, amplísimas en vocabulario y viveza (pianda, falispos, falampos, armada, argayos, trabes, amorosas…), las disquisiciones legales y administrativas y las de la milicia. Estas letras son un trabajo de encaje de bolillos engarzado en el tiempo, que a la sazón demuestran un gran conocimiento de la época moderna y de los ámbitos granadinos.

En otro orden de cosas, los amantes de la historia disfrutarán con los diversos frentes que la novela recoge: la guerra de Granada, la visita de Carlos V a la ciudad, las revueltas primeras de los moriscos y su modo de vida, la temible guerra de las Alpujarras contra el levantamiento general de estos mismos entre 1568-1570…incluso se intuyen en los comentarios de un personaje tan envuelto en el misterio que no diré nada más sobre él, La mujer que no dice su nombre, el futuro destierro definitivo de los moriscos, que efectivamente tendrá lugar en el reinado de Felipe III.

La cuestión morisca, conversos desde el Islam (ya fuesen verdaderos o falsos en su abrazo a la religión cristiana), es un asunto clave que recorre toda la obra. Observaremos desde el papel social que ocupan los moriscos tras la conquista de los Reyes Católicos, hasta el mantenimiento soterrado de sus tradiciones y costumbres, sin dejar de ver las híbridas herejías que se llegaron a propagar mezclando ideas del cristianismo y del Islam… Sobre este particular las reflexiones no son menores, pues el autor sitúa al ser humano por encima de sus creencias o devociones. Álvaro Andrés de Bayos, patrón de los neveros, llega a sentenciar: “¿Quién dijo que la religión es más importante que el amor entre hombre y mujer?”.

Entre los elementos más interesantes de la novela destacan esa visión tan humanística de la realidad, en la que cristianos y musulmanes se mezclan, como ciertamente ocurrió, en la que por encima de las leyes, ideas o religiones está el individuo y sus actos. Del mismo modo, la evolución de ese gremio de neveros, con estructuras cerradas al más puro estilo medieval, enfrentará igualmente al individuo con las necesidades, a veces salvajes, de las supervivencia colectiva.

Inevitables disputas personales, mujeres misteriosas, textos sagrados y profanos escondidos en las altas cumbres, bandidos perdidos en los caminos de las sierras y amores imposibles (pues el autor expresa esa acertada máxima de que el amor nada tiene que ver con el matrimonio a lo largo de la historia…) completan una lectura muy recomendable.

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