Máscaras de un murciélago

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Terry Richardson

 

Entre las novedades recientes de ensayos sobre cómic destaca, por su congruencia, Batman desde la periferia (Alpha Decay), un libro que va al grano de la pasión comiquera y la filia batmaniana. Por Valentín Vañó.

El justiciero desnudo. Acaso sin calibrar la paradoja de hacer coincidir el lanzamiento de un libro sobre Batman con el estreno de la nueva película de Superman, los editores de Alphay Decay han entregado un libro de crítica cultural refrescante y desprejuiciado. Batman desde la periferia. Un libro para fanáticos o neófitos resulta quizás más seductor que otras propuestas de ensayo sobre cómic recientes. Desde su humildad y congruencia, este encantador y breve volumen va a al grano de la pasión comiquera y la filia batmaniana. Aquí está desnudo el murciélago subcultural, el justiciero pop, escrutado por miradas múltiples e incluso contradictorias. Los diez artículos que componen Batman desde la periferia han sido seleccionados y editados por los responsables de Alpha Decay, Enric Cucurella y Ana S. Pareja, con la colaboración de la escritora Laura Fernández, quien ha dado cuenta de su afición por los superhéroes en novelas como Wendolin Kramer. Curiosamente, el libro parece contener dos introducciones complementarias, ya que además de su ajustado y preceptivo prólogo, el primer artículo, a cargo de Juan Francisco Ferré, funciona a su vez como preámbulo de cuestiones y obras que son desarrolladas posteriormente.

La ampliación del campo de batalla del ensayo sobre cómic que supone este título debería ser recibido por los lectores especializados con la misma naturalidad con que ha sido concebido y ejecutado: hoy está ya asumido que los superhéroes son una realidad cultural que interesa a intelectuales diversos. Batman desde la periferia es tan especial por la riqueza de estrategias analíticas y texturas estilísticas que contiene. «No es solo un libro, es una puerta al bat-mundo», se indica en el prólogo. Cada uno de sus artículos podría encajarse en algunas de las siguientes categorías: ensayo literario aplicado al cómic comercial, comentario académico con perspectiva ideológica, crítica de arte heterodoxa, experimento estético y/o narrativo –hay dos textos que podrían entrar en esta calificación–, artículos con perspectiva de género aplicada a un personaje tan intrigante en su opción sexual, y por fin, el volumen se cierra con dos textos de crítica cinematográfica de espíritu similar pero vocación estética diferente.

Bat-literatura contemporánea. «El devenir murciélago. Avatares de Batman en la mediasfera contemporánea» es el ambicioso artículo de Juan Francisco Ferré que intenta contextualizar en lo político varias ficciones notables de Batman de los últimos 25 años. A partir de una reflexión sobre el murciélago como animal de difícil clasificación y forma de vida «fundamentalmente alienígena», Ferré comenta tres de las obras esenciales que desnudaron a Batman como emblema de los valores conservadores que se han instalado en la sociedad norteamericana desde los años 80, El regreso del caballero oscuro, La broma asesina y Asilo Arkham. En la orgánica mudanza que el autor efectúa en su texto desde el papel de las novelas gráficas a la pantalla de las versiones fílmicas, resulta especialmente interesante su tesis sobre las aportaciones del cineasta Christopher Nolan. Según Ferré, «la esquizofrenia estética» de Nolan en El caballero oscuro, segunda película de su trilogía, estriba en «la posibilidad de difundir los valores morales de Batman (el bien institucionalizado) usando los turbios manejos, piruetas retóricas y tretas criminales del Joker».

Pero si hay un texto en Batman desde la periferia que utiliza las herramientas del ensayo literario para proponer un comentario efectivo sobre cómic ese es «Podemos construirle. La ficción corporativa en el Batman de Gran Morrison», de Javier Calvo. Como queda evidenciado en el título, Calvo repasa la extensa y coherente etapa de Grant Morrison como escritor profesional responsable del devenir del Hombre Murciélago. Sin prácticamente comentar ningún aspecto de técnica historietística y obviando a los dibujantes, el novelista y traductor se centra en una labor «literaria» que ha abarcado siete años y dos mil páginas seriadas. Hay una pregunta clave que vertebra este artículo, ¿cuál sería el argumento del Batman de Morrison si se lee en clave de novela? Comentando la naturaleza del personaje como marca comercial –susceptible de copia e imitación–, y enumerando aspectos de la labor de Morrison (el enfoque postmoderno, su «exceso flagrante de narrativas»), Javier Calvo concluye que sí es posible esa visión novelesca, a causa de la reiteración del «módulo argumental» de Morrison: la confrontación, durante todo el ciclo, de Batman con su versión alternativa, con el alter-Batman.

Un hallazgo del libro de Alpha Decay es la inclusión de dos piezas de vocación estética y no analítica. Entre todo el aparato crítico de Batman desde la periferia, los textos de Blake Butler y del autor francés Claro suponen sendos puntos de inflexión. Desde su tangencial experiencia personal como lector de Batman, Butler elabora en «Diez reflexiones sobre los universos superpuestos» una textura literaria de calculado lirismo: su artículo está compuesto por una sucesión de comentarios de melancolía esteticista vinculada a la cultura popular. En «Madman Batman», parece evidenciarse una tensión entre la ambición de Claro de ejecutar un relato literario válido en sí mismo, pero distanciado de los convencionalismos atribuibles a la fan-fiction. Tras recrearse en la oscuridad seductora del universo batmaniano y sus conocidos clichés, Claro remata su cuento con un desenlace innecesariamente posmoderno. Como si el toque intelectual consistiese en ironizar sobre el concepto que se homenajea. A pesar de las evidentes bondades literarias de «Madman Batman», quizás hubiera sido más honesto que la pieza de narrativa de esta miscelánea fuese una auténtica contribución a la gran tradición de aventuras del Murciélago.

 

Queer Batman, Mark Chambelain

 

Primavera sagrada. De extenso, exhibicionista, caprichoso y documentadísimo podría calificarse el texto de Eloy Fernández Porta para Batman desde la periferia. «La Bienal de Gotham» es un ensayo, quizás el más largo del libro, que resulta inabarcable en su exposición casi hostil de ideas y digresiones, y requiere de sucesivas relecturas para ser realmente asimilado –especialmente por el lector lego en arte–. Tras arrancar su texto con agudas consideraciones sobre secuencias relacionadas con el arte en los Superman y Batman del cine, Porta examina la representación del personaje Batman en diferentes piezas contemporáneas, y encuentra en cada una de las salas de su «Bienal de Gotham» motivos para sugerir reflexiones sobre el universo del Hombre Murciélago, sobre su psicología o evolución. Nicolás Uribe, Isabel Samaras, Mark Chambelain, Terry Richardson o Joyce Pensato son algunos de los creadores que han instrumentalizado a Batman y sobre los que Porta escribe, si bien no pierde la ocasión de bifurcar su argumentación para adentrarse en los territorios del arte pop, la moda o, de modo muy puntual, referirse al Batman de historieta, especialmente al de Frank Miller.

El ensayo de Porta resulta tan impactante, en parte, por la coherencia con que vincula Alta Cultura con cultura popular. Pero el ámbito de la baja categoría en la que tradicionalmente se ha contextualizado la producción del comic-book americano no suele analizarse con ese enfoque. El especialista americano Greg Baldino parece haber sido invitado a colaborar en Batman desde la periferia como representante de la ortodoxia crítica sobre tebeo de superhéroes, como guardián friki de las esencias. Su texto, Un orden superior de criminales, donde encuadra psicológicamente a los villanos de Batman, ejemplifica una agradable evolución del comentario habitual durante décadas en fanzines especializados. Que la arqueología pop puede generar un gran placer estético es algo que Laura Fernández parece tener bien asumido. En «Breve historia (y sentido) de las chicas murciélago», Fernández repasa, con un enfoque didáctico y subrayando la diversión del sinsentido superheroico, la trayectoria de personajes femeninos como Batwoman, Batgirl o Catwoman. La autora de La chica zombie confirma en el cierre de su texto la tesis del doctor Wertham sobre la homosexualidad de Batman que cita en los primeros párrafos, pero llega hasta ahí después de repasar la accidentada, durante décadas, relación del Hombre Murciélago con las mujeres.

Diferente tono tiene un texto en apariencia complementario al de Laura Fernández, «Un Ver Sacrum para el Hombre Murciélago», de Elisa G. McCausland. Con una escritura de resonancias rituales, McCausland desarrolla una elaborada argumentación sobre trasformaciones catárticas en el universo Batman de los últimos 30 años; referidas tanto al propio Bruce Wayne como a personajes femeninos actualizados como Kathy Kane, Batwoman, y la Batgirl disfuncional Cassandra Cain. Se rastrea en este artículo la noción de sacrificio, de «violenta inspiración» del Batman de Frank Miller para una nueva generación encarnada en la adolescente Carrie Keene, Robin. «No es que Batman sea cruel, es que no puede permitirse ser sentimental», escribe McCausland, a propósito de la Primavera Sagrada del Hombre Murciélago. La autora no carga las tintas, pero se intuye en su argumentación un anhelo de transformación social, una evolución hacia la Tercera Mujer de Lipovetsky que podría ejemplificar esa versión renovada de Batgirl que es Cassandra Cain.

Teoría de juegos. La singular condición de Batman como avatar transmedia tiene también cabida en el libro de Alpha Decay a partir de dos artículos íntegros dedicados a las últimas películas de Nolan sobre el personaje, El caballero oscuro y El caballero oscuro. La leyenda renace. Antes, en el artículo de Ferré, como he comentado, se articulan también varios comentarios de naturaleza ideológica sobre las ya múltiples versiones cinematográficas del Hombre Murciélago. Aunque el autor no lo expresa de esta forma, puede concluirse de su argumentación que, en las coloristas películas de Joel Schumacher, Batman Forever y Batman & Robin, Batman parece tan gay como reflejo de la relajación de la moral pública que trajeron los noventa; una característica que ha quedado diluida en la última década, marcada por las políticas conservadoras y la mercenarización de la defensa exterior. En «Lo que sucede en El caballero oscuro» el hacker Aaron Swartz, fallecido a principios de año, ensaya un peculiar estudio de la segunda película de Nolan a partir de la teoría de juegos. Aunque su texto no tiene la carga estética de otros del libro, resulta intrigante el método de Swartz para analizar integralmente toda la película en base a las decisiones de los personajes en diferentes puntos del metraje.

Batman desde la periferia se cierra con el ensayo de Slavoj Žižek sobre la última y polémica película de Nolan. Filósofo de prestigio, conocido por su afición a diseccionar analíticamente personajes y obras de la cultura de masas, Žižek en parte desactiva cierta recepción crítica con que ha sido recibida El caballero oscuro. La leyenda renace. Según algunos comentaristas poco imaginativos, la película muestra una postura reactiva ante los movimientos ciudadanos de indignados tipo Ocuppy Wall Street, pero el filósofo esloveno ha sabido encontrar argumentos dentro de la película que permiten matizar ese planteamiento, como la motivación profunda del revolucionario Bane: su amor protector por Talia. La perspectiva dickensiana con que Nolan y sus colaboradores abordaron el relato y el fragilísimo equilibrio moral donde se mueven todos los personajes, son desarrollados con amplitud por el profesor Žižek en un texto que funciona como efectiva clausura a un libro cargado de placer culpable; es decir, a un libro que algunos tenemos previsto releer y releer en nuestra Batcueva de la Soledad.

 

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