Estampas bárbaras

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El tiempo de los bárbaros, Alejandro Pedregosa, Tragacanto, 2013, 64 pp., 10 €

Por Sara Roma.

el-tiempo-de-los-bc3a1rbarosSostiene Alejandro Pedregosa (Granada, 1974) que «No sólo el fulgor/ también la decadencia merece ser cantada», por eso dedica su último poemario, El tiempo de los bárbaros (Ed. Tragacanto, Col.: Por mi mala cabeza, 2013) a hablar del tiempo de los bárbaros a pesar de que reconoce que «La paz es el estado natural del hombre/que soy yo».

En estos poemas, Pedregosa canta y ensalza el amor, el dolor desgarrado, el grito y el lamento que obraron la primera palabra que puso nombre al recuerdo de hombres como Solón de Atenas o Miguel Ángel Buonarroti cuyas vidas ejemplares merecen homenaje en los versos de El tiempo de los bárbaros, un poemario que paradójicamente gira en torno a la infancia. Quizás porque la infancia es el único lugar y estado seguro en la vida del hombre. Y sobre esa vida que pasa y de la que se hace balance cuando se está más cerca de los cuarenta que de los treinta, reflexiona Pepo en poemas que rescatan tópicos literarios como el carpe diem, ubi sunt; llenos de referencias bíblicas y grecolatinas, así como una gran serie de figuras y representaciones que aluden al mundo del arte.

Ahora lo sé,

sólo importa vivir como se piensa

El tiempo de los bárbaros se divide en tres partes: “Los animales pacíficos”, “El arte de los versos” y “El tiempo de los bárbaros”. La primera de ellas la protagoniza el niño, la paz y el amor. Por su parte, “El arte de los versos” está dedicado a las palabras, a los poetas y a la cotidianidad. Mientras que la última, “El tiempo de los bárbaros”, es la más pesimista, pero a la vez la más bella y lírica.

En definitiva, El tiempo de los bárbaros es una alegoría que nos trae a la memoria épocas pasadas en las que los hombres pacíficos vivían felices, disfrutando del estado de enajenación que otorga crear algo artístico. Por utilizar un símil, sería algo parecido a lo que le sucede a los niños que en verano se pasan un día entero en la playa, jugando a construir castillos de arena y no se dan cuenta de que sube la marea que acabará por engullirlos. Pues eso: al final, llegan los bárbaros y lo asolan todo. Para contarlo y cantarlo, Pepo emplea un estilo alejado de una retórica consciente y buscada, porque lo verdaderamente importante son los personajes que desfilan por sus poemas: desde los históricos (como Solón de Atenas o Leonardo da Vinci) hasta los humildes y anónimos e incluso espacios que solo existen en la memoria como Riaño, ese pueblo que duerme el sueño de los justos bajo las aguas de un pantano y que simboliza el verdadero tiempo de los bárbaros. Sin embargo, Alejandro Pedregosa ha querido transmitir un mensaje que es todo menos pesimista. La reflexión que trasciende tras la lectura es que los que sobreviven a la invasión de los bárbaros son los más instruidos, quienes más han leído.

En efecto, ya lo afirmaba el poeta Gabriel Celaya: «la poesía es un arma cargada de futuro».

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