El trompetista, Julia Otxoa.

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EL TROMPETISTA
Julia Otxoa

El hombre observa aterrado cómo en la casa de enfrente un niña de corta edad ha saltado desde la ventana y juega peligrosamente por la estrecha cornisa del edificio, piensa que si le grita que se meta en casa se asustará, perderá el equilibrio y se caerá al vacío.
Está muy nervioso, no sabe qué hacer para evitar el inminente accidente, envuelto en sudor, se imagina el diminuto cuerpo de la niña bajando como un bólido aquellos cuarenta metros que le separan de la calle.
De pronto tiene una idea, él es músico, cogerá su trompeta y tocará atrayendo así su atención, postergando de ese modo el fatídico momento. Esperanzado, se pone a tocar la trompeta, pero la niña debe de ser totalmente sorda porque ni siquiera le mira. Así que, desesperado, guarda la trompeta en su estuche y salta fuera de la ventana, ahora él también está sobre la cornisa y la niña le mira con ojos asombrados.
El hombre aprovecha su curiosidad para sugerirle jugar a ver quién se mete antes en casa, pero la niña le contesta que ese juego le aburre, que lo ha jugado muchas veces y que lo que ella quiere es tirarse desde lo alto para caer sobre uno de aquellos grandes camiones que pasan por la calle para irse a otra ciudad.
Se da cuenta de que, en realidad, él también desea lo mismo, porque la ciudad se ha puesto imposible, pero mientras lo piensa, la niña se ha sentado sobre la cornisa y balancea sus piernas en el aire, y en un momento dado echa a volar, la ve desprenderse de la cornisa e ir cayendo suavemente en el vacío, hasta posarse sobre el techo de lona de uno de aquellos grandes camiones que pasan atronándolo todo con sus potentes motores. Sobre la lona verde del camión parece una mariposa blanca posada en una praderita que se alejara en medio del fragor del tráfico.
Vuelve a entrar en casa y coge como poseído por la fiebre su trompeta y sale otra vez a la cornisa, comenzando a tocar de un modo tan hermoso y limpio que hasta él mismo se asombra. «Esto es lo más parecido a virtuosismo —piensa—, debo de estar soñando». Pero no sólo él está impresionado, también en todas las ventanas de los edificios de alrededor comienzan a aparecer rostros asombrados, a oírse exclamaciones, susurros admirados; entonces, todos los sonidos cesan, tan solo se escucha esa música de trompeta que un hombre toca desde la cornisa del piso 14 del portal número 7 de la avenida Lincoln. La música lo embriaga todo, la gente sale a las cornisas y se lanza alborozada al vacío para caer sobre el techo de lona de los camiones, vehículo longo transporte internacional, que a todas horas cruzan la ciudad atronándolo todo con sus potentes motores, y ya el instante es como una eternidad, un infinito caer de mariposas blancas en medio de la música.

Relato cedido por Cuentos para el andén.
Del libro Un extraño envío. Editorial Menoscuarto, 2006.
Julia Otxoa (San Sebastián, 1953) Poeta y narradora. Ha publicado los libros de relatos Kískili Káskala (1994), Un león en la cocina (1999), Variaciones sobre un cuadro de Paul Klee (2002), Maiali e fiori (2006). Su obra ha sido traducida a varios idiomas y recogida en diversas antologías. Este otoño publicará en Menoscuarto su nuevo libro, Retrato de familia con fantasma.

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