‘Desclasificados’: manipulación artera de una mujer potente

 

Por Horacio Otheguy Riveira

Alicia Borrachero en uno de sus trabajos más notables: una periodista que va de la seguridad del éxito televisivo a la humillación de un pacto indeseado. En medio, su familia, su vida, barranca abajo.

A menudo lo que el autor dice en el dossier de prensa o en el programa de mano es algo que muchos espectadores no vemos. Rara es la coincidencia de criterios. Es lo hermoso y lo quejumbroso del teatro, una vez en escena ya no pertenece al autor sino a los ojos, la mente, el corazón de aquellos que le observan e intentan comunicarse con el resultado: un grupo de actores encerrados en un escenario, intentando esparcir emociones y pensamientos a merced del viento, que diría el gran Juan Carlos Onetti.

En este caso, el autor insiste en una vertiente que yo no veo para nada en escena: “Esta no es una obra sobre política. Tampoco es una obra sobre periodistas. Esta obra nos muestra el encuentro de tres personajes con puntos de vista muy opuestos sobre la ética, la integridad profesional y la dignidad del individuo”.

Y más adelante insiste en una vertiente que encuentro muy superficial: “Las personas somos frágiles. Por fuera y por dentro. Sólo cuando se trata de juzgar al otro nos sentimos valientes y capaces de opinar, de criticar, de demonizar a aquel que hace justamente lo que nosotros no haríamos jamás. ¿Jamás? Nuestros abuelos decían: «Nunca digas de esta agua no beberé», porque puede ser que un buen día bebas y te atragantes. O te envenenes”.

 

Desclasificados. Teatro Bellas Artes

 

Pues bien, la función que he visto el sábado 12 de octubre a las 22 horas, nada tiene que ver con este planteamiento. Por el contrario, he presenciado una historia mucho más interesante en la que una mujer con cierto aire soberbio de estrella periodística de la televisión se ve prisionera de una trampa urdida por un presidente de gobierno y su siniestro jefe de prensa.

No hay, según mi percepción, ninguna duda ni confusión: dos personajes enteros, los hombres, humillan y acorralan a la mujer sobre una base preparada por ellos mismos en un oscuro tramado para ocultar un escándalo de proporciones inauditas: un maduro político con afición sexual por las menores.

Más allá de la discusión que algunos podamos tener con el autor y director, el espectáculo funciona de maravilla, mantiene constantemente la tensión y el interés por lo que sucede en escena y por lo que está detrás de las pasiones desencadenadas. Aunque, todo hay que decirlo, sólo el personaje femenino está realmente elaborado. Mientras el político y su servil “comecandelas” se mantienen siempre en la misma línea, el personaje femenino pasa por diferentes estados de ánimo y situaciones conflictivas hasta alcanzar un desenlace implacable en el que pierde la dignidad, los favores de la fortuna y el amor que la rodea. Ha de volver a empezar.

 

Un personaje interesante, una actriz muy atractiva

Lo esencial de la historia se encuentra en el feroz arrinconamiento de una mujer portadora de un mensaje a la ciudadanía, como periodista a medias independiente, porque toca un tema que le atañe profundamente, pero fundamentalmente ha de enfrentarse al poder omnipresente de un machismo implacable.

Por ello, quien se come la función es Alicia Borrachero (Agosto, La señorita Julia, Crímenes del corazón): una actriz siempre espléndida, pero que aquí ha de vérselas con un desarrollo de personaje sumamente compendiado, ya que en muy poco tiempo real ha de pasar de la seguridad del éxito al desorden terrible de una vida descompuesta por fuerzas ajenas a su voluntad. Y en medio, el amor por una hija, la voluntad de triunfar, el deseo de ser honesta, el vértigo de caer en una trampa para la que no estaba preparada.

Sirve este mensaje una puesta en escena muy medida, con un aporte audiovisual excelente y dos actores estupendos para papeles nada agradecidos: Jordi Rebellón y Joaquín Climent. A destacar el punto más efectivo: la entrevista que uno piensa que no se verá en absoluto, se presenta con lujo de detalles, transmitida en escena, “en directo” y en dos pantallas grandes, para gran lucimiento de Alicia Borrachero —que interpreta a una periodista de televisión en acción, con todos los tics y aciertos de una gran profesional— y Joaquín Climent, en el presidente con capacidad de asegurar la mayor de las falsedades como si fuera verdad bíblica.

 

Desclasificados. Teatro Bellas Artes 

Desclasificados

Autor y director: Pere Riera.

Intérpretes: Alicia Borrachero, Jordi Rebellón, Joaquín Clement.

Iluminación: Txema Orriols.

Escenografía: Sebastià Brosa.

Productor: Jesús Cimarro.

Lugar: Teatro Bellas Artes de Madrid.

Fechas: Hasta el 27 de octubre de 2013.

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