CUARÓNity

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Por Juan Luis Marín. A la derecha, el menda lerenda. A la izquierda, Alfonso Cuarón. Hace 14 años. ¿Quién le iba a decir a este mejicano que dirigiría GRAVITY, una película que necesita de un nuevo vocabulario para explicar toda su grandeza?

Es “grandity” porque apenas dura noventa minutos.

“Intensity”, porque solo cuenta con dos actores.

“Modernity”, porque los efectos especiales son la hostia.

Y “sincerity” porque estos están al servicio de la historia, y no al contrario (como viene siendo habitual).

Es “surroundity” porque la banda sonora es espectacular.

Y “Cuarónity” porque es el trabajo de un gran artesano: Alfonso Cuarón.

Conocí a Cuarón en 1999, cuando vino a España a presentar Grandes Esperanzas, una película que fui a ver al pase de prensa sin saber absolutamente nada de ella, que disfruté como un enano y que considero una pequeña joya del cine que espero el éxito de Gravity resucite de las estanterías para que muchos la disfruten y no se pierdan, entre otras muchas cosas, una de las mejores secuencias – videoclip del cine moderno al ritmo de Like a friend de PULP.

Alfonso me pareció un tipo amable y sencillo que me contaba entre risas cómo había disfrutado con Robert De Niro durante el rodaje de Grandes Esperanzas, compartiendo con él tragos de tequila que De Niro siempre gustaba finiquitar zampándose el gusano de la botella.

Después vinieron  Y tu mamá también, una de Harry Potter e Hijos de los Hombres. Cada una de su padre y de su madre. Lo que demuestra la versatilidad de este director ante quien el mismísimo James Cameron, otro que ha sucumbido al virus Torrente, esto es, no sé hacer otra cosa (en su caso, Avatar), se ha rendido por el fantástico uso de la tecnología y el 3D en la que ya se denomina “una de las mejores películas del espacio, a la altura de 2001“. Pues vale.

Porque para un servidor, Gravity es mucho más, es una pequeña e íntima película sobre la supervivencia, más cerca de Open Water, aquella historia basada en hechos reales sobre una pareja de submarinistas abandonados en medio del océano, que cualquier odisea espacial. La soledad y la angustia por verte rodeado de una inmensidad que te supera a todos los niveles… Y, sobre todo, ese fuego interior, ese instinto de supervivencia, que es el motor de una película en la que, quién me lo iba a decir, Sandra Bullock brilla como una estrella.

No la dejéis pasar, en serio.

Llegado este punto, me quedo sin palabras.

Que hable la música.

 

 

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