¿Alguien recuerda lo que es ir al cine?

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Por Alicia Ibarra Gámez

 

En los tiempos que corren, ¿alguien recuerda lo que es ir al cine? No me refiero a la última vez que fueron al centro comercial, a ver la película del fin de semana. Hablo de otra cosa. Hablo de cuando eran niños y alguien decidió llevarles por primera vez al cine. ¿Recuerdan el olor de la espuma vieja de las butacas y de la mantequilla de las palomitas? Hablo de esa sensación, ese momento en el que se apagaban las luces de una pequeña sala y comenzaba la magia.

Ahora se ha establecido la moda de lo vintage, y declararse defensor de las pequeñas salas de cine o del cine independiente es “lo último”. Sin embargo, como hemos podido presenciar en estos años, las salas más emblemáticas de nuestro país están cerrando sus puertas. ¿Dónde están realmente todas esas personas que dicen ir a los Renoir?

img_55736El final  de los Renoir Cuatro Caminos ha sido un duro golpe para los que aún no nos habíamos recuperado del cierre de Alta Films: la primera distribuidora española de cine de autor, que cesó su actividad antes del verano por falta de público y de apoyo de RTVE. La directora de cine Gracia Querejeta y Enrique González Macho, propietario de Alta Films y actual director de la Academia de Cine, hablaban para algunos de los periódicos de nuestro país sobre el cierre de las salas.

Estoy de acuerdo con ellos en que la decadencia de las salas de cine y de las distribuidoras más alternativas, supone una pérdida de riqueza y de variedad de cartelera. En los Renoir se podían ver películas que no estaban en los grandes cines. Con su pérdida y las de muchos otros, multitud de películas de festivales como el de Sitges, Cannes o San Sebastián serán menos accesibles al público en salas. Sí, estamos asistiendo a lo que algunos definen como el final definitivo de los cines de barrio.

El cine de barrio. Ese cine que estaba al doblar la esquina, con una taquilla tan pequeña y tan llena de barrotes que apenas te cabía la mano para conseguir tus entradas. Te daba tiempo a merendar en casa de tus amigos después del colegio y jugar con las entradas, como si fueran cromos de colores. Pasaba el tiempo, y los rituales cambiaban. Cuando fuimos creciendo pasamos de las sesiones de tarde a las sesiones golfas de los Princesa, y empezamos a conocer aquello que llamaban películas en versión original y desclasificadas. Y siempre había algún amigo que te convencía para ver esos clásicos en blanco y negro que sólo a él les gustaba; pero hasta aquello tenía cierta magia.

cinema-paradiso¿Recuerdan cuál fue su primera película en el cine y qué sintieron al verla? ¿Recuerdan que pensaron  al pasar, después de algún tiempo, por aquel sitio y ver que había niños que sentían lo mismo que ustedes? Pues eso, eso es lo que se esta perdiendo. Esa magia, y esas salas que la hacían posible, están desapareciendo.

Sé que hay gente que es ajena a todo esto y que el cine para ellos es un mero entretenimiento. Pero creo que esta columna la entenderán aquellos que realmente se sienten como Salvatore Di Vita, más conocido como Totó, de Cinema Paradiso cuando regresa a su casa después de algún tiempo y ve que no queda nada de aquel cine que había conocido. Así me he sentido yo cuando he vuelto al barrio y he visto, desde la distancia, la taquilla y las puertas cerradas del que había sido mi cine.

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