Don’t fuck with the Public Enemy.

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Por Diego Andrés Pacheco.

Sí, en un cerrar y abrir de ojos mi vida se volvió un panóptico virtual, se volvió el sistema de vigilancia que tanto odiamos -no sé quién lo odiará, porque ni siquiera sé de qué estoy hablando- pero pues gracias a llevar una vida que transita constantemente entre lo virtual y lo físico, se vuelve una constante que esa existencia se balancee entre esas dinámicas que transforman nuestra visión de mundo. Entonces ya no vemos la estupidez de la Televisión, sino que reproducimos toda esa estupidez a plataformas como el Facebook -simplemente Facebook y ya-, entonces como simultáneamente puedo estar enterándome de grandes eventos puedo también estar alimentando mi vil fetichismo voyeur porque aquella zorra le dio like al estado de su “amorcito”, o simplemente tenemos que aguantar la ignorancia vehemente del atrevido que cree que un insignificante grano de conocimiento en un tema al azar le da derecho a hacer cualquier comentario de “retardado” sin alguna precaución.

En este punto es que se enmarca el Festival Hip Hop al Parque en la ciudad de Bogotá, Colombia. Mientras tanto estoy recibiendo toda la caterva de sandeces ignorantes frente a un movimiento que significa mucho más que el estereotipo del guetto, la delincuencia, el bling bling y ahora hasta el reggaetón. Pero es que lo interesante de que eso pase en estos momentos en mi precaria plataforma de redes sociales, es que a estos señores del Distrito se les ocurrió la bobadita de traer como espectáculo de clausura del evento a los peleles de Public Enemy. Y ahora viene el argumento que realmente tiene importancia: antes de hablar estupideces al respecto hay que saber quiénes son estos “niggaz” -menos mal Chuck D nunca va a leer esto-.

Por un momento recordé algunas estrofas del “Walk” de Pantera -creería que es el único que existe-, que a la final es un himno al respeto, a la autonomía y a tener cuidado con lo que ni siquiera logras entender en una pequeña medida. Creo que además los grandes genios que invadían este combo sureño tuvieron una gran influencia de la actitud que el Rap le dio a la música, ¿y quiénes en gran medida fueron responsables de que esta revolución musical se diera en la música? Pues ¡a ver! ¿de quiénes estoy hablando? Pues Chuck D, que ni siquiera parece un MC, sino un orador llegado de las profundidades más enraizadas de los genes africanos más auténticos, o un orador de gospel encarnado en una voz sobrehumana, se podría decir que fue el gestor de la conversión del Hip Hop a una herramienta de denuncia y reivindicación social. Bueno, pues así suene doloroso para esas mentes retrógradas y arcaicas que increíblemente todavía emiten aullidos patéticos desde sus reducidos cerebros, el Rap le dio a la música una actitud y una capacidad de improvisación que prácticamente ningún género ha logrado consolidar, el talento sobrepasó el nivel de virtuosismo o las capacidades técnicas, para entender que la música nos daba la posibilidad de desarrollar algunas habilidades que por lo visto en muchos de esos músicos fracasados que siguen creyendo patrañas se van reduciendo al pasar del tiempo.

Curiosamente Public Enemy ha sido incluida dentro de las grandes bandas de rock, tanto así que ya está talladito su nombre en el Hall de la Fama del Rock n` Roll. Ya me imagino a los cazadores de brujas indignados y cortándose las venas por esa blasfemia hacia músicos que realmente se han quemado las pestañas, los dedos, ¡y hasta a los demás! pero el tema acá es que los matices que ofrece la música han permitido que los componentes diferenciales de este “colectivo” -palabra altamente prostituida- han logrado trascender los mismos parámetros y límites del Hip Hop para convertirlos en un ícono de la música contemporánea, unos íconos de la cultura popular de nuestros días. ¿Y por qué la denominación tan subvalorada de colectivo? Porque cuando tienes en mente que vas a reunir en un escenario a un grupo de activistas radicales negros, que se paran en frente de ti para recordarte en cada segundo que no estás en un conciertico en el que los que se paran al frente están buscando solo tus billeticos, tus aplausos, tus “groupies” y exaltar su ego de buenas a primeras, sino que están enfilando un frente de una batalla en la que el objetivo principal es tu cerebro, es ofrecer una experiencia en la que sientas que estás reconociendo unos fenómenos sociales, estás recibiendo una descarga de un ejército que te va a dejar desarmado frente a los ideales que tenías antes de que empezara su primera nota.

Notas musicales, sí, el universo musical está construido a partir de ese lenguaje críptico y enigmático que constituye ese fenómeno especial de la creación humana. Y para aquellos puristas definitivamente solo es válida una vía para llegar a un objetivo, así en general funciona esta sociedad individualista y mezquina, “solo lo que yo predico es válido para concebir la vida”, y entre más fuerte es ese dogma más estúpido es el argumento -¡gracias religiones del mundo!-. Pero siendo la música un espectro que aun escurridizamente hace parte de la ficción elitista llamada “Arte”, Public Enemy es otro pionero en ese mecanismo de creación musical a partir de tornamesas, máquinas, computadores y elementos digitales, bla, bla, bla… porque transformó la dinámica inicial de la producción musical del Hip Hop y de todo lo que se desprende de este género y muchos más. Terminator X fue realmente un exterminador de paradigmas, introdujo la posibilidad de realizar un collage con sonidos novedosos y retomando ritmos que se salieron de ese esquema que estaba muy sesgado al funk y la música predominante negra de la época. Todo esto dio paso a que a estas alturas tengamos el placer de ver una banda en vivo, una banda que amplifica su fuerza ideológica, con la magia del impacto análogo en vivo.

Flavor Flav… Flavor Flav… mmm, aparentemente aquí se destruiría todo este inútil discurso -si realmente se construyó algo-, pero efectivamente ese “Flavor” no es tan al azar, en medio de su aparente sordidez, de una imagen tan superficial cuando se le trata de comparar con Chuck D, el caudillo que dirige esta manada, pero la verdad es que sin este personaje, animador incansable, Public Enemy nunca sería el mismo grupo, es el componente que hace que todas las fichas engranen como un reloj, efectivamente como el reloj de Flavor, ese reloj que no se limita a ser un símbolo del “Gangsta” vendido al poder del Tío Sam, a la vida glamurosa, a las mujeres, sino que es un reloj que indica “el tiempo de la revolución”, para hacer una revolución se necesita el poder de arriesgarse, el poder de enfrentarse a los dogmas establecidos, el poder de luchar contra el poder -¡Fight the power!

Asistir este domingo a Hip Hop al Parque, es realmente asistir a un ritual para enfrentar todos esos poderes que nos controlan -aquí nos conectamos con el incoherente primer párrafo-, a todos esos poderes que le han dado más y más fuerza a nuestros prejuicios, y en nombre del gran Flavor también a divertirnos mientras alimentamos el alma un poco, mientras le hacemos honor a esa facultad tan esquiva de cerrar nuestra impertinente boca y abrir un poco más nuestros oídos, el camino directo hacia nuestra mente.

Y los que quieran comprobar todo lo anterior, en un evento proveniente de uno de los territorios “exóticos” del planeta Tierra, por lo general esto es transmitido por Livestreaming, supongo que el domingo déspués de las 9 p. m. de la hora local en Colombia, mejor dicho no sé nada porque esto no es un publirreportaje barato de publicidad sino un divertimento textual, saturado de opiniones personales. Si lo desean sigan este link.

 

 

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