Emoción a flor de piel

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Por Juan Antonio López García.

 

¡Objetivo conseguido! En mi trasiego diario por la geografía española, siempre con la intención de procurar la felicidad y la emoción en los niños, hoy ha sido uno de esos días inolvidables. En el centro cultural de un pequeño pueblo de la provincia de Valencia, al que llegué sobre las nueve de la mañana después de  más de tres horas de viaje con el remolque a cuestas y después de descargar y montar el planetario,  empecé las sesiones.

Ya había un buen número de visitantes entre padres e hijos.  Como pasa normalmente, la sorpresa y el asombro se fue dibujando en las caras de los niños, sobre todo, aunque los adultos también estaban encantados con las proyecciones y viendo disfrutar a sus hijos.

En una de las sesiones, a media mañana, sucedió una de esas cosas que para mí son inolvidables: entre los visitantes de esa sesión, tan particular, entraron una madre y su hijo, de unos doce años. Este niño era especial, tenía síndrome de Down, una mirada inocente y un gesto de sorpresa y expectación que me cautivó. Se colocó a mi lado. Al empezar la proyección se pegó a mí y me agarró. Decía que le gustaba ¡mucho, mucho!, mientras me acariciaba la mano. Lo pasó en grande y yo me emocioné. Al acabar la sesión, mientras  abría la puerta para que fuesen saliendo los visitantes, ese niño esperó al final junto a su madre y antes de salir, mientras me despedía de ellos, me abrazó, me dijo que le había encantado y me  besó. Fue una reacción espontánea y sincera de las que se convierten en las sensaciones más gratificantes que tengo en mi trabajo. Sigo comprobando, día a día, que mi labor de planetarista ha sido la mejor elección que pude haber tomado.

Otro buen motivo para estar satisfecho fue el asistir a MIPCOM en Cannes: un sueño cumplido. El entusiasmo con el que se está acogiendo mi proyecto de serie de animación y divulgación por parte de productoras y televisiones nacionales e internacionales, “me llena de orgullo y satisfacción”,  como diría aquel.

Pero eso es algo que va despacito, aunque con paso firme. Ya os iré contando.

La divulgación científica, por muy denostada que se encuentre y aunque no se le dé la repercusión y ayuda que merece, particularmente me parece que poniendo ilusión y empeño, no cuesta tanto hacerla llegar a los niños y creo que ellos merecen que se les enseñen todo tipo de proyectos de calidad. Los niños lo absorben todo rápidamente y si se les muestra de forma rigurosa y divertida a la vez, se interesan desde muy pequeños y lo agradecen.

Seguro que seguiré encontrando por esos caminos muchas más muestras de cariño y reacciones que me continúen haciendo feliz, esa es mi intención, como las de ese niño de Valencia, que me hacen pensar: “¡objetivo conseguido!”

 

    

 

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