Viviendo en Supervivientes

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Por Juan Luis Marín. “Isla Perpetua, o Everlasting Island, como la conocen algunos, tiene una extensión de apenas doce kilómetros cuadrados en los que viven aproximadamente siete mil habitantes. El setenta y cinco por ciento de los cuales obtiene la mayoría de sus ingresos gracias al tráfico de drogas. Cocaína para ser más exactos. O Langosta Blanca, que es como les gusta llamarla a ellos. Por el modo en que aparece flotando en alta mar, empaquetada en voluminosos fardos con un dispositivo hinchable que los hace salir a la superficie cuando cae el sol para ser recogidos por los pangueros. Con las fuertes corrientes y la escasa visibilidad que salvo en noches de luna llena hay en esos puntos tan alejados de la costa, tanto de los Cayos como del continente, muchos amaneceres la marea arrastra “regalitos” hasta las playas de Crab Bay y South End de los que solo los incautos se atreven a apropiarse.

Los pangueros podrían utilizar proyectores con los que iluminar las aguas y evitar así estas incómodas pérdidas nocturnas, pero eso llamaría la atención de las patrullas navales del ejército que vigilan los Cayos a diario y de los aviones de la DEA que los sobrevuelan. Y en los tiempos que corren, sobre todo en Isla Perpetua, hay quien prefiere perder unos kilos de coca que la vida. O acabar con sus huesos en la nada recomendable prisión de Yellowforest, de donde se dice que nadie sale con vida. Si la Langosta Blanca llega a la orilla, cualquier perpetuo con dos dedos de frente, o uno de sentido común, sabe a quién pertenece. Y si la devuelve, mientras el responsable de su pérdida recibe un navajazo en la cara o se queda sin un dedo, él obtendrá unos dólares de propina. Pero como decida quedársela…, será quién la perdió el beneficiario de esos dólares extra, a cambio, eso sí, de dar con el ”traidor”, llevárselo a Cima Cortada y practicar con él un poco de cirugía perpetua a la sombra del Palo del Mamón que le quite al resto de descerebrados la idea de seguir su ejemplo en caso de que otra Langosta Blanca se cruce en su camino: cortarle la polla y metérsela en la boca, arrancarle la lengua y coserle con ella el agujero del culo, abrirle el pecho, serrarle el esternón y ensartárselo en un ojo…, el tipo de cosas que harían que McGyver se cagara en los pantalones, Harry Callahan dejara su placa y abriera un puesto de perritos calientes… y a cualquiera de nosotros se nos pusiera el pelo blanco antes de caer fulminados al suelo víctimas de un ataque al corazón”.

 

(Fragmento de ISLA PERPETUA, una novela del menda lerenda. ¡No te pierdas el book trailer!)

 

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