W h a ( t s ) a p p a Piropoemas para mensajes de móvil

Por Helena Cosano

Il faut être absolument moderne”, escribía en 1873 Arthur Rimbaud, se ignora con qué grado de ironía. Sin embargo, la tradición literaria, casi por definición, tiende a ser conservadora. La incorporación de las innovaciones tecnológicas de la vida cotidiana siempre ha sido un proceso lento. Más de un autor contemporáneo sigue publicando novelas en las que sus protagonistas escriben y reciben cartas de papel, simplemente por recelo a introducir en ellas el correo electrónico. Las innovaciones no tienen la pátina de nobleza o poesía que sólo otorga el tiempo, y se necesita cierta osadía para jugar con ellas literariamente. Esto es lo que hace en su nueva obra José María Paz Gago, con mucha originalidad y enormes dosis de humor.

pazgago

 

José María Paz Gago es Catedrático de Teoría de la Literatura y de Literatura Comparada en la Universidad de La Coruña, autor de una vasta obra académica, además de dos libros de poesía: Manual para enamorar princesas (Sial, 2005) y Guía de lugares inexistentes (Pigmalión, 2011), traducidos a una decena de lenguas.

 

Ya el título de este poemario es un sorprendente neologismo, que puede interpretarse de varias maneras: primero, “Wha(ts)appa” parece hacer alusión a Whatsapp, la aplicación de teléfono móvil ahora tan popular por la que es posible enviar gratuitamente mensajes. Por otra parte, “Wappa” suena a “guapa”, forma coloquial de piropear a una mujer atractiva. ¿Y el término “piropoema”? Parece otro juego con distintas etimologías posibles: poemas para piropear, o poemas de fuego, poemas incendiarios… Y algo así son estos mensajes que aquí se presentan.

 

El poemario finge ser una colección de mensajes de móvil enviados a una mujer. Son piropos en pequeños poemas irónicos, apasionados, líricos, ingeniosos, divertidos, irreverentes, con mucho humor y la brevedad que requiere todo mensaje de móvil, recordando a los haiku japoneses o a las greguerías patrias.

 

Un prólogo del poeta Luis Alberto de Cuenca presenta al autor como a un experto seductor y lo sitúa en la tradición de “mañas eróticas” iniciada con Ovidio en su Ars Amatoria. El libro se estructura en 21 partes, que corresponden a 21 letras del alfabeto, empezando por la A (Alma/Amor/Aroma) y terminando con la Y (Ya/Yo), pasando por partes tan sugerentes como la P (Pasión/Piel/Placer) o la T (Tentación/Tersura/Tú.), o, la preferida de Luis Alberto de Cuenca, la E, con Enamorar/Eros/Éxtasis.

 

Se desconoce si van dirigidos a una o varias destinatarias, aunque ciertos piropoemas dejan intuir un tipo de mujer, y una forma de relacionarse con ella. El autor menciona su belleza, su sensualidad, su elegancia, su estilo. La dama así celebrada es perturbadora eróticamente y, sin embargo, inocente, “endiabladamente humana” y capaz de “despertar los más altos instintos” del poeta, simultáneamente divina y humana, ángel y demonio. No está en la primera juventud (No eres/joven/pero tienes/bouquet), pero los años hoy en día ya no se cuentan como antiguamente (Los de cincuenta de ahora/son como los de treinta de antes), y el juego amoroso es siempre joven. Tiene el poder de enamorar a cuantos la rodean (Todos/ estamos/ enamorados de ti/incluso/ tus exmaridos). Viste marcas selectas (se citan Gucci, Dolce&Gabbana, chica fashion, Loewe, etc…), a las que ella realza (y no al revés, como sería lo habitual y lo frívolo). Esto podría denotar un cierto estatus, la pertenencia a una clase social alta, de riqueza y glamour, o al menos, la dama es cortejada como si así lo fuera, siendo fiel en esto el autor a la tradición del amor cortés. 

la_fotoRamón Pernas, Helena Cosano,  José María Paz Gago, Raquel Lanseros y Basilio Rodríguez Cañada

 

 A través de los mensajes se trasluce una forma de relacionarse que también pertenece a la tradición. La pasión primero es física y apasionada, pero el amor es eterno, y la relación va más allá, siendo mental, incluso espiritual, en la que los amantes se funden perdiéndose el uno en el otro.

 

Y, en cuanto a los roles, mientras la dama permanece silenciosa, algo distante y recatada, vemos al caballero seductor tejiendo a su alrededor una telaraña de colores, alabanzas, risas, sueños e incluso promesas, con perseverante galantería e incansables atenciones. Pero, sobre todo, con mucho humor. Jugando con las palabras como con las sensaciones. Como si el autor quisiera recordarnos con este juego literario que si hacer feliz a una mujer es una empresa terriblemente ambiciosa,  al menos, sí está al alcance de unos pocos hacerla reír.

 

Y así, los futuros lectores de estos piropoemas, tanto seductores caballeros en busca de ideas para cortejar por móvil como hermosas damas deseosas de conocer las armas del pretendiente,  disfrutarán con este novísimo manual de instrucciones en la forma más moderna de amar.

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