Recoge la luz del sol con las manos

Categoría: Críticas,Poesía |

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Recoge la luz del sol con las manos

Toyo Shibata

2012

Aguilar

  

“A la vejez, poeta”

Por Violeta Nicolás

A Toyo Shibata, le costaba gran esfuerzo escribir, el trazo de los caracteres era dificultoso para ella, de manos ancianas, pero su voluntad de poeta le daba ánimo. Gran lectora, su hijo también se siente atraído por la literatura, escribe relatos, le aconseja la escritura de versos -a los 92 años- como bálsamo para su día a día y su retiro forzado de la danza, la ayuda en la corrección y asesora en la composición de poemas, los cuales va publicando en un periódico de su localidad. Además tiene una amiga poeta, Pomuki Uemuru, que la alienta en el oficio. Fallece a la edad de 101 años, en enero de 2013, contenta con dos poemarios publicados en Japón, muchísimos lectores y seguidores. Sorprende gratamente su sentido del humor y su sencillez resolutiva tan personales, así como su tono capaz de emocionar.

Se convierte en una escritora popular, nos puede resultar cercana a las ideas del Pop al reivindicar su parcela de reconocimiento y fama, en su deseo de tener público y receptores de sus poemas, que éstos sean traducidos a muchos idiomas y lleguen a todos los países. También al referirse a objetos de consumo, y a cuestiones económicas, como el viejo ventilador que tiene que reemplazar y comprar uno nuevo, pero eso sí, expresado con un velo distintivo, al adquirir dicho electrodoméstico, características propias de la naturaleza: genera y es viento de alguna forma, se concibe en su poema como un ente animado al que quedamos agradecidos. También el poema “El teléfono” supone una máxima publicitaria generalizada en el ámbito de la publicidad donde se nos vende lo más maravilloso e ideal -como algún tipo de poesía clásica e idealizada-, Toyo se pregunta si no habrá en algún lugar, un teléfono que procure charlas agradables solamente… parece incluso un chiste, y es una muestra del porqué de su éxito. Por otro lado, nos recuerda al mundo del pop en tanto su admiración hacia un compositor Toru Funamura; o también si tenemos en cuenta su referencia al teniente Colombo, de la famosa serie estadounidense, en una de sus poesías.

Toyo ShibataObservamos la escritura como compañía, una llamada de atención sobre la soledad de los ancianos, y su capacidad creadora a veces insospechada. Entendemos ahora, la Intensidad de la vejez en paralelo a la intensidad de la juventud, saber que sus días de vida son limitados y finitos. Se convierte en un modelo de filosofía de vida a seguir, según proclama la periodista que selecciona sus poemas para el periódico japonés. La inutilidad de la tristeza –promulgada por la poetisa Dionisia García en su poemario “Señales”- es una certeza ahora en la senectud, donde parece predominar el optimismo y la consecución de una vida satisfactoria en los pequeños detalles, reafirmada en la profundidad de la palabra. “Maquillaje” pintarse los labios aunque no tenga visitas; belleza, aseo, como un ritual de buena suerte se podría decir. Rutinas para el ánimo y el bienestar. Afrontar la vejez con humor “sin grandes esfuerzos y despreocupación” conversar con el sol y el viento, y reír con ellos, en su poema “El viento, el sol y yo”. Hablar con la naturaleza: la brisa y el sol, viene de las concepciones animistas antiguas, ligadas al Zen, se puede interpretar en sus versos, como hablar consigo misma. Su filosofía de vida es la base principal de su escritura con la que se apoya como si fuera una prótesis o un bastón, y corrige su posible tristeza ante los avatares de la vejez. Es toda una cuestión vital vinculada incluso a la salud y el bienestar. Como en el haiku, sus versos suponen una vía de desarrollo personal. Están presentes la naturaleza en su concepción mítica animista, donde el sol o el viento adquieren una especial vitalidad. En la idea proveniente del zen, en la que formamos parte de la naturaleza y por ello podemos comunicarnos de alguna manera con objetos naturales. Podemos imaginar a nuestra abuela -en mi caso- o a nuestra madre, escribiendo esas palabras sobre su rutina diaria, o porqué no, quizás a nosotros mismos en el futuro. Lugares comunes clásicos de la poesía están presentes, como por ejemplo el canto de los pájaros o la nostalgia del recuerdo.

Me ha resultado especialmente emocionante el poema “Si te sintieras triste” que ha sugerido el título del poemario, donde propone una resistencia a la tristeza, con el apoyo del sol, de realizar el ritual de recoger en el hueco de las manos el sol que entra por debajo de la puerta y lavarnos la cara con él.

“Y la voz de mi madre me llama”, nuestro nombre pronunciado por la madre es el más dulce, cuando aprendemos a reconocer el nombre propio, su voz, su entonación, es música; conforma un gran recuerdo de la infancia. En su escritura, se nos aparece como una buena madre que no quiere ver sufrir a su hijo, ni que albergue malos sentimientos por nadie, le sugiere en un poema, que preste atención a la naturaleza, como consuelo: escuchar el canto de los pájaros.

“El sonido del agua caliente/vertida por el termo/es como el de unas palabras tiernas” se aproxima al amor por el ritual del té, en el valor de los gestos mínimos, y la conciencia de una preciada fragilidad. “Ahorro”, es un poema con humor, donde nos aconseja ahorrar amabilidad, unos ahorros mejores incluso que una pensión, parece toda una ironía aforística de la vida. Es inquietante los detalles tan realistas de sus poemas, en los cuales se describen acciones rutinarias, y al mismo tiempo está presente una espiritualidad ferviente con los pies en la tierra. En la parte final del libro, aparece una especie de biografía, donde Toyo nos cuenta hechos y sucesos que le han ocurrido a lo largo de su vida junto con algunas fotografías, que completan la idea de diario en su escritura, su impulso autobiográfico con un sentido existencial. 

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