‘Kathie y el hipopótamo’ o el arte de soñar despiertos

Por Horacio Otheguy Riveira

Un reparto formidable da vida a una puesta en escena sorprendente con magnífica dirección de Magüi Mira.

En la pasada temporada comenzó el plan de los teatros del Ayuntamiento para poner en escena toda la obra dramática de Mario Vargas Llosa, un proyecto bastante protestado porque parece inmerecido. Desde luego, se trata de textos menores de un gran novelista cuyas historias social y emocionalmente desgarradas poco tienen que ver con la mayoría de sus polémicos artículos periodísticos de corte por lo general neoliberal; es decir: muy reaccionario.

Un creador con una capacidad de trabajo asombrosa, constantemente galardonado en los últimos 20 años y coronado por el Premio Nobel de Literatura 2010. Personalmente, creo que hay demasiados autores teatrales de España y América esperando que se les atienda en la magra producción nacional como para auspiciar la de un hombre agasajado a todas horas y en todos los planos de su incesante actividad.

Sin embargo, al César lo que es del César: La Chunga —en la pasada temporada con dirección de Joan Ollé— y ahora esta Kathie son funciones muy distintas entre sí que enfocan con precisión uno de los alicientes y a la vez uno de los problemas tradicionales del teatro: lo que subyace en algunos textos que parecen escasos de vuelo e interés, pero que en manos de un experto director alcanzan una dimensión de sorprendente fuerza escénica con aportes de gran riqueza poética, que a su vez son deudores del singular talento del escritor que “sólo” apuntó tramas que han de obtener justo vigor sobre un escenario.

Escena de 'Kathie y el hipopótamo'.

Magüi Mira ha realizado un trabajo de dirección (incluido un estupendo diseño escenográfico con reconocibles rasgos parisienses y limeños), y en ella nos sumerge desde que en la penumbra inicial cuatro actores y un pianista toman posición. Cuando la excelente iluminación —atmosférica y bien matizada en múltiples detalles— se desliza sobre el escenario con sus personajes como maniquíes en un cuadro anhelante, Ana Belén canta un clásico de la canción popular de París sentada en el piano de cola. Y en cuanto habla, ya no es la popular actriz-cantante que nos ofrecerá un recital inesperado de canciones francesas, ya es Kathie Kennety: una dama burguesa imbuida de prejuicios, ensueños, caprichos, ambiciones truncadas y un fiero afán de ser ella misma luchando “contra los abusivos del mundo entero”. Y también será Adele, la juvenil y fogosa amante del escritor, y algunas otras que treparán por su cuerpo y su voz igualmente seductores.

 La fiesta universal del teatro dentro del teatro hablándonos sin tapujos de nuestra capacidad de autoengaño para sobrevivir a la intemperie adquiere esta vez un prodigio de belleza emocional a través de cuatro actores que salen y entran de sus personajes y situaciones con la brillante destreza de los grandes del teatro, aquellos que una vez puesta la máscara desnudan su alma abarcándolo todo: música, danza, drama y comedia, a veces en brevísimos momentos dignos de ovación, si no fuera que aquí hay una labor de equipo muy bien ajustada, sin lugar para divismos ni sobresaltos individuales.

El punto de partida: Kathie, una mujer de la alta sociedad limeña, contrata a un profesor universitario, Santiago Zavala, para que escriba un libro sobre el viaje que ella ha realizado por “la negra África y la amarilla Asia”. A lo largo de sus encuentros en una buhardilla de París interpretarán sus distintas versiones de los hechos que comentan, sus aportes y frustraciones más íntimas, en paralelo y unidos, distantes y compenetrados, odiosos y amantísimos. Serán lo que son y lo que aspiran, jóvenes y maduros, junto a otros dos con gran presencia: el marido de ella, un banquero mujeriego, y la esposa del escritor que aprendió de su mano a dejar de ser una pequeño burguesa y a padecer las infantiles contradicciones del hombre que ha decidido amar.

Escena de 'Kathie y el hipopótamo'.

Los actores: Eva Rufo con admirable talento para los clásicos desde que debutara con La Joven de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en Las bizarrías de Belisa, de Lope de Vega, según Eduardo Vasco, me ha maravillado una y otra vez con el dominio corporal de versos sublimes, funambulista de la inquieta comedia y la tragedia implacable del siglo de oro. Compone aquí con seguridad un personaje en abanico, con gran sentido del humor en las diversas personalidades. Es una delicia contar con ella junto a una actriz como Ana Belén de hechizante juventud, resistiéndose a la madurez de su edad biológica. Una lección de teatro en el juego pertinaz de ser muchas mujeres, todas las posibles y además bailar y cantar en un contexto mágico donde un musical atípico se entromete con eficaces arreglos musicales y creaciones de su propio hijo, David San José, relación familiar que es utilizada en la representación con notable acierto.

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Ginés García Millán, Ana Belén, Eva Rufo, Savid San José, Jorge Basanta.

Los hombres son los maltratados del juego de soñar despiertos: el escritor vencido por su exceso de ilusión en ser el caudaloso Victor Hugo tanto en la portentosa obra literaria del autor de Los miserables, como en la política y sexual (“con sus nueve pasionales encuentros en la noche de bodas”), llega a hundirse en la humillación de reconocer su fracaso entre las mujeres de su vida. Ginés García Millán provoca, una vez más, una complicidad indiscutible con los espectadores, pues viaja de un estado emocional a otro muy extremo con recursos que emocionan y divierten, intimando con sus personajes hasta profundizar en las zonas más oscuras (así en Hamlet, Don Juan Tenorio, Los vivos y los muertos, Los hijos se han dormido). A su lado, Jorge Basanta cuenta con dos situaciones olímpicas: cuando interpreta su pasión por el surf como un muy gratificante acto sexual, y cuando desespera por creerse el mayor de los cornudos de la alta sociedad en que se mueve. A su cargo también divertidas escenas de danza, y en la voz de García Millán, un dúo con Ana Belén de emotiva filigrana.

Escribió Vargas Llosa en 1982, cuando puso punto final a esta obra:

“En algún momento del trabajo, entre los fantasmas de Kathie y de Santiago que yo trataba de animar, otros fantasmas se colaron, disimulándose entre sus congéneres, hasta ganar, también, derecho de ciudad en la pieza. Ahora los descubro, los reconozco y, una vez más, me quedo con la boca abierta. Las mentiras de Kathie y de Santiago, además de sus verdades, delatan las mías y, a lo mejor, las de todo el que, al mentir, exhibe la impúdica arcilla con que amasa sus mentiras”.

La función se estrenó en 1983 en un festival muy importante en Caracas con una compañía argentina encabezada por Norma Aleandro. No fue bien recibida. Se representó muy poco en otras partes, y en España esta es la primera vez. Al fin encontró la puesta en escena adecuada para hacer de Kathie y Santiago dos apasionantes personajes en un fabuloso tiovivo de verdades y mentiras.

kathie&hipopotamo_26Kathie y el hipopótamo

Autor: Mario Vargas Llosa.

Dirección y espacio escénico: Magüi Mira (foto).

Intérpretes: Ana Belén, Ginés García Millán, Jorge Basanta, Eva Rufo y David San José.

Iluminación: José Manuel Guerra.

Vestuario: Ana López.

Arreglos y composición musical: David San José.

Lugar: Matadero-Naves del Español.

Fechas: Del 19 de noviembre al 2 de febrero de 2014.

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