El cráneo de Schiller

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Por Silvia Pato

Hay escritores a los que la leyenda les persigue tras su muerte. El poeta, dramaturgo e historiador Johann Christoph Friedrich von Schiller RTEmagicC_Schiller_Winckelmann_Graphikk_f__350x454_.jpg (1759-1805) fue enterrado en una fosa común en el cementerio Jacobs de Weimar, dedicada a importantes personalidades que no contaban con una tumba propia. Dos décadas después, se exhumaron los restos con la finalidad de dar con el cadáver del creador de Los bandidos. De los más de veinte cráneos que se hallaron, el alcalde Carl Lebereth Schwabe indicó, con una simpleza inaudita, que el más grande de todos ellos era el del poeta.

En el otoño de ese mismo año, su amigo Johann Wolfgang von Goethe robó el cráneo, que se guardaba en la Biblioteca Anna Amalia,  para estudiarlo; lo atesoró en su casa sobre un cojín de terciopelo en una urna de cristal; y únicamente la visita del rey Luis I de Baviera, que quería conocer la Biblioteca y contemplar el cráneo de Schiller, lo incitaron a devolverlo.

goethe_schiller_jenaEl 13 de diciembre de 1827, tras unir el cráneo al esqueleto que le correspondía, los restos fueron trasladados al Panteón de los Príncipes, donde Goethe sería enterrado a su lado, a petición propia, cinco años después.

En 1911, se atribuyó otro cráneo del cementerio Jacobs a Schiller, por lo que fue depositado, junto con el primero, en la cripta de Weimar.

Las pruebas de ADN que se realizaron en el año 2008, intentando averiguar si alguno de los dos cráneos correspondía realmente al dramaturgo, concluyeron que no era así. Toda la investigación fue realizada por la Fundación Clásicos Weimar en colaboración con la televisión pública Mitteldeutscher Rundfunk, que divulgaría la investigación en el documental El Código Friedrich Schiller, haciéndose cargo de los 110.000 euros que se estima que costó el proyecto.

Al final, la calavera que Goethe veneró durante casi un año, y a la que dedicó su poema Meditación ante el cráneo de Schiller, no pertenecía a su amigo, aunque el padre literario de Werther nunca lo supo.

 

Fuentes: DW  y El País

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