“La ciudadela interior”: un profundo análisis de las “Meditaciones” de Marco Aurelio

Por Ignacio G. Barbero.

hadot“Que estos pensamientos te basten, si son para ti principios de vida”- Marco Aurelio

Todo en la vida de uno depende de cómo se representa las cosas, de cómo se las dice a sí mismo. Lo que nos afecta para bien o para mal no son -en sí- las experiencias que vivimos, sino el juicio interno (válgame el epíteto) que realizamos sobre ellas; el elemento determinante no radica “fuera” de nosotros sino “dentro”. Por tanto, hemos de ejercitar a diario nuestra interioridad, nuestra capacidad de juzgar, para no perder la cordura y la templanza en el mar de estímulos en constante cambio que llamamos existencia, en la incertidumbre crónica que atraviesa la vida cotidiana. El diálogo constante con nosotros mismos es determinante para llevar a cabo esta labor ya que nos permite ajustar racionalmente y con precisión nuestra actitud ante lo que nos sucede.

Bien conocían esta difícil pero necesaria tarea vital los antiguos filósofos estoicos y bien la abordó uno de sus más relevantes representantes, el emperador-filósofo Marco Aurelio. El escrito que nos ha sido legado del mandatario romano, “Meditaciones”, es uno de esos terapéuticos clásicos a los que volvemos una y otra vez para descubrir que las cuestiones más acuciantes del ser humano han sido ya pergeñadas con todo lujo de detalles racionales muchos siglos atrás. El ensayo que nos ocupa, a cargo de Pierre Hadot (1922-2010), desnuda pormenorizadamente y con gran destreza este conjunto de reflexiones mediante el cumplimiento de varios objetivos inicialmente marcados: descubrir la intención de Marco Aurelio al escribirlas, precisar su genero literario, definir su relación con el sistema filosófico que las inspira y, por último, desvelar lo que de su vida personal muestra en la obra.

La dificultad y mérito de alcanzar estos fines no radica tanto en la obra en sí como en la distancia temporal y cultural que nos separa de ella. La filosofía en la Antigüedad opera con una serie de valores teóricos, prácticos y estéticos que no compartimos en la actualidad; el filósofo antiguo no es necesariamente, como solemos pensar a menudo, un mero teórico de la filosofía, sino, más propiamente, alguien que vive como un filósofo, que encarna una vida filosófica entendida, que procura practicar la virtud y ser justo con los demás. Paralelamente, las obras filosóficas no se crean para exponer un sistema ordenado y coherente, sino para formar al lector u oyente, para trabajar su espíritu; buscan ponerlo en una disposición interior determinada, tener un efecto aleccionador sobre él.

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Pierre Hadot

Tras adaptarnos a esta “antigua” forma de pensar, a estos valores, el autor francés nos hará navegar de la mano de “La ciudadela interior” por las raíces, entresijos, coherencias e incoherencias de la vida y obra -íntimamente conectadas- de Marco Aurelio. Ahora bien, tres certezas hemos de tener presentes nada más partir: que Marco Aurelio escribe “para sí mismo” (1), “en el día a día”(2), y “según una forma literaria muy refinada” (3). Estas certezas nos remiten a la bases mismas de la filosofía antigua, ya mencionadas, donde el pensamiento se “hace” en la vida y para la vida; de ahí que el emperador-filósofo necesite tomar notas personales (1), reflexiones, que le auxilien en su quehacer diario (2), muy “atareado” de por sí, siempre pendiente de mantener y, a ser posible, fortalecer las fronteras del Imperio. El autor latino no duda en criticarse a sí mismo, en examinarse, y retoma sin cesar la tarea de exhortarse, de encontrar las palabras que le ayudarán a vivir y a vivir bien. Como bien menciona Hadot, la perfección de las fórmulas utilizadas para este fin “asegura su eficacia psicológica, su fuerza de persuasión” (3).

Lo que escribe Marco Aurelio no sólo remite a su condición biográfica, sino, también, a un mundo filosófico muy concreto. Juno Rústico, amigo y maestro, le introduce en la lectura de las lecciones de Epicteto, cuya figura domina, para el estoicismo, todo el siglo II d.C. Los pensadores estoicos contemporáneos de Marco Aurelio, y él mismo, son comentaristas más o menos sofisticados de esas lecciones. En otras palabras: las Meditaciones son variaciones, genialmente desarrolladas, sobre cuestiones esenciales planteadas por Epicteto (el esclavo-filósofo). Éste, modelo de pensador antiguo, trata la filosofía como un modo de vida y, en consecuencia, pretende que sus alumnos desarrollen la disposición de ánimo necesaria para alcanzarlo. Sus ideas sostienen el armazón conceptual sobre el que se apoya Marco Aurelio; especialmente importante, como apunta Hadot, es la distinción que establece entre las cosas que depende de nuestra voluntad y las cosas que no dependen de nuestra voluntad, esencial para vivir sin dolores de más, para representarnos adecuadamente en nuestro interior lo que nos acontece: “De nosotros dependen el juicio de valor (hypolépsis), el impulso hacia la acción (hormé), el deseo (orexis) o la aversión; en una palabra, todo lo que es nuestra propia obra. No dependen de nosotros el cuerpo, la riqueza, los honores, los altos cargos; en una palabra, todas las cosas que no son nuestras propias obras”.

“Lo que es nuestra propia obra”, a saber, lo que está en nuestra mano, remite en el estoicismo a las tres actividades del alma. Tres actividades del alma que se corresponden armónicamente con las tres reglas de vida y las tres virtudes básicas de todo hombre perfecto: la facultad de juzgar, que ha de tender a la objetividad en el análisis de lo que sale a nuestro paso (verdad); el deseo o aversión, que debe aceptar la necesidad de lo que por Naturaleza no está en nuestra mano (templanza); el impulso a la acción, que ha de observar que formamos parte de un todo interdependiente y, por tanto, ha de guiarse por el altruismo y la benevolencia (justicia). En meditación de Marco Aurelio:

Constantemente y en todas partes depende de ti complacerte con piedad en la presente conjunción de los acontecimientos, conducirte con justicia respecto a los hombres presentes, aplicar a la representación interior que tienes en este momento las reglas de discernimiento a fin de que nada que no sea objetivo se filtre en ti”.

Busto de Marco Aurelio

Busto de Marco Aurelio

Profesar un modo de vida diferente al de los otros hombres, actuando con justicia al servicio de los demás, aceptando con serenidad los acontecimientos que no dependen de uno y pensando con rectitud y verdad, es el fin al que aspira un pensador estoico, la meta que busca alcanzar Marco Aurelio. Para ello, en estas notas personales llamadas “Meditaciones” que Pierre Hadot analiza hasta el más mínimo detalle, el emperador-filósofo pretende enderezar el propio carácter y considera que el único valor al que todo debe subordinarse es el bien moral, la virtud (dogma fundamental del estoicismo):“no hay mayor bien para el hombre que lo que lo hace justo, moderado, valiente y libre y no hay mayor mal para el hombre que lo que provoca en él los vicios opuestos”.

La vida filosóficamente entendida consiste, así, en el dominio moralmente orientado del discurso interior. Es este control el que nos ayudará a superar la incertidumbre de la vida cotidiana, los sufrimientos innecesarios, los bravos embates de la cambiante existencia y, además, nos hará pasar de un yo inferior, egoísta, que sólo busca su propio beneficio, a un yo superior, que ha descubierto que el mundo y los demás existen con él. Leer a Pierre Hadot y, por tanto, a Marco Aurelio supone, en definitiva, una honda terapia espiritual.

Ten cuidado con ‘cesarizarte’…Consérvate simple, bueno, puro, grave, natural, amigo de la justicia, venera a los dioses, sé benevolente, afectuoso, firme en el cumplimiento de tus deberes. Combate para permanecer tal como la filosofía ha querido hacerte”

——

“La  ciudadela interior”

Pierre Hadot

Alpha Decay, 2013

528 pp. ; 24’90 €

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