Una Cleopatra del siglo de oro en coproducción con Argentina

Por Horacio Otheguy Riveira

Los áspides de Cleopatra, de Rojas Zorrilla, por 10 actores y un músico argentinos en un contexto de investigación teatral dirigida por Guillermo Heras.

Jóvenes actores se debaten en un calentamiento con ejercicios gimnásticos y y vocales con pruebas de expresión corporal mientras el público se acomoda en sus butacas: un público habituado al verso de los mayores poetas dramáticos en el castellano de la época con el acento cada vez más afinado que el CNTC (la Compañía Nacional de Teatro Clásico) ha venido perfeccionando desde su creación por Adolfo Marsillach en 1986. Aunque el maestro llegó a hacer intercambio con Argentina, no llegó a prosperar una continuidad.

Foto Los áspides 3

 Aquí y ahora, escuchar este texto tan peculiar de un autor del siglo de oro que en 1537, aproximadamente, se dio a fabular sobre alguna base histórica la pasional relación entre Marco Antonio y Cleopatra, tiene su miga y su salero. A más de uno le pilló por sorpresa y se sintió molesto al principio, aunque poco a poco, el buen ritmo de la función fue permitiendo que el oído de los madrileños se acostumbrara a un acento que decía con total claridad el difícil y a veces farragoso texto de la función.

 La experiencia es fruto de un año de trabajo, de auténtica investigación en el marco del llamado Proyecto Laboratorio América, estrenado en la Sala Casacuberta del Complejo Teatral de Buenos Aires, instalado en la ya legendaria calle Corrientes, “la calle que nunca duerme”, poblada de cines, teatros y librerías, y allí tuvo un considerable éxito con representaciones del 7 al 15 de septiembre y del 31 de octubre al 14 de diciembre de 2013.

 Con una puesta en escena bien apoyada en imágenes de vídeo (incluidas algunas secuencias de masas de la película de Joseph L. Mankiewicz que protagonizara Elizabeth Taylor) la representación resulta muy amena, aunque algo exasperada, “recitada” en un tono demasiado alto con gran dificultad para los actores protagonistas, a la hora de defender personajes en exceso apasionados.

 Sin embargo, resultan muy gratos algunos hallazgos acrobáticos en actores que se desdoblan y el armónico despliegue de buenos aportes en una gran pantalla y tres más pequeñas.

 Es importante destacar que se ha dado un primer paso muy loable, comienzo de una interrelación impulsada por Helena Pimenta, directora del CNTC, que recientemente nos brindara una auténtica obra maestra como directora escénica, La verdad sospechosa, de Ruiz de Alarcón. Asumiendo el papel de una ejecutiva disciplinada y a la vez creativa que procura innovar lo más posible, ha auspiciado esta unión de dos patrias que tienen mucho en común, pero que  les faltaba esta confianza en el apoyo del público español, pues así como en los países hispanoamericanos el acento y la cultura españoles les resulta completamente familiar en los escenarios, en España aún suena extraño y muchos todavía lo rechazan.

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El primer paso ya está dado, tras numerosas audiciones con intérpretes de 18 a 35 años e intensos ensayos, se ha llegado a un resultado muy interesante…

… fruto del maridaje de culturas y experiencias, realizado desde la sensibilidad, la cultura y la fonética propias de un país de habla hispana como es Argentina, que a buen seguro ofrecerá aspectos hasta ahora desconocidos de nuestro teatro del siglo de oro.

 Por su parte, el responsable de la puesta en escena, Guillermo Heras, se ha entregado a esta ardua labor, plenamente consciente de la dificultad de servir al público de hoy, “muy contaminado” con las imágenes que Hollywood ha dado de los personajes históricos…

 

Para algunos Emiliano Zapata es Marlon Brando, así como Elizabeth Taylor es Cleopatra. Pero nada más alejado de la realidad histórica. Esta obra nos vuelve a presentar una formidable ocasión para reivindicar la “ficcionalidad” escénica frente a la realidad histórica. Sin duda que Rojas quiso entretener a sus espectadores y eso es lo que yo también me propongo. Si, además, logramos desvelar las múltiples caras de nuestro teatro del Siglo de Oro mostrando cómo sus autores transitaron tantos géneros como temas insólitos para la época, y conseguimos emocionar con los versos de esta historia de amor desesperado, todos podremos sentirnos satisfechos.

 

Y para abrir boca, tras la presentación de los jóvenes actores en chándales, una de las actrices —Belén Pasqualini con bella voz a capela— interpreta un soneto de Lope de Vega dedicado al célebre personaje de fatídica belleza y capacidad de seducción:

 

Cleopatra a Antonio en oloroso vino

dos perlas quiso dar de igual grandeza,

que por muestra formó naturaleza

del instrumento del poder divino…

 

  
Los áspides de Cleopatra

 Autor: Francisco de Rojas Zorrilla.

 Versión, escenografía y dirección: Guillermo Heras.

 Asesor de verso: Gabriel Garbisu.

 Intérpretes: Anahí Gadda, Mariano Mazzei, Federico Howard, Mariano Mandetta, Marina Pomeraniec, Julián Pucheta, Belén Pasqualini, Carlos Sims, Gustavo Pardi como Marco Antonio e Iride Mockert como Cleopatra.

 Vestuario: Aníbal Duarte.

 Iluminación: Miguel Morales.

 Audiovisuales: Álvaro Luna.

 Canciones: Belén Pasqualini.

 Movimiento: Carlos Casella.

 Música en escena: Matías Corno.

 Lugar: Teatro Pavón, sede del CNTC (Centro Nacional de Teatro Clásico).

 

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Una respuesta a Una Cleopatra del siglo de oro en coproducción con Argentina

  1. Excelente trabajo de jóvenes artistas, y una novedosa propuesta sonora de gran calidad!

    patricia
    18 enero 2014 at 23:50 pm

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