Libro de los cantos

Categoría: Críticas,Poesía |

 

Libro de los cantosLibro de los cantos

Ed. de García-Noblejas

VV.AA

 

Alianza, Madrid, 2013

 

Por Ricardo Martínez

 

“Lo primero fue el gesto –ha dejado escrito Bowra, a mi entender unos de los ensayistas más brillantes de la literatura inglesa-; luego fue el canto”.

El gesto equivaldría, en el origen del hombre, al estadio del pre-lenguaje. A falta de éste, el hombre primitivo habría hecho uso del gesto como modo de ofrenda, como invocación o solicitud. Luego, pues el gesto estaría acompañado en algunos casos de la emisión de sonidos, fue el canto como invocación construida, consciente.

De ahí la importancia de este libro en la medida en que recoge lo que equivaldría al origen de la comunicación en el hombre y sus primeras invocaciones. Se nos dice aquí, en este libro magníficamente coordinado en sus materiales y de precisa y cuidada edición, que fue Confucio quien, interesado por el interior del hombre en el sentido más amplio de la palabra,  recogió estas primeras manifestaciones (van el año 1000 al 600 a. C.) de un discurso construido donde el autor hace llegar, bien a los dioses ´-recuérdese su sentido de trascendencia-, bien como manifestación de soledad implorante, bien a quien oyere, estos cantos-composiciones que aluden a los temas más diversos (tantos como afectan al vivir cotidiano del hombre atribulado) y que nos dan fe de cómo, a pesar del paso del tiempo, las preocupaciones de nuestros antepasados chinos no hacían sino adelantarse a lo que, aún hoy, sigue siendo un motivo de dolor o de preocupación fundamentalmente.

“¿Cómo se corta un mango para un hacha?/ Con otra hacha, o no podrás./ ¿Cómo se toma una esposa?/ Con casamentera, o no tomarás” O bien este otro, de carácter más intimista, si bien siempre alusivo a un sentir hondamente humanizado: “Cae mucha escarcha el primer mes/ y me duele el corazón apenado/ las mentiras del pueblo/ van aumentando más y más/ y cuando pienso que estoy solo/ se redobla la pena en mi corazón./ ¿Ay, por piedad, mi corazón!/ Estoy enfermo de tanto penar”

Cualquier lector sensible, a buen seguro, hará suya alguna de las plegarias-cantos-invocaciones donde es el corazón humano quien se expresa, y en el sentir afectado de alguna carencia hace suyo un discurso para aquel que pueda ayudarle en su carencia, que quiera ayudar a redimirle.

Una introducción precisa e históricamente aclaratoria por parte del responsable de la edición y traductor, y en ello una versión que nos hace llegar los cantos (en edición bilingüe) en lenguaje sencillo y comprensible se unen a algún gráfico alusivo (y los propios caracteres chinos que conforman el texto podrían considerarse así), todo lo cual enriquece este libro que siempre deparará oportuna y sentida compañía al paciente lector.

 

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