Nada es verdad, todo está permitido

Por Layla Martínez.

Gabriele d´Annunzio, pionero de la aeronáutica, mago negro y poeta decadente vuelve de la Primera Guerra Mundial convertido en un héroe. Su fama se ha hecho tan grande que cuenta con su propio ejército, los Arditi. Aburrido por la perspectiva de volver a su vida cotidiana, d´Annunzio decide que la fiesta no tiene por qué acabar ahí. De hecho, la fiesta no tiene por qué acabar nunca si sabes engrasar correctamente tu revólver. Después de oficiar una ceremonia necromántica en un cementerio de Venecia, d´Annunzio parte a la conquista de la ciudad de Fiume, situada al otro lado de la frontera con Yugoslavia. Los Arditi no encuentran resistencia, y en apenas unas horas la ciudad está en manos del poeta. Éste se pone en contacto con el Primer Ministro italiano y le anuncia su intención de integrar Fiume en los territorios de la república. D´Annunzio espera ser recibido como un glorioso conquistador, pero la reacción del político es muy distinta. Fuera de sí, éste le grita que está loco, que abandone inmediatamente la ciudad y regrese a territorio italiano. Cansado de que intenten hacerle abandonar la diversión, el escritor declara la independiencia de la ciudad de Fiume y hace sonar la música. Soldados de la marina –la mayoría desertores, canallas y anarcosindicalistas- se hacen con el control de las naves y emprenden una serie de saqueos y golpes salvajes a lo largo de toda la costa, llenando las arcas de la nueva república. Delincuentes, homosexuales, dandis, aventureros, bohemios, anarquistas, huidos de la justicia y lúmpenes de toda clase acuden a la ciudad en manadas, guiados por la intuición de que la fiesta va a merecer la pena. D´Annunzio gobernará Fiume durante dieciocho meses, aunque toda la actividad del gobierno se reducirá a leer poesía y manifiestos por la mañana y organizar conciertos por la noche. Cuando se acabó el vino y el dinero, la flota italiana se presentó, lanzó algunos proyectiles que no causaron ninguna baja y todos volvieron a casa.

Con el tiempo, d´Annunzio acabaría siendo seducido por el fascismo, pero nadie olvidaría que había sido el responsable de la abolición de la asfixiante normalidad. Durante aquellos dieciocho meses, Fiume fue una interzona, una anormalidad topográfica, una interferencia destinada a no existir jamás. No sería la única, ni siquiera la última: muchos años después, otro de esos momentos se viviría en la casa del escritor William Burroughs, cuando un joven de aspecto desaliñado llamado Kurt Cobain le hiciese una visita. Burroughs era un experimentado psiconauta, un experto en transitar por esas interferencias, quizá por eso aquella visita no le impresionó demasiado. Cobain era solo un principiante. Es cierto que su música tenía algo, que cuando sonaba era capaz de crear una energía extraña, de alterar los estados de conciencia, pero aún tenía que profundizar mucho más. La visita no fue gran cosa. A juzgar por las fotos que se tomaron aquel día, Burroughs se limitó a enseñarle algunos libros, dejarle acariciar a su gato y darle una vuelta por el jardín. Eso sí, antes de que se marchara, le entregó una contraseña, un mapa con forma de autorretrato en el que Burrouhs se había dibujado a sí mismo bajo la forma de la sombra que le habitaba. El dibujo tenía varios agujeros de bala porque el escritor había disparado contra él.

Ese momento le sirve a Rocha para construir una red de interferencias, un libro que funciona como una guía para orientarnos por los túneles que se tejen entre unas realidades y otras. El encuentro entre Burroughs y Cobain es solo una excusa, una puerta de entrada al laberinto. En realidad, Rocha podría haber escogido cualquier otra, empezar el libro por cualquier otro punto, porque el texto funciona como un vórtice que gira sobre sí mismo. No importa el momento en el que entres al laberinto, lo importante es que lo hagas. Ante nuestros ojos veremos desfilar al atracador de bancos John Dillinger, al mítico líder de la secta de los asesinos, al músico de blues Skip James, al alucinado Ian Curtis en pleno concierto. Y todos ellos girando alrededor de Burroghs, en el centro del vórtice. El reverendo alucinado, el guía espiritual, el psicogeógrafo experimentado, el yonki incendiario. Todo girando alrededor de Burroghs, que refleja a los demás como una sombra o como un espectro. Rocha pone la música y Burroghs da palmas. Bienvenidos a Fiume. Bienvenidos a la fiesta. 

 

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Nada es verdad, todo está permitido

Servando Rocha

Alpha Decay, 2014

380 pp, 20,90€

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