El gran hotel Budapest (2014), de Wes Anderson

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Por Jaime Fa de Lucas.

granhotelbudapestYa lo dice el refrán: la cabra siempre tira al monte. Aquí me estoy refiriendo tanto al director como a mi paladar. Y es que mis papilas gustativas nunca han acabado de entender cómo otras bocas pueden disfrutar tanto con el sabor de las películas de este director. Si bien no he visto Moonrise Kingdom (2012) –su último largometraje, que cosechó buenas críticas– y Fantástico Sr. Fox (2009) me pareció acertada –siendo de animación–, las otras que he degustado, como Life Aquatic (2004), Viaje a Darjeeling (2007), Los Tenenbaums (2001), Academia Rushmore (1998), no me gustaron. En El gran hotel Budapest seguimos viendo la misma cabra, con sus manías estilísticas, sus tramas complicadas y esa excentricidad que lo colorea todo. Quizás cambie algo el monte, pero sin convertirse en orégano.

La historia llega a través de un escritor que visita el hotel y reproduce la conversación que tiene con el dueño durante una cena. Éste último le cuenta cómo llegó a ser el dueño del hotel. Esto incluye todo su pasado como lobby boy –algo así como chico del vestíbulo– y su amistad con el que era el encargado en aquella época. Resulta que el encargado era un seductor y le gustaban maduritas. Una de ellas, después de morir, deja un testamento en el que le da una pintura muy valiosa y surgen los roces con la familia heredera. Más adelante, sumando algún que otro asesinato y algún giro rocambolesco, todo se complica bastante.

La película empieza bien, generando expectación, planos muy cuidados, colores sugerentes, historia a priori atractiva, vale… pero poco a poco el globo se va desinflando. El espectador se ve metido en una trama demasiado retorcida para lo simple que es el argumento. Wes Anderson cree que elaborando un tejido de conexiones ocultas entre personajes es suficiente para sostener una historia que en esencia no dice gran cosa. Al final de la película te quedas un poco frío, sales del cine y te preguntas ¿y qué?

Los créditos del final subrayan que el film está basado en algunos textos del escritor austriaco Stefan Zweig. Esto se puede apreciar en el detalle de que la historia nos llega a través de un tercero, el escritor que visita el hotel actúa como confidente del espectador, lo que ocurre en varios libros de Zweig –Amok, Veinticuatro horas en la vida de una mujer…–, técnica que llevó a su máxima expresión otro escritor austriaco, Thomas Bernhard. Si bien esta técnica literaria se utiliza para generar complicidad entre escritor y lector, Wes Anderson no consigue que el espectador establezca esa relación con el narrador, es más, parece un ejercicio gratuito. Tan gratuito como nombrar a Zweig en los créditos para hinchar la obra y que luego el metraje no recuerde nada a él.

Hotel1Hablemos de gratuidades que de esto el director entiende. La película está plagada de situaciones gratuitas y excentricidades que simplemente buscan generar efecto. La escena en la que el matón de turno le tira el gato al abogado… Por si esto fuera poco, el abogado guarda el gato muerto en una bolsa y lo pasea por las calles –para que el espectador disfrute la excentricidad– y luego lo tira a la papelera. Ese pasear tu gato muerto en una bolsa y tirarlo a la papelera sin más, revela el artificio, la búsqueda del efecto, el me da igual, lo importante es generar sensaciones. Anderson debe creer que una película es una suma de efectismos por eso, bajo mi punto de vista, sus películas nunca alcanzan la categoría de arte.

Señoría, quiero añadir algo sobre el humor, la polaridad y los clichés. Prosiga. El humor es básico, se erige sobre la excentricidad y cae en la repetición de conductas anómalas. No es sutil, casi todas las bromas parten de la misma fórmula y el director lo único que hace es cambiar la forma. Los clichés abundan: el malo malísimo… el emisario que va persiguiendo a los buenos para matarlos… la típica escena del personaje que se queda colgando con las dos manos al borde de la muerte, que incluso ocurre dos veces y ambas resoluciones alimentan a su vez el cliché. Sobre la polaridad… ¿Acaso no estamos hartos de ver películas en las que bien y mal están claramente diferenciados? Creo que en el siglo en el que vivimos ya no funciona lo evidente.

Puntos a favor para el reparto, los decorados, el vestuario y la fotografía. Plantel de estrellas que podéis ver en el cartel de la película. Todo correcto, Ralph Fiennes lo borda; quizás se le podría haber pedido algo más al lobby boy (Tony Revolori) pero supongo que hay exigencias del guión. Sí es cierto que por momentos pensé que estaba viendo una de Torrente con tanto famoso que apenas aparece unos minutos, lo que hasta cierto punto es criticable, como si usara a los actores como reclamo publicitario más que por su calidad interpretativa. La selección de colores, tanto en los decorados como en la vestimenta, me parece excelente. La fotografía es exquisita. Anderson es un obseso de la simetría, casi todos los planos son fijos y los movimientos de cámara atienden a ángulos rectos. Interesante el uso de maquetas en algunos paisajes. Deficientes las escenas creadas por ordenador, se nota mucho y desentona.

Supongo que los amantes de Wes Anderson habrán disfrutado mucho de la película, ya que tiene los ingredientes y el toque del chef. Precisamente son esas muletillas cinematográficas, que para muchos son puro ágape dionisíaco, las que se me indigestan. Es cierto que la ficción tiene que traspasar la realidad, presentando situaciones que en nuestro día a día no podemos encontrar, con el objetivo de ampliar nuestras experiencias, pero hay una diferencia muy sutil: no es lo mismo traspasar la realidad que trascenderla.

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7 respuestas a El gran hotel Budapest (2014), de Wes Anderson

  1. “Hablemos de gratuidades que de esto el director entiende. La película está plagada de situaciones gratuitas y excentricidades que simplemente buscan generar efecto. La escena en la que el matón de turno le tira el gato al abogado… Por si esto fuera poco, el abogado guarda el gato muerto en una bolsa y lo pasea por las calles –para que el espectador disfrute la excentricidad– y luego lo tira a la papelera. Ese pasear tu gato muerto en una bolsa y tirarlo a la papelera sin más, revela el artificio, la búsqueda del efecto, el me da igual, lo importante es generar sensaciones. Anderson debe creer que una película es una suma de efectismos por eso, bajo mi punto de vista, sus películas nunca alcanzan la categoría de arte.

    Señoría, quiero añadir algo sobre el humor, la polaridad y los clichés. Prosiga. El humor es básico, se erige sobre la excentricidad y cae en la repetición de conductas anómalas. No es sutil, casi todas las bromas parten de la misma fórmula y el director lo único que hace es cambiar la forma. Los clichés abundan…”

    POR FIN UNA CRÍTICA CLARA E INTELIGENTE, FUERA DEL PAPANATISMO DE TANTOS ADULADORES. LA PELÍCULA ES, EN SU CONJUNTO – APARTE DE ALGÚN DETALLE DE FOTOGRAFÍA Y DECORADOS – UNA BOUTADE INCONSISTENTE Y VACÍA. QUE INTENTO DE ENGAÑAR CITAR A STEFAN ZWEIG EN LOS CRÉDITOS.
    Mi más cordial al crítico, a Jaime Fa de Lucas. Es bueno desenmascarar los productos con falsa etiqueta de calidad. Claro que no había más que ver la cara de la mayoría del público de una de las salas, de V.O. -abarrotada por la propaganda previa al film – a la salida de la proyección el día del estreno. Las caras decían todo… y es que al público no siempre se le puede dar gato por liebre, nunca mejor dicho en esta ocasión.

    emilioporta
    28 marzo 2014 at 14:35 pm

  2. Muy a favor de esta crítica. La película resultó ser un ejercicio de escaparatismo, diseño y composición que empachan hasta la náusea. En mi caso ninguna conexión con la historia ni con los personajes. Muy vacía. La comparación con Torrente es muy acertada.
    Saludos!

    maguce
    30 marzo 2014 at 13:03 pm

  3. Gracias Jaime Fa de Lucas. Ayer fui a ver Gran Hotel Budapest, habiendo leido algunas críticas, creí que me iba a partir el pecho de la risa. Solo sonreí una vez y aún no puedo ubicar ese momento. Quedé tan descolocada que pensé que quizás me equivoqué y leí críticas de otra pelicula. He vuelto a revisar y no, efectivamente casi todo son 5 sobre 5. Y te he encontrado a ti, por eso te doy las gracias. Ha sido como encontrar un consuelo a mi decepción. Los actores muy bién, la fotografia también, pero en el cine debe acompañarse de una historia que llene y llegue. Desde luego no me llegó, y pensamos en salir de la sala… pero aguantamos hasta el final. El primer comentario que hice al salir fue… “es rara, yo no lo llamaria comedia, pero tampoco se lo que es. Horrorosa! ese es mi calificativo. Sobre Torrente, por lo menos en las que he visto me he reido, aunque no soy fan. Un cordialísimo saludo!.

    Carmen
    14 abril 2014 at 10:04 am

  4. Este análisis esta sumamente mal enfocado, este señor del blog quiere una historia trascendente o una trama global en su global que te deje pensativo, no sé si has visto películas de Wes anderson antes pero TODAS sus tramas son increíblemente simples y la GRACIA SON LOS MOMENTOS, esos momentos que tú llamas “efectismos”. Insisto si querías ver una trama trascendente que te deje pensando y llene un vacío existencial dentro de ti, hay muchos otros directores que cumplen esas condiciones y no por ello son mejores o peores. Por lo mismo te invito cordialmente a ver películas de Christofer Nolan ( que es un coetáneo de Anderson) y dejar de hacer el ridículo esperando ver una trama profunda en las películas de Anderson.

    Diego
    16 abril 2014 at 9:30 am

  5. Aparte de Nolan – no veo que pinta aquí esta referencia, lo digo por lo del “efectismo” – hay muchos otros directores actuales que hacen cine de interés, no buscando esos “efectos” ni nada de esas cosas que algunos “críticos” (?) han visto en Gran Hotel Budapest… y la mayoría del público ( por lo que se ve en la mayoría de los comentarios ) no ven. Suscribo lo dicho por Carmen ( a la que no tengo el gusto de conocer ) por Maguce y por mí mismo, aparte de lo dicho en la reseña de Jaime Fa de Lucas al que, una vez más, hay que agradecer su claridad, independencia y buen gusto. Es evidente que Wes Anderson es un realizador sobrevalorado.

    emilioporta
    17 abril 2014 at 20:46 pm

  6. Me es grato encontrar una critica desenfocada del fanatismo excipiente que rodea la filmografia de este director.Es una buena critica. Tienes razon, el cine de Wes Anderson es puro excentrismo para mostrar que su talento esta en crear imagenes preciosas, fuera de eso sus peliculas son como ver un hermoso envoltorio de regalo en una boutique en la zona mas chic de la ciudad para descubrir que la caja esta vacia.No se engañen Wes Anderson esta sobrevaloradisimo.

    metaledu94@hotmail.com
    30 junio 2015 at 6:02 am

  7. WES ANDERSON Y SU ESTÚPIDO HOTEL BUDAPEST. Hay gente inteligente… y papanatas. Menos mal que algunos decimos lo que pensamos, aunque cuántos hay que son como los aduladores del traje invisible del emperador… Viniendo de ti el apoyo a las palabras de Jaime y las mías la cosa tiene todavía más valor. Lo increíble, lo absolutamente increíble es que esta película estuviera seleccionada y entre las favoritas para los oscars. Claro que no sacó ninguno… hubiera sido el colmo. No me salí de la proyección por un pelín. Igual tiene algo interesante en los momentos que me dormí 🙂 Pocas veces un film me ha resultado más tópico, estúpido y falto de interés. Sí, lo del envoltorio es una buena definición. De “plexiglás”, como decía mi abuelita.

    Emilio Porta
    30 junio 2015 at 6:19 am

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