La huella de la mariposa

Categoría: Críticas,Poesía |

 

la huella de la mariposaMahmud Darwix: La huella de la mariposa

Pre-textos, Valencia, 2013

 

Por Ricardo Martínez 

 

El arte ha tenido siempre en la cultura del medio oriente un signo de distinción, un grado de elevación que ha servido para poner de manifiesto una expresividad cultural sobria, elegante, distinguida, sensible  a todo grado, ya fuese éste de la geometría o de la imaginación. Así lo  ha dejado expreso las revelaciones de la historia a lo largo del tiempo.

Pues bien, si entendemos –y así habría de ser- que la poesía es una de las manifestaciones más elaboradas del arte, por cuanto aúna pensamiento y música entre otras manifestaciones, cabe celebrar este libro del poeta cuya educación, además, ha bebido tanto de su cultura nativa, la palestina, como de la vecina Israel. Y, por extensión, de la cultura árabe, lo cual, debe entenderse, añade perspectiva universal a su discurso.

“Como quien atiende un hálito secreto –leemos aquí en uno de sus poemas en prosa-, escucho atento el rumor de las hojas de los árboles veraniegos… Tímido, sedante, desciende de los confines del sueño…” Esa palabra elegida, limpia, desnuda y expresiva es la propia de la poesía que, sin revestimientos innecesarios, nos transmite emoción y percepción del entorno como algo que, en su código más o menos explícito, convoca a la armonía.

Mahmud DarwishEl caso es que, conocida la militancia política próxima al comunismo de nuestro autor, y en favor de la causa palestina, una vez más, por fortuna, la profesión de fe en un ideario político –que lo es también social y, en el fondo, humano- no empaña un discurso elevado, sugeridor, extenso en el horizonte y convocador hacia un mundo donde la belleza tiene lugar entre los avatares humanos. O ha de tenerlo. “La primavera se ha marchado/ sin aguardar a nadie,/ ni la albahaca ni la persicaria/ han esperado.// Mecida por el ritmo/ de una canción que estrecha/ los senderos,/ ha cantado ajena al sentido.”  

Y, cuando ha de aludir a su preocupación vital, al destino de su pueblo, sabe cantar también con palabras que son más de duda o desazón más que de justicia terrenal: “Como si él fuera él mismo o atributo de un ‘yo’/ escindido en dos contrarios: la esperanza y la desesperanza”. Entre la prosa descriptiva, si bien llena de elementos poéticos, y el verso libre, este libro nos lleva hacia un paisaje nítido, humano, trascendente donde todo lector, creo, hallará cobijo.

 

                             

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