W.H. Auden, El arte de leer

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H421647.jpgW. H. Auden: El arte de leer

Lumen, Madrid, 2013

 

Por Ricardo Martínez

 

     Joseph Brodsky, un gran poeta y lector, sostiene que Auden ‘es la mayor inteligencia del siglo XX’ Y este poeta comprometido no suele hablar por hablar, a pesar del maximalismo que encierra la frase.

      El lector, pues, pronto se hará cargo del contenido de tal definición, por cuanto advertirá sin mucha dilación que este libro, que contiene múltiples variaciones acerca de la literatura en general, de la lectura en particular y de la obra de variados autores, no es extraordinario tanto por lo que dice, sino por cómo lo dice. Sobre todo cómo fundamenta, con ejemplos ricos y explícitos, cuanto afirma.

      Citemos un ejemplo a propósito de la poesía de Tennyson: “que demuestre la ciencia que somos, y después/ que pruebe que les importa a los hombres”  Y comenta Auden: “Dos preguntas: ¿quién soy?, ¿por qué existo?, y el pánico que produce el hecho de que permanezcan sin respuesta –‘duda’ es un término demasiado intelectual y anodino para tal vértigo de ansiedad- parecen haberle obsesionado a lo largo de su vida”

      Lo que sorprenderá, creo, al lector, no es, pues, tanto la mayor o menor erudición del crítico que, en el fondo lo que pretende es enseñarnos a leer bien, a leer ‘por dentro’, sino el modo cómo nos acompaña en todo momento para exponernos la argumentación en que se basa y, en ello, adentrarnos en esos recovecos oscuros que tanto nos confunden (y, por qué no decirlo, seducen a veces) en toda lectura.

      Uno de los primeros reclamos que haría el lector sensato es la libertad de equivocarse, claro está, pero por ello mismo, y por su sensatez, no contradice sino al contrario, potencia su libertad lectora, el hecho de tener ‘al lado’, como guía muy comprometido –no en vano ha sido uno de los grandes poetas europeos- a este autor que conoce como pocos los vericuetos de la creación, allí donde se encierran la verdad y la belleza, la alegría y la tristeza.

      Un libro, pues, brillante, educador, poseedor del mejor sentido de la amistad en la medida en que, con exquisito tacto, nos ayuda a reparar en aquellos hermosos versos de Rilke, acerca de “la incierta luz de las primeras tardes/ en que se tuvo miedo, cuando niños”

      Sea, pues, la lectura quien triunfe, o dicho al modo Auden: “Podría decirse que la maldición de Babel logró redimirse porque, por primera vez, los hombres desearon de corazón hablar y escuchar no solo a personas como ellos, sino a completos desconocidos” 

 

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