Alberto Olmos a propósito de “Alabanza”, su último trabajo

 

«Nos emparejábamos por azar. La persona con la que uno acababa teniendo hijos y cumpliendo los ritos de paso de la vida adulta no surgía después de un exhaustivo rastro o de una ponderación muy meditada: era la persona que estaba allí cuando querías dejarlo estar. La vida adulta era toda ella un dejarlo estar. Las personas se enamoraban del amor, como él mismo se había enamorado del amor las primeras veces; sus sentimientos por aquellas chicas prologales le causaban dolor físico. Pasados los años, al recordarlo, se le antojaba ciertamente ridículo

Alabanza, de Alberto Olmos.

Alabanza, de Alberto Olmos.

Alberto Olmos (Segovia, 1975) retorna a la novela tras su trabajo como editor en la antología Última temporada. Nuevos narradores españoles 1980-1989 (2013). Alabanza se presenta como una historia de amor en un mundo sin literatura, una novela sobre las relaciones de pareja, la gestión de la propia identidad y el futuro de la literatura.

Alabanza. Alberto Olmos. Literatura Random House, 2014. 384 páginas. 19,90 €

Claudia y Sebastián pasan una temporada en un pequeño pueblo donde no es posible conectarse a internet y que parece estar habitado exclusivamente por viudas. Mientras él se dedica por escrito a recordar a todas las amantes de su vida, buscando completar cuentos para su nuevo libro, ella recorre el pueblo hasta acabar interesada por un suceso acontecido hace casi treinta años: el incendio de la iglesia mayor. Un crimen sobrecogedor servirá de insospechada catarsis para su vida en común.

 

P.- ¿Qué busca un escritor con cada nuevo libro: reconocimiento literario o ventas? Últimamente son dos cosas un poco (o bastante) reñidas.

No creo que pueda decirse que un escritor “busca” algo con su libro, sea esto lo que sea. Desde luego, no parece que yo escriba libros para satisfacer a un público, digamos, amplio, pues la novela comienza con frases subordinadas que alcanzan las 2 páginas de extensión. De hecho, relacionaba ese prólogo de Alabanza con la canción que da comienzo al mejor álbum de The Stone Roses: una especie de prueba de paso, una introducción nada complaciente. Por otro lado, en el capítulo del puro deseo, un escritor sensato siempre desea ser leído y apreciado; si la cosa va de elegir, prefiero miles de lectores a siete “padrinos”, que es más o menos lo que tú has calificado de “prestigio”.

 

P.- ¿El oficio de la literatura se aprende? ¿Realmente crees que a vista de pájaro no tiene futuro?

Obviamente nadie nace sabiendo escribir novelas. Muchos escriben novelas, ya creciditos, sin saber, además. Lo único que aprende uno escribiendo y escribiendo es a detectar lo que no debe escribir. Toda la madurez literaria es cuestión de ahorro de energías: saber por dónde no debes continuar. A tu segunda pregunta, te diré que la propuesta apocalíptica de la novela es puramente juguetona, pues servía para realzar “lo literario” presente en nuestra vida, incluso sin literatura en las tiendas. No es incierto que varios factores evidentes hoy día hablan de un orillamiento de la literatura como forma de entretenimiento y como productor de ficciones y de un imaginario colectivo. Todos sabemos de qué hablamos cuando decimos “Walter White”; no sé si todos sabemos de qué hablamos cuando decimos “Walt Whitman”.

 

P.- La soledad, la huída, el aislamiento… ¿son necesarias para encontrarse, para sacar lo que uno lleva dentro?

Yo sólo soy yo cuando estoy solo, decía Miguel Hernández (o al menos lo citaba así Bunbury en su primer disco). La verdad es que tiene uno poco que añadir a Miguel Hernández.

 

Alberto Olmos.

Alberto Olmos.

P.- ¿Solo cuando se descubre la ausencia o falta de algo se le da la importancia adecuada? Amor, internet, literatura, escritores de calidad…

Bueno, esta es una afirmación que podríamos adscribir a la “sabiduría común”, como eso de que la felicidad no la da el dinero o lo de que los niños son la alegría de la casa. O sea, son verdades inapelables hasta la obviedad. En Alabanza no hay internet porque me apetecía librarme de su omnipresencia en nuestras vidas.

 

P.- No te has olvidado de la crítica social, de la crítica mordaz en general, esa que tan bien se te da.

Alabanza va bastante surtida de crítica social y de todo lo que pueda dárseme bien. Algunas reseñas últimas aparecidas en medios de cierto peso no parecen indicar que mi libro carezca de capacidades incomodadoras, la verdad.

 

P.- «No estoy enamorado de ti.», así arranca tu novela… ¿También el amor como tal tiende a desaparecer?

En la novela esta frase inaugural no corresponde a una ruptura de pareja, sino a una normalización de la evidencia de que no hay nada parecido a “estar enamorado”, pues es un cliché -seguramente burgués- que hemos tomado del siglo XVIII y, últimamente, de los anuncios de Coca-Cola. En la novela se propone, primero, el amor como una ficción; también, la literatura como el medio de comunicación íntimo y fundamental entre las personas. En este sentido, creo que el asunto tiene algo que ver con “Los enamoramientos”, de Javier Marías.

 

P.- Un pueblo sin internet, un mundo sin internet… Ya no sería algo concebible, ¿o sí?

Que no haya internet en el pueblo, en la novela, surge de mi deseo de olvidarme de Ejército enemigo y de sus asperezas digitales, para hacer una novela totalmente distinta a la anterior, como suelo intentar con cada nuevo título. Obviamente, internet va a seguir existiendo hasta que algo nuevo -que ahora nos resulta inimaginable- lo sustituya y lo vuelva rudimentario. Es una pena que ninguno de nosotros vaya a poder mirar internet como algo “rudimentario”, por otra parte.

 

P.- Para escribir, ¿se debe tener sentido común o mejor saltárselo?

Escribir es esencialmente un acto racional, muy lógico, muy pensado, donde el sentido común vale tanto como en cualquier otra instancia de la vida. La imagen del autor poseído por quién sabe qué -¿las musas?- y escribiendo alocadamente para completar una obra buena es bastante irreal, salvo en poetas drogadictos de hace treinta años. Un novelista, por definición, es una persona sobria.

 

P.- ¿Qué ha supuesto esta novela en tu carrera literaria con respecto a las anteriores?

Es pronto para decirlo, al menos en términos amplios y más o menos consensuados. Íntimamente creo que es la novela más esmerada y redonda que he hecho. Basta con que tu última novela no sea peor que las anteriores para sentir un mínimo de paz espiritual.

 

P.- ¿Cuántos proyectos e ideas tienes entre manos?

Tengo varias, incluso muchas, ideas para hacer con ellas algunos libros. Ideas que van y vienen, ideas raras, proyectos experimentales; de hecho, manejo en estos momentos demasiadas ideas, lo que puede andar sugiriéndome que es la ocasión para dejarlo todo estar y guardar un poco de silencio.

 

Por Benito Garrido.

 

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