MORZILLA

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Por Juan Luis Marín. Después de dos horas de película sigo sin tener muy claro de dónde vienen estos bichos que gruñen como un velociraptor y cuyo aspecto es un cruce entre la reina de Alien antes de hacerse una ligadura de trompas, los bugs de Starship Troopers en 3D y los Kaiju de Pacific Rim después de ponerse hasta las patitas. Y menos aún el origen de su antagonista, nuestro salvador, con la mirada más tierna y monstruosa desde King Kong, a quien se aplaude como hooligans después de haber arrasado medio San Francisco hasta dejarlo en su mínima expresión, San Paco. Ése que llaman Godzilla pero que perfectamente podría haberse llamado Tortilla, Costilla… o Ramón. Porque se vuelve a resucitar un título con más años que la tos sin otra excusa que la destrucción. Ni más argumento que la ausencia de uno. De lo único que se trata es de hilvanar una secuencia catastrófica tras otra, impregnándolo todo de un barniz de realidad para equiparar los ataques de Rosquilla a catástrofes menos fantásticas como huracanes, terremotos o tsunamis que siembran el caos en una multitud indefensa, por ejemplo, en Las Vegas. Pero si rascas un poco sigue siendo la misma tontería que ya hiciera, también por ejemplo, Tim Burton en Mars Attacks… pero sin un ápice de cachondeo. Y no sé qué es peor…

Aún así se agradece la ausencia de banderas americanas ondeando al atardecer, o historias Candy, Candy para tocarte la patata, consiguiendo, eso sí, el efecto contrario: que te importe tres cojones lo que le pase al papi, la mami y el enano de turno, es más, deseando que Quisquilla los espachurre o se los zampe como si te estuvieras echando una partida al Rampage en los recreativos.

También se agradece el esfuerzo por contar con actores de cierta entidad y no una María Pitillo de pacotilla (¿dónde estará esta pobre chica?), aunque algunos como Juliette Binoche duren menos que un pedo en el desierto y otros se limiten a exprimir la capacidad interpretativa de sus ojos: después de la mirada Mágnum (me molo mazo) de Ben Stiller en Zoolander, o la mirada Frodo (veo elefantes de colores volando) de Elijah Wood en El Señor de los Anillos, nos llega la mirada Cólico (tengo un banco de jurelillos nadando en mis intestinos y ya me empieza a gotear la diarrea por la pantorrilla…) de Ken Watanabe. Aunque, por lo que habrá cobrado, no le faltará papel higiénico…

Conclusión: que no había ninguna necesidad de resucitar a un señor disfrazado con gomaespuma de monstruo cuaternario caminando entre maquetas y coches de juguete (que Godzilla es, y siempre ha sido, eso) para hacer lo mismo pero de forma digital y con más ruido que una sesión trance de Kiko Rivera. Si esto es lo que da de sí la maquinaria creativa de la industria del cine, solo puedo decir una cosa:

Que os den…

Y que venga Chimo Bayo y haga la banda sonora…

 

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