Edelgard. Diario de un sueño.

Edelgard. Diario de un sueño. José Fernández Arroyo. Isla del náufrago, Segovia, 2014, 489 págs. 20 € De venta en www.isladelnaufrago.com.

Por José Miguel López-Astilleros

Edelgard diario de un sueñoEl diario es un género literario (o subgénero a decir de otros) que no hay que confundir con  la autobiografía y las memorias. La diferencia fundamental con estas últimas es que en aquel la sinceridad es muy superior, y más específicamente en los diarios íntimos, como este de J. F. A. En nuestras letras los escritores y artistas en general no han sido muy proclives a este género, así como a cualquier otro tipo de literatura memorialística, aunque tenemos ejemplos y excepciones loables como puedan ser los diarios de Moratinos y Jovellanos, el Diario íntimo de Unamuno, Los cuadernos de un vate vago o Mi fuero interno de Torrente Ballester, o el Diario de Carlos Edmundo de Ory, comenzado en 1942, unos años antes que Arroyo el suyo. En esta tradición es donde se inserta el diario que nos ocupa, sin contar la europea, que tiene ejemplos notables en Katherine Mansfield, Virginia Woolf  o André Gide en el siglo XX, por citar algunos.

José Ferández Arroyo (nacido en 1928 en Manzanares, Ciudad Real) es un poeta, escultor y pintor adscrito al Postismo. En el prólogo Anna Caballé nos cuenta cómo a los diecisiete o dieciocho años y en plena ofensiva anticomunista del régimen autoritario, su hermano le regala el diario de Alejandra Rachmanowa, cuyo modelo le servirá al menos de estímulo. Comienza a escribirlo con veinte años, en 1948, por tanto constituirá el reflejo del sentir de un muchacho de los años cincuenta en la España franquista. A través de sus paginas asistimos a la evolución y maduración de su personalidad, desde una primera y espontánea ingenuidad juvenil a una reflexión fruto de sus experiencias vitales y pensamientos. Así sucede con sus convicciones religiosas, a las que dedica una buena parte de su testimonio, estas comienzan con una fe inquebrantable y terminan con una crisis espiritual, que le llevará a la pérdida de la fe, sobre todo en el Dios de la Iglesia católica. Otro aspecto esencial es el relativo al amor, un camino que recorre desde la inocencia de un concepto platónico hasta la preocupación por los primeros besos y el sexo, en el cual se iniciará como la mayor parte de los jóvenes de la época, en brazos de prostitutas, dada la represión física y moral machista que se ejercía sobre las mujeres de entonces. Donde también podemos observar el cambio que se está operando en su interior es en la opinión que tiene sobre los demás, es difícil, por no decir imposible, encontrar un juicio negativo no sobre escritores y artistas conocidos, sino sobre cualquier persona de su entorno, hasta que hacia el final nos muestra cómo la vida le ha enseñado a ver la realidad de una manera más lúcida, un ejemplo de esto será lo que piensa sobre el comportamiento de algunos poetas, que contrastará visiblemente con la sencillez y humildad de su alma.

Edelgard. Diario de un sueño no sería lo que es sin la relación epistolar que el autor establece con Edelgard, una chica alemana con la que se escribía habitualmente. Ambos se enamoran uno del otro, pero será un amor imposible debido a la enfermedad de ella. Cobra especial importancia para el autor y el lector el descubrimiento de la fascinante y embriagadora personalidad de Edelgard, a través de la traducción de sus cartas por el mismo J. F. A., así como sus circunstancias personales, entre las que se encuentra ser hija de un ex oficial nazi, cuya familia fue expulsada de la ciudad de Stettin tras la guerra, hoy de soberanía polaca (Szcecin). Tras leer este magnífico diario, nos quedará el imperioso deseo de conocer más a Edelgard, y cómo no su historia de amor con J. F. A., un deseo satisfecho sólo con la lectura de la admirable novela de José Antonio Abella, La sonrisa robada, a quien como editor hay que felicitar por ofrecernos por fin una pulcra edición completa de tan emotivo diario, acompañada de numerosas fotografías, dibujos y reproducción de textos manuscritos originales.

Una de las conclusiones que extraemos de este libro es el ansia de comunicación del autor, tanto con sus amigos como con su familia o cualquier ser humano por medio de su arte. Aparece por tanto inserto en el ambiente intelectual de aquel tiempo, entre artistas como el poeta manchego Angel Crespo, Carlos Edmundo de Ory o Carlos Bousoño, o pintores como el también manchego Gregorio Prieto o Salvador Dalí, entre otros muchos. Pero lo más sobresaliente es descubrir la sinceridad verdadera y la grandeza de un hombre bueno, que procedente de una familia humilde, tiene que hacer frente a las dificultades que encuentra en la vida para salir adelante.

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Una respuesta a Edelgard. Diario de un sueño.

  1. Mil disculpas por la errata. Donde dice “Moratinos” queríamos decir “Moratín”, nos referimos al “Diario : (Mayo 1780 – Marzo 1808)” de Leandro Fernández de Moratín.

    José Miguel López-Astilleros
    17 junio 2014 at 14:58 pm

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