Canal Nostalgia: “Si lo sé no vengo”

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POR GABRIEL CÓRDOBA.

Habilidad: Dícese de la “Capacidad y disposición para algo”, o “Gracia y destreza en ejecutar algo que sirve de adorno a la persona, como bailar, montar a caballo, etc.” o bien “Enredo dispuesto con ingenio, disimulo y maña.”

 No se me ocurre otra forma de comenzar a hablar de uno de los programas más completos y divertidos de nuestra televisión de finales de los ochenta. Idas, venidas, locuras, preguntas y respuestas, junto a pruebas, dinero, y viajes, y un ya incombustible Jordi Hurtado junto a la voz del mítico Juanjo Cardenal. Que lio de programa, “Si lo sé no vengo”.

Durante tres años, del 1985 al 1988 en TVE, el cómico programa nos mantuvo entretenidos llenando de contenidos muy variopintos nuestra sala de estar de la mano de un, por entonces, muy joven Jordi Hurtado. Se dividía en dos partes claramente diferenciadas; en la primera el concursante tenía que superar unas pruebas de habilidad que se iban acumulando con el tiempo y, a la vez, contestar las preguntas que venían de la voz de Juanjo Cardenal con el famoso aviso “Atención pregunta”. Por cada prueba superada correctamente el aspirante iba acumulando kilómetros para canjear al final del programa y por cada acierto en las preguntas acumulaba dinero. Es difícil describir esta primera parte si alguno de los lectores nunca ha visto el programa (ya aviso que hay pocos videos de él en internet) pero la mezcla de Jordi Hurtado persiguiendo al concursante con unas tarjetas cantando las pruebas, personajes alocados interrumpiendo continuamente y las preguntas del aire junto a una realización caótica hacían del show un verdadero hervidero de alegría y risas aderezado con una dosis de emoción que nos llevaba a la más absoluta diversión.

Jordi Hurtado en "Si lo sé no vengo"

Jordi Hurtado en “Si lo sé no vengo”

En la segunda parte llamada “Doble o mitad” el concursante se jugaba doblar sus kilómetros y su dinero si conseguía superar cinco pruebas extras. Cada cierto tiempo, se oía una sintonía que indicaba al concursante que tenía que cambiar de prueba subiendo al estrado y gritando una frase cómica que los guionistas habían escrito para él. Si al final no conseguía acabar las pruebas a tiempo, su importe se dividía por la mitad, aunque aún le quedara una prueba extra especial.

“Si lo sé, no vengo” era una hora divertida, sin pretensiones, que unía cultura, risas y desparpajo y que ilustraba muy bien lo que era nuestro país en los años ochenta, contemporáneo de “La bola de cristal”, “El planeta imaginario”, “Barrio sésamo”, “3×4” y otros tantos que juntos definían una televisión innovadora (para su época), que se hacía eco de la calle, que buscaba hacer de nuestra sociedad un sitio mejor sin chabacanería, amarillismo y violencia gratuita (física y verbal).

Todos los amantes del arte saben que la mayoría de la comedia tiene fecha de caducidad por eso de que el drama es universal pero la comedia no (si leemos ahora una comedia de Moliere no nos hará tanta gracia como hacia entonces, aunque “Edipo Rey” de Sófocles sigue siendo desgarradora). De ahí el mérito de que al ver “Si lo sé no vengo” aun nos riamos. Esta es la televisión que nos merecemos; elegante, divertida, motivadora e imperecedera. Yo aun tengo la esperanza de ver algo parecido en un futuro próximo, porque que a veces si lo llego a saber no enciendo la tele.

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