Lars Von Trier, el genio incómodo

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El formidable cineasta danés Lars Von Trier ha sido tachado de misógino, antisemita, sádico, despiadado, cruel, excéntrico y loco, entre muchas otras etiquetas. Quizás algunas de estas nociones negativas tengan algo de cierto; pero lo que queda claro es que probablemente provengan de un genio que se ha encargado de labrar un estilo cinematográfico muy personal, mismo que ha influido notablemente en el panorama actual del séptimo arte.

Recordemos el revolucionario Dogma 95 del cual es enteramente responsable, en un inicio fue tomado muy en serio y se convirtió en un verdadero dogma entre cineastas que aspiraban a  transformarse en artistas trascendentes. Constaba de  diez simples reglas.

Con el tiempo, Dogma 95 terminaría confirmándose como una especie de moda pasajera, pero Von Trier jugó con esa noción que alteraba al sistema, el cual buscaba desesperadamente alimentarse de algo nuevo –como suele hacerlo con cualquier cosa que genere interés del público. Eran restricciones que forzaban la creatividad de los cineastas, pero al mismo tiempo proveían un peculiar código, le otorgaban una calidad estética peculiar y dignificaba al cine desde una perspectiva histórica.

Eventualmente el danés se rebelaría contra si mismo, liberándose de su propio dogma con la filmación de Bailando en la Obscuridad (2000), en donde rompe prácticamente todas sus reglas, y dejando en el aire a toda una generación de creadores que habían depositado una fe ciega en el manifiesto de Dogma 95.

Por otro lado, Von Trier ha confrontado a los medios del espectáculo, cuestionándolos pero sumergiéndose en ellos, al grado de castear a populares actores hollywoodenses, como Nicole Kidman, para Dogville (2003), en una farsa que desnudaba a la película de cualquier escenografía.

Posteriormente, con Anticristo, se dedicó a hacer cine shocking en pleno 2009, un acto retro en una cinta que llamaba la atención por su crudeza y al mismo tiempo un maravilloso lirismo en la pantalla, llevando al extremo el medio digital. Lars Von Trier es alguien que utiliza el tiempo en el que habita para lograr plasmar sus historias de la manera más impactante para el que las mira, detonando experiencias estéticas y no simple entretenimiento.

Los inicios de Von Trier plantean a un joven que filma como adulto, sumergiendo a la audiencia en una letargo auditivo apoyado en imágenes alucinantes saturadas de elegancia que hipnotiza. El Elemento del Crimen (1984) y luego Europa (1991), son sinfonías en blanco y negro de alto contraste pero con presencia resaltada de algún color en ciertos momentos extremos, como el rojo de la sangre por ejemplo; cine negro sobre una grúa de ruedas y suaves movimientos infinitos.

Curiosamente, sin caer en complacencias, después se traslado al otro extremo, con Rompiendo las Olas (1996), apoyándose en el veterano fotógrafo Robby Müller, a quién forzó a completar los más violentos movimientos en una cámara en mano que nunca se detenía, para  poder abarcar secuencias que no dejaban de moverse aproximándose a la vida –Von Trier abrazo el realismo y ya nada fue lo mismo otra vez.

En cuanto a Nymphomaniac (2014), su más reciente cinta, es una historia dividida en dos partes, y protagonizada por Charlotte Gainsbourg quien se ha convertido en la diva del “Von Stroheim de la nueva era” (de ahí viene su apodo, porque en realidad se llama únicamente Lars Trier). Pero, ¿por qué será que Gainsbourg le aguanta todo?, ¿será una suerte de doncella secuestrada por un pirata en altamar que también es hipnotista?, ¿estará experimentando el síndrome de Estocolmo?; lo único cierto es que ésta relación encierra misterio, y este enriquece una película. Ella declaró no hace mucho para Vanity Fair: “Nadie me había pedido que fuera tan lejos. Resultó excitante e intenso, con tanto sufrimiento… A veces me sentí realmente mal. Nunca había vivido nada tan fuerte”. Parece un testimonio de alguien que esta recuperándose de las adicciones mas terribles, o quizá haya sido miembro de alguna secta encabezada por un oscuro gurú, o todas las anteriores en algún sentido. Pero en otro, podríamos hablar de la relación padre-hija que revive un director con su actriz principal, en esta arena puede ser que Von Trier tenga un talento especial para hacerlas crecer hasta donde es humanamente posible. Este proceso puede llegar a ser desgarrador, mucho más para alguien como Charlotte Gainsbourg quién cantó por primera vez con su padre Serge Gainsbourg, una canción con una letra que claramente hablaba de incesto, “Lemon Incest” que resultó por demás un escándalo para la prensa hace treinta años.

Acerca de los temas sexualmente explícitos, Von Trier produce cine porno con su compañía Zentropa desde hace tiempo, y con gran éxito. Parte de ello, es que varias han sido dirigidas por mujeres. Por ejemplo All About Anna (Jessica Nilsson, 2005), a diferencia de la oferta pornográfica mundial, es delicada y apta para ser disfrutada por una audiencia femenina… una producción inteligente.

trier

Eso es el cine para este hombre, terreno fértil para seguir experimentando una y otra vez, aunque esa introducción de Melancolía (2011) parecía más una campaña de publicidad de perfume con Kristen Dunst, llevaba en sí más riesgo en su ejecución que cualquiera de las películas que se ruedan normalmente. Pero fue cuando la presentó en Cannes que se desató la polémica, afirmando “que entendía a Hitler” y declarándose admirador de Speer, quien fuera arquitecto del tercer Reich.

Lo qué queda claro es que Von Trier ha sido un especialista para incomodar, ya sea a su audiencia, a sus actores, a los medios, pero sobre todo a sí mismo. Esa incomodidad se traduce en una estética peculiar, peligrosa, siempre a punto de sucumbir ante el ego de este artista.

Fuente. Sphere

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