La extraordinaria aventura de Ricardo III sobrevive a trancas y barrancas

Por Horacio Otheguy Riveira

 

 Escenografía, luces y vestuario óptimos. Asunción Balaguer, Terele Pávez, Ana Torrent: las tres perlas de una corona que lleva con muchas dificultades Juan Diego. Una versión muy extraña en la que, cada tanto, un poco por aquí y otro poco por allá, se vislumbra la poderosa genialidad de la obra original en la descripción de un hombre deforme que conquista la corona y las mujeres que desea por la fuerza, y a través del asesinato.

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Todo el texto tiene una base sólida y un contexto histórico muy preciso que aquí se omite y por tanto vamos casi siempre a tientas … hasta que de pronto irrumpe cual ángel fascinante una anciana que maldice su suerte y desea lo peor porque le han destruido la vida, y lo dice Asunción Balaguer con tal minuciosidad y prestancia a sus cercanos 90 años, y es tan bello el texto que vocaliza maravillosamente que uno quiere seguir escuchándola; otro tanto con Ana Torrent en el papel de la mujer cuya familia es destruida por el monstruo, un Ricardo III al que Juan Diego le impone una excesiva deformidad que le hace muy difícil moverse y respirar para poder vocalizar un texto de tanta densidad.

Eso sí, tiene momentos gloriosos en los que se entra de lleno en el drama con su sobrecarga de humor negro, de ironía fatal. Pero al rato uno vuelve a quedarse fuera, expulsado del paraíso teatral cual coitus interruptus, y otra vez el vaivén de una función que no tiene piedad. Ni siquiera cuando Terele Pávez, en el gran personaje de la madre de Ricardo, ha de vérselas con una versión del texto muy reiterativa y embrollada.

Arranca Ricardo/Juan Diego como comienza la obra:

Ya el invierno de nuestra desventura

se ha transformado

en un glorioso estío por este sol de York…

Un comienzo prometedor, fiel al original, que dura poco porque enseguida todo el texto se desmadeja y los personajes empiezan a deambular dando la impresión de que no saben por dónde van. Y es que la idea de la “dramaturgia” imperante ha ido por poner en el comienzo lo que va en el último tramo como uno de los desenlaces más conmovedores de la historia del teatro, además del aspecto sobrenatural, mágico, de la muerte que llama a la vida para cantarle las cuarenta, que tanto interesara a Shakespeare.

Así las cosas, cuando rumbo al final, en vísperas de la definitiva batalla de Bosworth, Shakespeare hace levantar de la tumba a sus principales víctimas para decirle: Mañana en la batalla piensa en mí… Desespera y muere, aquí va al principio, y a continuación vemos un flashback de lo que sucedió cuando estaban vivos.

Eso sí, el lío del texto se desenvuelve dentro de una puesta en escena visualmente muy rica y con algunos actores estupendos. Pero Ricardo III y su vibrato dramático e histórico brillan por su ausencia demasiado a menudo en un desfile de caprichosas circunstancias.

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Terele Pávez y Juan Diego. Asunción Balaguer, el director Carlos Martín, y Ana Torrent.

Las preguntas y respuestas que circulan por la piel de los personajes funcionan mucho mejor en una resolución plástica que va paralela al espectáculo de la palabra de Shakespeare.

Así resulta admirable el vestuario con los amplios trajes de las mujeres que les permiten un movimiento casi coreográfico que invita a seguirlas de cerca, a esforzarse en escuchar y comprender la profundidad de sus textos y sus personalidades, sin duda las máximas autoridades como personajes de la función, también con buenas escenas de Lara Grube, además de las actrices ya mencionadas.

El diseño de la iluminación es de una gran solvencia. Hace mucho tiempo que no veía un juego de luces tan complejo en el que las penumbras permiten recreaciones de ambientes (en una escenografía de escaso mobiliario) y a la vez logran que sigamos viendo las caras de los actores, algo que suele difuminarse cuando los iluminadores se hacen los creativos con las sombras, y más allá de la fila 5 no se distingue con claridad ningún rostro. Aquí sucede todo lo contrario: las luces crean filigranas de atractiva atmósfera y a la vez se distinguen todas las expresiones de los intérpretes.

En síntesis, un espectáculo que alterna lo que me parece muy fallido con aciertos indudables, en un esfuerzo actoral encomiable. ¿Entre lo peor y lo mejor vale la pena verlo? Por supuesto que ningún amante del teatro debe perderse este intento por apresar una de las obras más grandes del repertorio universal. Además, las serias dificultades del protagonista, Juan Diego, noche a noche se van limando y enriqueciendo, a pesar de tener en contra una versión realmente muy discutible.

Como complemento hay dos películas muy recomendables, tampoco redondas, pero al menos desarrollan la obra de Shakespeare en dos vertientes: la de plena aceptación de la época y el texto del autor, y una versión mucho más libre: en el primer caso, la primera película que se hizo sobre esta obra, protagonizada y dirigida por Laurence Olivier en 1955 (duración: 2 horas 40 minutos), y la segunda con Ian McKellen en 1995, adaptada a 1930 (en lugar de finales del siglo XV) con una duración de 1 hora 40 minutos. También es muy interesante Looking for Richard, un documental dirigido y protagonizado por Al Pacino en torno a la creación de esta obra.

 

fotonoticia_20141031185523_800Sueños y visiones del rey Ricardo III,
La noche que precedió a la infausta batalla de Bosworth

Autor: William Shakespeare

Dirección y versión escénica: Carlos Martín (basada en la dramaturgia de José Sanchis Sinisterra)

Intérpretes: Juan Diego, Asunción Balaguer, Terele Pávez, Lara Grube, Ana Torrent, Juan Carlos Sánchez, José Hervás, Carlos Álvarez-Nóvoa, Jorge Muñoz, José Luis Santos, Anibal Soto, Óscar Nieto

Escenografía: Dino Ibáñez/Miquel Ángel Llonovoy

Audiovisuales: David Bernués

Iluminación: Pedro Yagüe/José Manuel Guerra

Vestuario: Ana Rodrigo

Composición y espacio sonoro: Miguel Magdalena

Producción: Teatro Español

Lugar: Teatro Español

Fechas: Del 6 de noviembre al 28 de diciembre de 2014

Encuentro con el público: jueves 27 de noviembre al finalizar la
Representación. Entrada libre, hasta completar aforo

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