La novia del viento

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Por Mariña Alonso López.

LeonoraElla. Leonora. La extraña e increíble criatura que un día se levantó para enfrentarse al mundo, nació en 1917 en Lancashire, Inglaterra, en el seno de una familia acaudalada. Su padre, de hecho, era un magnate de la industria textilera inglesa, y una figura esencial en la vida de la pintora que, para bien o para mal, la acompañaría hasta el final de sus días.

Leonora Carrington creció y se educó junto a sus hermanos y su nanny, quien se encargó de procurarle a la artista un mundo de fantasía habitado por los sidhes, ajeno a la realidad exterior, el cual se convertiría , a posteriori, en materia de inspiración para sus obras. Muy pronto Leonora se dio cuenta de que podía y debía ofrecerle al mundo y a sí misma un tipo de arte vinculado al universo mítico celta y su contacto, siendo muy joven, con el Surrealismo le valió para asimilar las influencias que marcarían su producción de forma inexorable.

Desafió, qué duda cabe, los convencionalismos de su época para irse a vivir con un hombre casado, un pintor que estaba marcando un nuevo camino en el arte del siglo XX, y rompió deliberadamente con las expectativas familiares y sociales que sobre ella recaían. El pintor al que me refiero, por supuesto, es Max Ernst (1891 – 1976). La labor creativa de la inglesa a partir de su primer contacto con Ernst fue una suerte de exorcismo de sus propias emociones y de la historia casi épica que vivió con el artista alemán. Así, mientras Leonora inmortaliza en el lienzo a Ernst con un largo manto de plumas granate que termina en cola de pescado en su Loplop, el pájaro superior (1939), él la retrata a ella en Leonora en la luz de la mañana (1940). Un intercambio artístico y emocional, de entrega y veneración mutua, que culmina con las pinturas murales que todavía se pueden encontrar hoy en la casa que la pareja habitó durante un año en St. Martin D’ardèche, un pequeño pueblo al sur de Francia.Leonora en la luz de la mañana (1940)

Motivos ajenos a su voluntad la separaron de aquello que más quería cuando recién acababa de abrirse al mundo y la forzaron a vivir experiencias verdaderamente dramáticas. La Segunda Guerra Mundial obliga a Leonora a iniciar un nuevo camino, que la llevará, finalmente, a establecer su residencia en México D.F., y a entablar relación con personajes influyentes en el panorama artístico y cultural mexicano como Renato Leduc, Remedios Varo, Octavio Paz, y un largo etcétera.

Su producción artística, siempre abundante, ha ido más allá de las artes puramente plásticas para adentrarse en la literatura y el teatro. En bas (Memorias de abajo, 1940) es, en sí mismo, la encarnación en prosa del terrible dolor y del impacto tan brutal que su paso por un manicomio de Santander debió de suponer para la autora.

Leonora, surrealistasEs Leonora un personaje que ya ha pasado a instalarse, merecidamente, en la Historia del Arte, y una figura sobre la que se ha escrito más de lo que pensamos. Pero ante todo, Leonora Carrington es ese género de mujer decidida, atrevida, extraordinaria hasta el extremo, pero también frágil, tan frágil como el universo ritual y místico que ella parecía plasmar en cuadros como La Giganta (1947 o El mundo mágico de los mayas (1963).

Poniatowska, E. (2011). Leonora, Bacerlona, Seix Barral

Poniatowska, E. (2011). “Leonora Carrington o la rebeldía” en Hemeroteca de El País. [En línea]. Disponible en: elpais.com/diario/2011/05/28/cultura/1306533603_850215.html (Fecha de acceso: 29 de noviembre de 2014)

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