Frío en julio (2014), de Jim Mickle

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Por Miguel Martín Maestro.

frio en julioPeriódicamente hay que volver a lo mismo, por qué, cómo, cuándo, quién decide lo que es estrenable y lo que no, lo que llega directamente a DVD o VOD o lo que llega a salas, o incluso, lo que no tiene que llegar. Jim Mickle, por poner un ejemplo, o Jeremy Saulnier, son relativamente jóvenes y hacen cine de género, no remarcadamente anclados en un género sin mezclas, pero de género. Sería un cine propicio para las salas multicines, es cine americano, es cine negro fundamentalmente, y sin embargo, con la excepción de la actualmente en cartelera Blue Ruin, su cine es un perfecto desconocido para el espectador.

Tener frío en julio en el hemisferio norte indica el verdadero estado de ánimo de los protagonistas, helados, congelados en su propia casa tras la escena inicial y el desarrollo ulterior de la trama. Un americano corriente, amparado por su autodefensa y con las enmiendas constitucionales que hagan falta en su apoyo, dispara a una persona enmascarada que ha asaltado su casa en plena noche, disparo producto del miedo más que de la consciencia, consecuencia de la facilidad innata de ese país para conceder arma a todos sus ciudadanos, que acaba con la cabeza reventada del presunto ladrón y que va a trastornar la vida diaria de la familia. Lo que parece un relato criminal con tintes judiciales, rápidamente pasa a un relato de acoso, del presunto drama en el que el pobre ciudadano puede verse envuelto en un caso judicial por homicidio se pasa al hombre que es inquietado por el padre del asaltante recién salido de la cárcel, pareciendo esto una revisión de El cabo del miedo.

Pero los giros no acaban aquí, un despiste policial hace saltar las alarmas del sufrido y honrado padre de familia, el acosador ha sido detenido pero puede que el muerto no sea quien la policía dice que es y todo sea un montaje para deshacerse del padre poniendo un cebo asequible en forma de familia tejana. El desarrollo de la trama se sitúa ahora en el relato de mafia y corrupción policial, de actuación al margen de la ley, como una versión reducida de L.A. Confidential para eliminar pequeños delincuentes molestos en la comunidad. No acabamos aquí, el sufrido y angustiado  Richard (solventemente interpretado por Michael C. Hall) consigue llegar al vengador padre (qué decir reencontrando a Sam Shepard en pantalla) y convencerle de la jugada policial, ahora la trama se encamina hacia la búsqueda del hijo perdido, para lo que se necesita el apoyo de un tercer hombre, uno de esos entre el bien y el mal, con contactos en el FBI y en el hampa (encarnado por Don Johnson, sí, el mismo).

Lo que parecería que va a transformarse en un convencional relato de protección del hijo para evitar su eliminación de manos de la mafia se transforma en un drama shakespeariano de marca mayor tras el descubrimiento de una cinta de vídeo (sí, vídeo, estamos en 1989 en el interior de Texas). Ahora cambiamos de género, dentro del cine negro, y sin revelar este cambio de guión por su inesperado y crudo planteamiento y mucho más definitivo desenlace.

Richard y Ann Danne (Vinessa Shaw, otro rostro relativamente conocido) serían la traslación al relato criminal del pobre John Doe de Capra en la comedia amable y optimista, Danne-Doe, en definitiva, gente corriente atrapada en situaciones ni buscadas ni queridas, uno más de nuestros vecinos cuya vida se ve trastocada por fuerzas mucho mayores e inabarcables para un simple enmarcador de una ciudad de medio pelo del oeste americano, con su casa familiar con jardín, la esposa guapa dedicada a la casa y al hijo y que deja pasar los días entre barbacoas y cervezas. Lo que Richard desconocía es su capacidad de tomar decisiones e, incluso, de adentrarse en el camino peligroso de la maldad y de la justicia poética. Al principio de la película Richard y Anne duermen tranquilamente, el miedo hace temblar las manos de Richard antes de enfrentarse al ruido del ladrón, al final, en la misma cama, las posiciones no son iguales, la esposa sigue durmiendo, tranquila en la inopia en que su esposo ha querido mantener a la familia para protegerla, quien ya no puede ser el mismo es Richard, alguien a quien el azar ha transformado en otro ser, ni mejor ni peor, obligado a hacer lo que nunca se hubiera atrevido a enfrentar de manera voluntaria.

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