El viento de Viena, de Helena Cosano

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Por Elena Rosillo.

“La verdad os hará libres”. La frase es tan vieja y tan sobradamente conocida, que ni tan siquiera es necesario mencionar a su creador. Una frase por la que se han cometido las mayores atrocidades y las mayores bondades. “La verdad os hará libres” fue lo que le dijo Jesús a los judíos. Pero Helena Cosano no es una mesías enviada en nombre de Dios. Helena Cosano es escritora. Y, sobre todo, es mujer. Y lo que la Cosano nos dice es que la libertad es volar. Y para volar, hay que conocer. Y para conocer, hay que dejarse sufrir, amar, perdonar… vivir.

Y es que El viento de Vienta (Los Libros del Olivo, 2015) es una novela profundamente religiosa, a pesar (o quizás, sobre todo) de las orgías, del sexo que inunda cada una de sus páginas, de su hedonismo y su vitalidad. A pesar, o quizás gracias a todo esto, Helena Cosano ha escrito un libro que rezuma sabiduría y sacralidad. Como si de un libro sagrado se tratase, la Cosano adapta al modelo humano las grandes verdades que los grandes libros se han empeñado en inculcarnos a través de los malogrados hábitos del sacrificio y el sufrimiento. Porque lo que Helena Cosano ha escrito no es una novela, sino un tratado de filosofía, una declaración de intenciones. Un testamento vital.

Porque ella ya demostró que podía escribir conforme a los cánones en Cándida diplomática (Algaida literaria, 2011), y que podía hacerlo conforme a la teoría narrativa en Almas brujas (Sial Pigmalión, 2013). La Cosano ya ha demostrado todo lo que tenía que demostrar, y ahora, con El viento de Viena, ha hecho lo que le ha dado la real gana con “soberana libertad” (una expresión que encontramos más de una y dos y tres veces a lo largo de la novela). Una libertad que le ha valido el primer premio Buitrago de Lozoya de Narrativa.

Pero queda algo que advertir. Y es que, a pesar de los premios y los reconocimientos que atesora, esta novela no va a gustar. Lo siento por Helena, y lo siento por aquellos a los que (como es previsible) no guste. Porque no os va a gustar. Os va a remover. Os va a hacer pensar en cosas en las que no queréis pensar. Y os hará reir. Y os hará pensar que habéis malgastado vuestra vida viviendo como os lo han mandado, pobres mariposas sin polvo en las alas. Os va a demostrar que volar es posible, y que vosotros no lo habéis conseguido. “Si lo que buscas es vivir cien años, no vivas como vivo yo” que diría Sabina.

Y tampoco lo váis a entender, porque es posible que ni la misma Cosano entienda todavía lo que ha escrito: una novela sin un ritmo fijo, sin una línea ni un argumento claro, sin una pauta ni una lógica coherente. Una novela que sigue un flujo mental, más que narrativo. Una novela diferente. Loca, loquisima. Casi como una montaña rusa emocional. Casi como una mujer encerrada en las páginas de un libro. Casi como un ser vivo. Eso es el (mal titulado) Viento de Viena, que debería haberse llamado Todos locos.

Ahora que ya estáis advertidos de por qué no os va a gustar El viento de Viena, os voy a contar por qué le gustará a esos pocos elegidos que os atrevéis a “llegar” a esta novela con la mente abierta y pureza en el corazón (casi como si fuerais a recibir el bautismo).

Os gustará porque sentiréis el olor de los dulces del desierto en el paladar, a pesar de no haberlos probado, ni haber viajado a Israel, y sentiréis en vuestra piel la angustia del ángel caído en El cielo sobre Berlin (Wim Wenders, 1987), al no poder saborear los manjares humanos. Os gustará porque volveréis a sentiros como si tuvierais veinte años y toda la vida por delante para arrepentiros de todas las locuras que no habéis cometido todavía. “Porque hasta los huesos solo calan los besos que no has dado, los labios del pecado” que volvería a decir Sabina. Porque os van a entrar ganas de vivir tanto que concentremos mil vidas en un solo minuto, como hace Sarah; que queráis matar a vuestra mejor amiga y después perdonarla con un cappuccino en la mejor cafetería de Viena, como hace Liubka. Que querais hablar con los espíritus, como Ariel. Y dejaros llevar por la locura a pesar de estudiar psiquiatría, como le ocurre a Eleonor. Querréis tirar el libro de la Cosano a la basura y hacer todo eso que aún no habéis leído.

ya he mencionado antes que El viento de Viena es un título que no le llega ni a la suela de los zapatos a la novela de Helena Cosano. Ella iba a titularla Todos locos. Yo me permito dar mi particular opinión del asunto, y proponer otro título alternativo: 30 cosas que hacer antes de los 30. Porque, a pesar de estar dividido en 50 capítulos (¿”Las cincuenta sombras de Viena”?), en ella aparecen 30 misiones que todo veinteañero debería cumplir a rajatabla para entrar en la secta de la Cosano. 30 leyes que marcan la tabla de la ley Heleniana:

  1. Viaja a Viena. Y descubre que, incluso allí, se puede ser feliz.
  2. Haz amigos. No tienen por qué llamarse Liubka, Ariel, Sarah o Susi.
  3. Empieza una nueva etapa.
  4. Haz planes.
  5. Vive en aeropuertos.
  6. Viaja a Israel.
  7. Piérdete en un laberinto.
  8. Duerme en un desierto.
  9. Recuerda tus propias pesadillas.
  10. Déjate llevar. Y juega al azar.
  11. Vuelve a viajar. Y vuelve.
  12. Estudia. Ve a clase.
  13. Prueba la danza del vientre.
  14. Aprende a escuchar y a ver la realidad, no lo que tú proyectas.
  15. Haz yoga.
  16. Piensa en el suicidio. Y deséchalo.
  17. Practica la psicología.
  18. Descubre el tantra.
  19. Pregúntate si estás loco. Y elogia la locura.
  20. Cree en milagros.
  21. Aprende a volar.
  22. Corta con tu novio.
  23. Pasa un domingo en soledad.
  24. Cree en espíritus.
  25. Practica el sexo redentor.
  26. Pasa un martes en una biblioteca.
  27. Métete en una secta. Y sal.
  28. Enamórate.
  29. Vete de vacaciones al mar en invierno.
  30. Y, si te casas, que sea pragmáticamente.

¿Estás preparado para entrar en el universo de Helena Cosano? No hay pecados, el sexo es obligatorio. Y hay mucho, mucho café. Tened cuidado aquellos con miedo a las alturas. Ninguna mariposa sufre de vértigo.

 

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2 respuestas a El viento de Viena, de Helena Cosano

  1. La verdad es que dan ganas de leer la novela y dejarse llevar por ese viento vienés.
    Muy buen artículo, como muchos de los que escribe Elena, os recomiendo seguir su blog sobre en:
    https://elenarosillo.wordpress.com/

    JGdE
    20 marzo 2015 at 15:44 pm

  2. Muchas gracias, JGdE!! Me alegra que sigas el blog, y también tu comentario en Culturamas! Saludos lectores 🙂

    elenarosillo.wordpress.com

    Elena Rosillo
    20 marzo 2015 at 15:47 pm

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