André y Dorine, un gran abrazo teatral sin palabras

Por Horacio Otheguy Riveira

 La vida cotidiana en una familia, el tiempo que avanza, la memoria que se pierde y la memoria que reconstruye la felicidad del pasado: el dolor y la felicidad en un escenario sin palabras por un trío de excelentes actores que parecen muchos más, a través de un espectáculo muy completo, afinado como una sinfónica de sentimientos universales. Por algo ya han recorrido más de 20 países… En Madrid, hasta el 12 de abril.

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Cuando al final agradecen los aplausos, el entusiasmo del público es un poco tímido, todavía agazapados bajo el emotivo final abierto, el círculo de la vida retomando la energía de quienes aguardan nuevas enseñanzas del pasado… Pero en cuanto reaparecen los tres actores con las máscaras quitadas, y queda en evidencia que el “gran elenco” que creíamos haber visto se reduce a tres que con enorme talento asumen todos los personajes, y además muy jóvenes, entonces la ovación es absoluta: con un nudo en la garganta y lágrimas de quienes no temen expresar su emoción sin límites.

Una emoción que genera la propia historia de amor y diversión, de angustia e inquietud de personajes cuya trayectoria vital se desliza como por un encantador lago de sensaciones cuyas palabras sólo circulan por la mente de cada espectador: en escena sólo movimientos, acciones ricas en matices, siempre claras, sin lugar a oscuridades ni dobleces, hombres y mujeres con máscaras que conviene ver a cierta distancia (así está establecida la relación butacas-escenario) para comunicar mejor con la sucesión de cuadros, bien acompasados por la música de Yayo Cáceres (un hombre de teatro muy completo, también en Trágala, trágala… y Ojos de agua, en la actualidad en Madrid).

Pero en la ovación final se añade otra emoción: la de constatar que todo lo visto y aplaudido es el resultado de un minucioso trabajo de equipo que ha logrado hacer de lo muy difícil una exhibición aparentemente “natural”, sencillamente fascinante y a la vez reflexiva.

Detrás de esta creación tan fluida y compleja, hay nada menos que 5 autores en la fabulación del guión; una actriz y dos actores que también participan en la elaboración de un texto riguroso para describir las escenas, que a su vez se reparten otras tareas en diferentes apartados. Todo para lograr una gran armonía capaz de consagrar un Teatro de Máscaras que en Madrid sólo conocimos en 2011, paso fugaz de la Compañía alemana Familie Flöz, y que bien pueden ser los padres de esta Compañía Kulunka Teatro que ya ha adquirido su propia personalidad con este primer montaje que ha sido visto en más de 20 países.

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La Compañía Kulunka Teatro nace de la inquietud de sus integrantes por experimentar con diferentes lenguajes escénicos, sin olvidar la idea de hacer un teatro accesible para el público. Un teatro vital, actual, comprometido y conectado con la realidad.

Este principio estético e ideológico de la Compañía logra un acontecimiento de gran valía: la rara unión de lo antiguo con lo moderno, máscaras y cine mudo, reunidos en el aquí y ahora de un mundo teatral en constante evolución y no pocos conflictos. Técnica y artísticamente resulta apasionante su capacidad creativa para hablarnos con una sonrisa y un cálido abrazo final, de momentos dulces, caprichosos, simpáticos, ingeniosos y dramáticos de la vida de tres personas, padres y un hijo, y hacernos sentir que nosotros, espectadores, somos sus mayores aliados, unos compañeros de ruta ansiosos por volverles a encontrar.

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André y Dorine

Teatro de máscaras para público juvenil y adulto

Dramaturgia: Garbiñe Insausti, José Dault, Iñaki Rikarte, Edu Cárcamo, Rolando San Martín

Dirección: Iñaki Rikarte

Ayudante de dirección: Rolando San Martín

Intérpretes: José Dault, Garbiñe Insausti, Edu Cárcamo

Escenografía: Laura Eliseva Gómez

Iluminación: Carlos Samaniego “Sama”

Vestuario: Ikerne Giménez

Máscaras: Garbiñe Insausti

Fotografía: Gonzalo Jerez

Música original: Yayo Cáceres

Lugar: Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa de Madrid

Fechas: Hasta el 12 de abril de 2015

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2 respuestas a André y Dorine, un gran abrazo teatral sin palabras

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