Teatro en el cine: genial Pacino en “La sombra del actor”

Por Horacio Otheguy Riveira

No más empezar la película, un primer actor  de teatro de 67 años entra en crisis  para recorrer algunos rincones de su mundo interior, sin nostalgia del pasado esplendor, pero inevitablemente “atado” a obras que ha interpretado. En el camino: una muchacha que le adora de niña, y variopintos personajes neuróticos entre quienes habrá de decidirse por crear un destino verdadero.

 

la-sombra-del-actor-imagen-6¿Cuál es el momento en que ya no se sabe distinguir qué es real, qué es ficción?

¿Cuándo se produce el crash que te despide de tu vida cotidiana y te lanza al vacío?

Un drama en el drama vital de un hombre de teatro con larga carrera de éxito. De inmediato fluye una tragicomedia que intenta por todos los medios desembarazarse de lo trágico para vivir a tope una depresión que le lleva a un psiquiátrico “donde el tratamiento consiste en convivir con otros enfermos más enfermos que yo”.

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La sombra del actor —título con el que se estrenó en España— en realidad se titula como el original de la novela de Philip Roth en que se basa: The Humbling, La Humillación. Título perfecto cuyo significado desencadena todas las situaciones por las que pasa el protagonista, siempre acompañado de personajes fugaces pero fundamentales para que vaya sembrando su delirio hasta alcanzar la cima a la que en verdad quiere llegar… un lugar de encuentro consigo mismo que no debe desvelarse.

El recorrido está lleno de hallazgos en los que a menudo lleva a cabo decisiones o fogonazos emocionales con espontáneos recuerdos de su pasado teatral: “Esto que me sucede parece una obra de Tennessee Williams”, “Cuando eras una niña te regalé la sortija que llevaba en Un tranvía llamado deseo“… O en medio de una conversación brotan de su voz rota y no menos hermosa frases de diversas obras de Shakespeare, o en sus delirios también se cruzan remembranzas complejas de Esperando a Godot, de Samuel Beckett.

El teatro como una vida “espontánea, natural, porque siempre estuve en escena como si hubiera nacido allí”, hasta que la vida y el deseo de morir se entrecruzan, se hacen amantes apasionados y a ratos fraternales rumbo a una soledad sin remedio, pero capaz de alcanzar las mayores cimas de creatividad…

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 Con numerosas secuencias muy divertidas, algunas lindantes con el humor negro (como cuando intenta matarse con el mismo rifle con que se mató Hemingway), y el mérito inmenso de un gran actor que interpreta a otro en declive porque el diálogo consigo mismo se vuelve imposible.

Además del humor, está presente una formidable banda sonora que permite navegar por encantadoras aguas por las que rara vez navega el protagonista, así como los ambientes prodigiosamente escogidos, y muchos detalles que salpican de maestrías varias esta obra maestra en la que, tras un mes en un lujoso psiquiátrico, continúa el actor en crisis con una terapia por skype, tan interesante como inútil.

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La realidad y la ficción se yuxtaponen, y lo hacen del mismo modo en que el sexo y las dificultades que provee la diferencia de edad permite variaciones sobre el mismo tema encaradas como si se tratara de una representación.

Las miradas, los pequeños gestos, las caídas y recuperaciones del personaje tienen en Al Pacino tal medida de creatividad que logra la genialidad de componer un personaje roto que se va armando a medida que la historia se desarrolla.

Los compañeros de elenco se plantean con una brevedad tan eficiente que resultan perfectamente enlazados con sus textos y sus perfiles (Charles Grodin, Dianne West, Dan Hedaya…).

Un guión perfecto que se salta algunas peculiaridades de la novela, muy características de Philip Roth: los detalles sexuales que aquí suceden muy al margen de los intereses detallados de Roth, y sin embargo cuadran perfectamente con la película, tienen mucho que ver con el pudor con que ha sido tratado el guión.

The-Humbling-PosterNo obstante, todo el tiempo está muy presente el tema que más ha acusado el novelista en los últimos años: el hombre vetusto y/o enfermo ante su imperecedero deseo sexual, más aún cuando una atractiva joven se le ofrece generosamente.

En cualquier caso, una obra maestra que, entre muchos aportes, ofrece un canto emotivo, profundo, divertido, sensual y muy teatral en el sentido más precioso de la palabra, una intimidad expuesta en la cercanía de espectadores que ansían tocar el auténtico corazón de la historia que le cuentan.

The Humbling, la humillación más radical que cualquiera  ha de afrontar: la del desprecio de la única persona que amamos en la inmensa soledad de un escenario vacío que ha de llenarse con nuestra presencia.

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