Feliz reencuentro con Chéjov en su “Jardín de los cerezos”

Por Horacio Otheguy Riveira

 Un paisaje chejoviano con espléndidas interpretaciones bajo la dirección de Ángel Gutiérrez,  “un niño de la guerra” que ha vivido en Rusia la sabiduría teatral del maestro, y ha tenido la inmensa generosidad de acercarla a España.

 

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Germán Estebas y Marta Belaustegui, los hermanos soñadores, y la hija que desespera ante la realidad que les va a llevar por delante (Lorena Neumann)

 El jardín de los cerezos es la última pieza teatral de Anton Chéjov, un médico, escritor y dramaturgo, que murió enfermo de tuberculosis a los 44 años, tras contraer la enfermedad contagiada por sus pacientes. Una obra en la que muchos directores creen encontrar la función ideal para inventarse cualquier cosa (por otra parte, lo mismo sucede con sus otros títulos).

Salvo honrosas excepciones, el resultado es muy pobre y aburrido, y uno sale del teatro con la sensación de un raro mitad y mitad: la obra que se vio es mitad del adaptador y el director, a veces la misma persona, y mitad —o menos— del autor original: para dar con una conclusión penosa.

En este caso hay un hombre al frente que es toda una garantía, Ángel Gutiérrez, “un niño de la guerra” que ha bebido en la Rusia soviética —y posterior también— la plena totalidad del gran teatro eslavo y ha aprendido mucho, y ha traído a España su Teatro Chéjov al que ha estado volcado durante muchos años, y aún lo está. Y hoy es una satisfacción muy grande poder disfrutar en el gran escenario del Valle Inclán de Madrid la totalidad de esta función que él mismo ha traducido, adaptado al castellano y dirigido con un formidable reparto forjado en el estilo de su manera de ver al extraordinario autor ruso. Tres horas de texto completo en el que nada fastidia, sobra ni ha envejecido.

Escrita en 1904, la trayectoria de sus personajes tiene una fuerza contemporánea tan impresionante que por momentos se asemeja notablemente al teatro del absurdo nacido después de la segunda guerra mundial, así como al teatro psicosocial de todo el siglo XX. En Chéjov probablemente esté todo lo mejor del teatro contemporáneo.

Pero más aún en este Jardín de los cerezos que muchas veces se ha representado con exceso de grandilocuencia y denso subrayado en lo melancólico de algunos personajes. Sin embargo, aquí y ahora hay una maravillosa ocasión de descubrir una poesía dramática distinta, en la que el fin de una época con su irremediable carga de confusión ideológica y emocional (estamos en 1904, y en 1905 se producirá el primer conato revolucionario, que estallará definitivamente en 1917) forma alianza con un humor muy sutil —por momentos muy directo—, dentro de una galería de personajes de enorme impacto, pues nos representan a todos, desde el más simple al más complejo: desde el viejo criado que amaba su servidumbre y rechazó la libertad que le otorgaban sus señores, a la dama soñadora que lo pierde todo por amor pero sigue moviéndose en un mundo irreal, o su hija que lamenta no tener dinero para entrar en un convento y borrarse de un mundo donde no es solicitada por el hombre que ama, o el nuevo rico que lo compra todo, pero sufre la carencia de la amistad y del amor de los demás, a los que intenta retener con dinero…

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La vida que se va de las manos como agua entre los dedos (alguien dice, al borde de la muerte: “Se me acaba la vida y me parece que no he vivido nada”), y no obstante también vibra la jovencita que carece de todo pero ama al eterno estudiante que se aferra a la revolución sin demasiado tiempo para salir de su egocentrismo y amar a la bella e ilusionada muchacha, pero corren, se agitan, se buscan a sí mismos y se empeñan en hallar nuevos caminos.

El jardín de los cerezos en esta versión es una maravilla por la que se circunda muy placenteramente: todos los actores se aúnan en bellísima armonía en torno al protagonismo de Marta Belaustegui (Dile a mi hija que me fui de viaje, Amantes…), como Andréievna Ranévsksya, la dueña de una finca que va a ser subastada por impago de intereses. Vuelve hundida, pues su amante la abandonó tras despilfarrar su fortuna. Pero es generosa, reparte lo poco que tiene, inconsciente, irresponsable, en un estado de ensueño que le hace ver pasar por el jardín a su madre muerta… Y es también una mujer apasionada, capaz de escenas demenciales, como la de la segunda parte, cuando seduce, rechaza, desea y detesta al joven que ama su hija menor, para finalmente pedirle disculpas y bailar un vals…

El drama desbordado junto a la comedia costumbrista, cuando no grotesca o dulcemente triste con empeños de danzar en alguna clase de alegría.

Un manto de sensualidad, una angustia existencial que se adelanta en el tiempo, y la profunda emoción de encontrarnos ante un teatro minuciosamente enriquecido con elaboradas interpretaciones, dirigidas como un coro sublime acompañado de expresiones precisas, inquietantes, esperanzadas…

Armónico reparto en el que sus protagonistas masculinos se enfrentan en situaciones imposibles de reconciliar, cada cual en su mundo cerrado. Sus intérpretes logran lo que casi siempre pareció imposible, que sus creaciones nos resulten perfectamente identificables con nuestra época. Así, Germán Estebas en el tío Gáyev, el hombre que lanza discursos líricos en cualquier momento y es capaz de dedicarle palabras de amor a un armario que tiene cien años, y Jesús García Salgado en el ricachón que todo lo puede comprar, menos el amor de la dueña del preciado jardín… Protagonistas en una representación donde sus 14 personajes se aúnan brillantemente para exhibir un fresco de una sociedad en la que siempre podremos hallar puentes de comunicación: un clásico con la fogosa pasión de la insolente juventud.

el-jardin-de-los-cerezos1-wpcf_216x308El jardín de los cerezos

Autor: Anton Chéjov

Traducción, adaptación y dirección: Ángel Gutiérrez

Intérpretes: Marta Belaustegui, Alicia Cabrera Díaz, Juan Ceacero, José Luis Checa, Jesús del Caso, Francico Ferrer, Germán Estebas, Jesús García Salgado, Kessy Harmsen, David Izura, Cristina Martínez, Laura Martínez, Lorena Neumann, José Rubio

Escenografía y espacio sonoro: Ángel Gutiérrez

Vestuario: Ángel Gutiérrez-Xoan López

Iluminación: Ángel Gutiérrez-Ion Aníbal

Diseño cartel: Isidro Ferrer

Fotos: marcosGpunto

Producción Teatro Chéjov. Compañía Ángel Gutiérrez

Lugar: Teatro Valle Inclán, Madrid

Fechas: Del 8 al 24 de mayo de 2015

Funciones con accesibilidad para personas con discapacidad auditiva y visual: 21 y 22 de mayo.

 

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