Magüi Mira recrea “El discurso del rey” creando un gran show vitalista

Por Horacio Otheguy Riveira

Magüi Mira compone una puesta en escena de teatro en el teatro. Una fiesta de gran vitalidad entre un príncipe que no quiere ser rey, prisionero de prejuicios y siniestros conceptos “por la gracia de Dios”, y un hombre de a pie, tan sabio como implacable que le enseña a vivir y le salva de la ruina moral. Sensacional Roberto Álvarez.

Ensayo general de la obra "El Discurso del Rey", dirigida por Magüi Mira, en el Teatro Español de Madrid.

El príncipe y el logopeda; el joven actor Adrián Lastra y el veterano maestro Roberto Álvarez: un juego apasionante de humana reconstrucción.

 El contexto histórico es una raíz sobre la que trabajó el británico David Seidler (guionista de televisión, autor de diversos géneros teatrales, nunca estrenado en España; Onassis, el hombre más rico del mundo fue una de sus series para TV más renombradas), muy respetuoso de la monarquía de su país, a tal punto que pidió permiso a la Casa Real que se lo otorgó, siempre y cuando se estrenase después de la muerte de Isabel II, conocida como La Reina Madre, quien le hizo esperar más de 20 años, pues murió a la edad de 101. Seidler esperó pacientemente y todo empezó a rodar tal y como él quería, aportando humanidad a una historia de aristócratas embebidos en conflictos humanos desgarradores mientras el mundo padecía la expansión de Hitler.

Tras el estreno teatral, la cosa quedó más bien sotto voce, muy poco a poco se fue conociendo esta historia en torno al rey Jorge VI y su tartamudez, hasta que llegó la película con Colin Firth y Geoffrey Rush y ya la cosa tomó otro color ganando el Oscar 2011, entre muchos otros premios.

Una recreación muy laboriosa

La función teatral llega a España en Madrid, previendo larga gira. Una audacia notable, un vigoroso intento de apresar un mar de fondo vitalista antes que un testimonio histórico, una empresa para la que hay que entrar desprovistos de prejuicios y de imágenes cinematográficas.

Prejuicios fuera, lo primero es disfrutar del ambiente ceremonial, riguroso, del teatro que se precie con su augusto telón, las voces moderadamente expresivas del público, las luces que se apagan lentamente, las palpitaciones que susurran emociones nuevas.

El telón se levanta muy despacio. Y no es metáfora. Es una realidad imprescindible para que este discurso del rey resulte una obra nueva, sin antecedentes, un testimonio vitalista que oscila con rara armonía entre la tragedia, el drama costumbrista, la comedia de situación y el musical repentino dentro de un contexto de teatro dentro del teatro.

Ensayo general de la obra "El Discurso del Rey", dirigida por Magüi Mira, en el Teatro Español de Madrid.

De izquierda a derecha: Ángel Savín, Roberto Álvarez, Ana Villa, Adrián Lastra, Lola Marceli, Gabriel Garbisu.

 Teatro en el teatro: los mil y un gestos que se desarrollan a sabiendas e inconscientemente, todos actores en un constante devenir de pasiones, miedos y aventuras, y aquí Magüi Mira despliega un arte muy personal, ya presente en otras producciones (por ejemplo, su extraordinaria versión musical de El perro del Hortelano, e igualmente valiosa versión de Kathie y el hipopótamo, una obra muy pobre de Vargas Llosa que en manos de Mira y sus excelentes actores se convirtió en un ejercicio de alta comedia).

Ya digo, MM sabe mucho del juego de máscaras y de ir del anticlímax a la emoción más afinada. Una tarea especialmente difícil para los intérpretes, por eso esta versión de El discurso del rey empieza con un telón que se levanta lentamente para que veamos a tres actores vestidos de época sentados frente al público, y a un cuarto personaje ocupado en vestir a Adrián Lastra que está de espaldas a los espectadores, completamente desnudo.

Una desnudez tan precisa que la iluminación parece redibujar los músculos del hermoso joven que parece una escultura clásica perfectamente diseñada. Le visten con lentitud. Es un muchacho que viene de la nada para mostrarnos la evolución pertinaz de un ser desvalido en un ambiente que se supone estará superprotegido, en el que nada le ha de faltar en lo material, aunque le sobrarán desprecios por zurdo y tartamudo…

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Los personajes los conforman hombres y mujeres que actúan al tiempo que son espectadores en torno a un pobre muchacho fustigado por su clase, mientras un actor-logopeda genial le salva la vida, interpretado por Roberto Álvarez con gran fortaleza de espíritu y muy buenos recursos. Es un empeño arduo, complejo, para un actor que viene de lejos forjándose en sobresalientes empresas (Delirio, Kabul, Casa de muñecas, Hombres de 40, Continuidad de los parques), aquí ejerciendo de maestro de un príncipe, y a su vez de Gran Maestre de Adrián Lastra, con muy poca experiencia para afrontar semejante personaje.

El “dueto” está felizmente servido por una puesta en escena que se sumerge en los detalles humanistas con nobles recursos teatrales que no descuidan en ningún momento lo que la propia directora apunta, “El triunfo de la palabra”. Hasta sacar magnífico partido de una cita de Hamlet, clave en el texto y en la dinámica de la propia representación:

Ser o no ser. Ese es el dilema. ¿Qué es más digno para el alma? Sufrir resignadamente la crueldad de la desgracia, o haciéndole frente acabar con ella?

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El discurso del rey

Autor: David Seidler

Versión: Emilio Hernández

Dirección: Magüi Mira

Ayudante de dirección: Txemi Pejenaute

Intérpretes (por orden de intervención):

Adrián Lastra, Roberto Álvarez —ambos en la foto—, Ana Villa, Gabriel Garbisu, Lola Marceli, Ángel Savín.

Vestuario: Helena Sanchis

Iluminación: José Manuel Guerra

Coreografía: Fuensanta Morales

Espacio sonoro: Marco Rasa

Productor: José Velasco

Lugar: Teatro Español

Fechas: Del 29 de mayo al 28 de junio

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