Razones para el optimismo (literario)

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Por Anna Maria Iglesia

@AnnaMIglesia

En el poema El Infinito, el cerco impedía al joven Leopardi observar desde la colina más allá del horizonte y sin embargo allí, más allá del cerco, se extendían espacios ilimitados que el poeta tan sólo podía intuir, imaginar. En el variado mundo de la literatura no hay cercos y, sin embargo, muchas veces nuestra mirada es parcial; golpeados o indignados ante ciertos esperpentos editoriales olvidamos poner de relieve los oasis, solitarios pero numerosos, que en los últimos años pueblan un desierto, sin duda vasto, pero cada vez menos homogéneo. Hace unos días se preguntaba un autor acerca del sinsentido de ocupar el propio tiempo en la lectura de una obra que no lo merece con el sólo objetivo de realizar a continuación la más acerva de las críticas; en esta misma línea, un periodista recriminaba mi indignación ante la publicación de determinados títulos, diciéndome que aquellos productos no merecían la atención ni la indignación de nadie y me recordaba que, como nos enseñó el maestro Wilde, la indiferencia es el peor de los castigos. No cabe duda de que tanto el autor como el periodista tenían razón en sus apreciaciones, puesto que a fin de cuentas dedicar espacio y tiempo a determinados esperpentos, cuando no auténticos crímenes, editoriales no sólo es una forma de promoción –“que hablen de mí, aunque sea mal”, reza el dicho-, sino que termina convirtiéndose en una substracción de espacio y energía para aquellas propuestas editoriales y aquellas obras literarias que merecen un digno reconocimiento.

asteroide

Sin duda hay motivos para el pesimismo, sin duda es necesario replantearse, como mencioné en un anterior artículo, el modelo cultural y literario que queremos en este país de escasos lectores, pero hay más de un motivo para el optimismo. Ahí están los diez años de recorrido editorial de Libros del Asteroide, una editorial que ha conseguido poner en el mercado una serie de clásicos contemporáneos nunca traducidos al castellano provenientes de más de once tradiciones literarias distintas, recuperar los maestros del periodismo español, como Gaziel o Chaves Nogales y apostar por nuevos narradores como Jordi Nopca, llamado a ser uno de los autores de narrativa breve de referencia en los próximos años. Junto a Libros del Asteroide, encontramos a Seix-Barral, que esta misma semana celebraba un final de curso marcado por títulos tan destacables como Los libros repentinos de Pablo Gutiérrez, La isla del Padre de Fernando Marías, El Establishment de Owen Jones o la recientemente publicada primera novela de Andrea Stefanoni, La abuela de la guerra civil.

pompaDicen que es más fácil ser pesimista que optimista, ver el vaso medio vacío que medio lleno; “si uno es pesimista, no tiene decepciones”, me solía decir un amigo que con orgullo se definía representante del pesimismo y del desasosiego “en estos tiempos de desesperanza”. Él no tenía decepciones, bien era cierto, pero su pesimismo le llevaba a la más radical de las inercias y como un Bartleby contemporáneo, transcurría sus días en su pasiva observancia, abandonado a un nihilismo tan cómodo para la inacción como ciego antes esos infinitos espacios que la mirada de Leopardi no podía alcanzar. Entre los estantes busco una respuesta ante este cegador pesimismo y la encuentro entre las páginas de Pompa y circunstancia, una magistral obra de Ignacio Peyró cuyo volumen y extensión es solamente comparable a la envergadura intelectual y a la reflexiva erudición que ésta supone. “Diccionario sentimental de la cultura inglesa”, así define Peyró una obra para la cual el término diccionario resulta demasiado pequeño: Pompa y circunstancia es un retrato intelectual del autor y un retrato intelectual de la cultura inglesa. Rindiendo honesto tributo al término “essayer” e inscribiéndose en la tradición de Samuel Johnson o Montainge, Peyró ensaya a través de materiales distintos – ya decía Walter Benjamin que ya no era posible escribir sino desde la fragmentariedad- una historia intelectual de Gran Bretaña trazando, asimismo, un recorrido intelectual absolutamente personal en el que el yo del autor, lejos de ser un mero expositor de materiales y definiciones, propone para cada entrada una particular lectura que permite entrelazar, de forma brillantemente heterodoxa, las distintas entradas que componen la obra. Desde una mirada transcrónica, sin agrupamiento temático y siguiendo el orden alfabético, Ignació Peyró describe una Gran Bretaña contradictoria y, a la vez, por paradójico que parezca, extremadamente coherente con su tradición y su historia: diacronía y sincronía definen, en palabras de Raymond Williams, la estructura de sentimiento de Gran Bretaña, donde tradición y modernidad conviven en ocasiones en aparente contradicción gracias a unos férreos principios políticos, culturales y morales que, como la propia constitución, han sobrevivido sin necesidad de escribirse ni dogmatizarse.

limiteJunto a la obra de Peyró, encuentro El límite inferior, la nueva novela de Nere Basabe publicada por Salto de Página. Si Pablo Mazo, el editor, es de por sí una prueba más de la existencia de los oasis literarios, El límite inferior es una novela que requiere la atención que la irritación o las ansias justicieras contra las aberraciones literarias pueden inmerecidamente arrebatarle. Desde el primer momento Basabe ha sido definida como una hábil heredera del estilo narrativo de Chirbes y su novela ha sido hermanada con En la orilla, seguramente la novela cumbre del actual Premio Nacional de las Letras; sin contradecir con lo que ya parece ya ser un dogma de fe -¡cuánto dogma en literatura!-, cabe decir que a diferencia de la narrativa de Chirbes, El límite inferior es menos politizada, incluso podría decirse que el carácter de denuncia presente en la narrativa del autor valenciano está ausente en la obra de Basabe, al menos de forma explícita. Bien es cierto que el pasado de uno de los personajes está marcado por la corrupción urbanística, sin embargo si hay algo que caracteriza los personajes es su fracaso personal y una profunda inadecuación, social y ética, respecto a su propia vida y al papel que les ha tocado vivir. Un matrimonio que no funciona, una maternidad rechazada y un hijo abandonado, un constante desvarío en busca de relaciones efímeras, siempre carentes de éxito, la huida constante de un pasado oscurecido por la violencia y la venganza y un pueblo, La Solana, que contradiciendo su propio nombre, vive aislado y inunado por constantes y violentas lluvias. Las tormentas, que descargan con fuerza sobre este pequeño pueblo, son, como los pájaros de Hitchcock, metáfora del más profundo descalabro ético de toda una población: los personajes de El límite inferior se hunden en su propia miseria existencial entre el cinismo y la cobardía. Una anciana, que transcurre sus horas cerca de su marido, ingresado en el hospital, parece ser la única que ha encontrado su lugar, la única que frente a la objetiva adversidad, frente al final de una vida compartida, permanece, no huye, juega con plácida aceptación el papel que el destino le ha deparado. Más allá de Chirbes, sin duda una lectura más que presente para Nere Basabe, El límite inferior dialoga con La vida muerta de Martín Sotelo: dos novelas oscuras, climática y cromáticamente oscuras, que describen desde un territorio inhóspito y sin referente concreto el fracaso existencial de unos personajes a los que ni tan siquiera les queda redención final.

Oasis literarios en un desierto menos grande de lo que parece; editores de sellos editoriales pertenecientes a grandes grupos, editores independientes, autores que rehúyen de lo fácil y lo convencional, nombres que, en definitiva, pueblan de excepciones un terreno literario que sin duda requiere de abono. Sin embargo, no basta con el abono, de nada sirven las flores si no se las contempla, de nada sirven los oasis si no se depara en ellos, de nada sirve el verdadero talento literario si la indignación, la rabia o el pesimismo nos ciegan. Hay motivos para indignarse, hay motivos para la crítica, pero sin duda hay motivos –aquí solo unos ejemplos- para el optimismo. Sería erróneo dar la batalla por ganada, pero darla por perdida significa abdicar. Los aquí mencionados no abdicaron, al contrario, siguen su batalla en nombre de la literatura; la crítica literaria, a pesar de los momentos de flaqueza y desesperanza, debe rehuir del pesimismo y sumarse a esta batalla literaria consciente de que, en ocasiones, más vale la indiferencia que la crítica indignada.

 

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