Cuestionario literario: Cruz Morcillo

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crimenEra 1947 cuando André Gide, en su libro No juzguéis, narrando su experiencia como miembro de un jurado popular, se lamentaba de la deriva que había adoptado el periodismo de sucesos. Sin medias tintas, Gide criticaba el talante escabroso que había adoptado este tipo de periodismo, que anteponía el morbo y lo tremendista a la información rigurosa: no importaba informar, sostenía Gide, lo relevante era atrapar al público y para ello los medios utilizados no importaban, pues lo único relevante era obtener dicho fin. La mesura, ese valor ya aplaudido por los clásicos, desaparece a favor de la exageración y, como también apunta el escritor francés, de la subjetividad: no se informa, sino que se juzga. Los periódicos se convierten en tribunales inesperados e impropios en los que se realiza un juicio paralelo, en los que se condena en base, no tanto a las pruebas o al código penal, sino a la respuesta del público, atrapado emocionalmente en historias novelizadas cuyo único fin, lejos de la información, es el vender ejemplares de diarios. El análisis de Gide es hoy de extraordinaria actualidad, el debate abierto en 1947 lejos de cerrarse vive hoy su máximo esplendor: en el periodismo del click, que diría Rosa María Calaf, lo importante es el impacto, despertar una curiosidad impropia, incluso morbosa, en el lector/espectador. Por todo ello, en este contexto, aparentemente poco alentador, el trabajo periodístico serio y riguroso, alejado de todo sensacionalismo, basado en datos e pruebas demostrables y no en meras elucubraciones, resulta no sólo necesario sino digno de especial elogio, pues no sólo se enfrenta al reto de informar, sino también al reto de oponerse a una tendencia extremadamente dominante. Este es el caso de Cruz Morcillo, quien este año opta al Premio Rodolfo Walsh, que se entregará este viernes dentro de la Semana negra de Gijón, por su ensayo periodístico El crimen de Asunta (La esfera de los libros). Con una extensa trayectoria periodística en las páginas de ABC, especializada en periodismo de sucesos e información policial (por su labor, fue premiada Consejo General del Poder Judicial, del Cuerpo Nacional de Policía, de la Guardia Civil y de Ameco Press), Cruz Morcillo se enfrenta en este ensayo periodístico al que, sin duda, es uno de los casos que más delicados de la crónica negra de los últimos años: no era fácil reconstruir un caso tan trágico como el de Asunta, un caso que ha llenado horas y horas de televisión, un caso sobre el que, aparentemente, todos tenían información y opinión y sobre el cual tanto crédito tenía la opinión de los letrados, de los allegados o de los vecinos de Santiago de Compostela (todos aquellos – y permítanme la primera persona- que conocemos bien esa ciudad sabíamos del prestigio intelectual y profesional que envolvía al apellido Porto así como sabemos que Santiago, por sus dimensiones, es una ciudad en la que, de forma directa e indirecta, las informaciones circulan tan rápido como los rumores y donde las interrelaciones entre vecinos y conocidos son constantes). Morcillo reconstruye el caso desde un rigor encomiable, escapando de toda exageración y escabrosidad, trayendo a colación todos los datos ofrecidos por la investigación policial, las declaraciones de los acusados y los testigos, y los atestados policiales. Un trabajo, el realizado en este ensayo, que para Cruz Morcillo no es nuevo en tanto que en 2010 publicaba, conjuntamente Pablo Muñoz, Palabra de Vor (Espasa), donde los dos periodistas reunían su extenso trabajo de investigación acerca de las mafias del Este, provenientes de países como Rusia, Ucrania o Georgia, que actúan en España. Con Palabra de Vor, Morcillo recibió el Premio a la mejor obra de no ficción en la Semana Negra de Gijón, un reconocimiento que ponía el foco sobre un periodismo con mayúsculas que, lejos de las tendencias, la espectacularización (urge releer a Guy DeBord) y el amarillismo, se basa y se sustenta en el rigor, la mesura y los datos. André Gide, sin duda, aplaudiría a Cruz Morcillo, e invitaría a muchos otros a seguir su misma senda.

 

¿Cuál es su idea de felicidad perfecta?

Momentos irrepetibles, racheados. Charlas mágicas con mi pareja, risas de mi hijo y de mi madre, algunos libros, descubrir un lugar, conocer a algunas personas, una buena comida, oír las olas… Resumen: la felicidad es gratis. Consiste en apurar minutos valiosos.

¿Cuál es su gran miedo?

La locura; dejarse vencer.

¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?

La puntualidad, pero en general ahora hay un importante falta de aprecio por las virtudes ajenas.

¿En qué ocasiones recurre a la mentira? (en el caso que confiese mentir)

No pienso revelarlo. Todos mentimos. Para los aspirantes a cuentistas es imprescindible.

¿Se muerde la lengua antes de expresar determinadas opiniones por temor al qué dirán?

No suelo, pero debería. Me acarrea bastantes problemas esa escasa contención. Algún día…

¿Cuándo fue la última vez que tuiteó o publicó algún comentario en las redes sociales con plena libertad?

Ahora lo practico menos; también me ha traído algún disgusto el tuiteo desaforado y francamente a veces me aburre mucho dar explicaciones sobre algo que a mí me parece evidente.

¿Qué es para usted la libertad?

No estoy acostumbrada a que me hagan preguntas, suelo hacer la entrevista yo. Pero le respondo: desterrar todas las convenciones sociales y profesionales de mi vida.

¿Siente el ser una persona reconocida públicamente le resta libertad con respecto a la persona anónima?

No me siento así. Quienes me reconocen me tratan con familiaridad y cercanía (yo creo que por mi acento, pero puede que por ser morena), así que no hay resta que valga.

¿Hablar y expresar públicamente opiniones políticas o silenciarlas?

Es algo personal. Yo no silencio cómo pienso si me preguntan; tampoco es algo que me apasione en este momento de mi vida. Soy otra descontenta más, bastante ácrata. En general soy poco devota de cualquier grupo en sentido amplio.

¿Activismo público o compromiso privado?

Privado, pero si te hace ilusión la proclama, adelante. No te cortes.

¿Informarse o ser informado?

Soy adicta a la información desde niña. A contarla yo sobre todo, pero también a la que me cuentan determinados colegas de los que me fío. Es imprescindible informarse y acceder a la información veraz, no a cualquiera. Ese es el problema.

¿Qué es para usted y qué valor tiene la información?

Es consustancial a mi vida. Soy bastante selectiva, eso sí. Sin información estamos abocados a la ignorancia. Nunca ha habido tantas posibilidades de saber, tanta facilidad. Muchas veces pienso en ello y me parece casi un milagro. Lo inteligente es aprovecharlo, empaparse de todo ese conocimiento. Ojalá hubiera existido antes.

cruz

La cultura, ¿cuestión de esnobismo o conocimiento transversal?

¿Esnobismo? La cultura lo atraviesa todo. Es el eje de una vida plena. Somos animales culturales, devoradores de todas esas manifestaciones que nos embellecen y nos hacen más libres.

¿Todo es cultura? O, mejor dicho, ¿qué no es cultura para usted?

Hay manifestaciones muy populares que no son cultura para mí, sino todo lo contrario. Las silencio por eso de “ya tengo suficientes enemigos”. La cultura lo atraviesa todo, pero en absoluto todo es cultura. Incluso percibo cierto desprecio hacia algunas de las clásicas como la lectura reposada. La invasión de pantallas en un sentido muy muy amplio me pone bastante nerviosa.

¿Sus referentes culturales son literarios, musicales, artísticos, cinematográficos…?

Me encantaría responderle que de todo tipo, pero mentiría. Esencialmente literarios. Los libros estuvieron más a mi alcance pese a la lejanía y se convirtieron en colegas pronto. Ahí siguen. Por supuesto, me encantan todos los demás que cita pero son menos referente.

¿Un autor para releer?

Siempre Juan Carlos Onetti. Uno vive de otra forma después de leerlo.

¿Un autor recién descubierto?

Me han entusiasmado las novelas de Víctor del Árbol a quien tenía pendiente. He devorado dos en tres días.

¿Una película, una obra de teatro o un espectáculo recientemente visto y que no olvidará?

El Circo Price en Navidad. Magia pura.

La creación, ¿un arte, una pasión o un ofició que se puede aprender?

Hay que dedicar muchas horas al arte para que la creación luzca como merece.

¿Todos podemos escribir un libro?

No. Rotundamente no. Es un acto casi sagrado.

¿Todos podemos publicar?

La respuesta debería ser no.

¿Todos podemos ser artistas?

Por favor, esto no es como aprender a hacer la cama. ¿Cómo que todos artistas?

El éxito, ¿personal o profesional?

El éxito no es un lugar. Es un artículo de mi admirada Rosa Montero de hace miles de años. Lo tuve colgado en la pared sobre mi mesa de estudio toda la carrera. Lo recomiendo.

El éxito, ¿fama, dinero, reconocimiento o no necesariamente?

Insisto: el éxito no es un lugar. Somos criaturas efímeras.

¿Cuál considera que es su gran logro?

La tenacidad.

¿Cuál es su lema?

Tú puedes, nena.

 

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