Morto vivace, de Jon Arretxe

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Por Marta Marne de Leer sin prisa. @Atram_sinprisa.

unnamedUn barco sobre el río Sena, una cena en la noche del 14 de Julio, voces de barítonos, de tenores, de bajos, de sopranos, luces en la Torre Eiffel… Y un grito aterrorizado que rompe la magia del momento. Así arranca la última novela de Jon Arretxe. Pero no es la última, sino la primera. Pero tampoco es la primera. ¿Y cómo es esto?

Jon Arretxe durante una década escribió numerosas guías de viajes basadas en los lugares que ha ido recorriendo por el mundo: el Sáhara argelino, Mali, Senegal, Tailandia, Amazonia… Lugares plagados de buena gente y de experiencias que ha compartido con nosotros en esos libros. Quizá el ser lugares que el resto de nosotros no escogeríamos para unas vacaciones hacen de estas guías un acercamiento más especial, ya que Arretxe siempre ha realizado este tipo de viajes con muy poco más que una mochila. Han sido viajes para conocer de primera mano la forma de vida de las gentes del lugar, disfrutando de su hospitalidad y su amabilidad. Todos estas personas conocidas son las que empapan sus obras de ficción, introduciendo a protagonistas de origen sobre todo africano en tierras europeas.

El género escogido para mostrar las miserias del ser humano es el género negro, un género en el que se mueve con soltura y que le viene como anillo al dedo para poner en el punto de mira la denuncia social que es marca de la casa. Y el inicio de esa andadura por lo negro y criminal fue esta Morto vivace, que publicó en 2007 la editorial Elkar, pero tan solo en vasco, lengua en la que Arretxe piensa, se expresa y escribe.

Aunque escribió un par de novelas negras en clave humorística antes que Morto Vivace, esta es la primera que podríamos considerar canónica. Y por ello no podía ser que aquellos que no entendemos el vasco nos quedásemos sin leerla: El Gallo de Oro la ha traducido y le ha puesto un traje de gala, ya que la edición es exquisita.

Sobre el argumento, como decíamos, nos trasladamos a París de la mano del Coro de la Ópera de Biarritz. Ellos han acudido para ofrecer una serie de conciertos, y uno de los barítonos aparece muerto con sus intestinos enganchados en las hélices del barco en el que están cenando la noche del 14 de Julio, fiesta nacional francesa. El problema surgirá cuando el forense dictamine que no murió debido a eso, sino a la introducción a través del ano de un objeto puntiagudo tan largo como para perforarte el bazo, el diafragma y un pulmón. Que el asesinado fuese gay y que esta fuese la forma escogida para acabar con él no parecen una coincidencia.

Los encargados de investigar el caso son Perrot y Martínez, uno negro y el otro magrebí. Gracias a la introducción de estos personajes veremos que la novela no trata tanto de la investigación del asesinato como de hacer un retrato del París menos conocido, el París del Pigalle, del Barrio Latino, de Montmartre. Esos barrios donde el blanco no es el color predominante en la piel de sus habitantes, con calles repletas de restaurantes de diferentes nacionalidades, con casas modestas y problemas familiares. Unas zonas de París que geográficamente están a tan solo unas calles de las tiendas de lujo, pero que se sitúan social y económicamente a décadas del centro de la ciudad de la luz.

Perrot y Martínez tienen el perfil de los policías de la novela clásica de género: corruptos, aficionados a las drogas y a las prostitutas, y sin problemas a la hora de mostrar violencia con sus interrogados. La pelirroja, su jefa, será la que trate de pararles los pies en este tipo de actitudes, pero debido a que sus métodos funcionan en muchas ocasiones prefiere mirar para otro lado.

Como historia de detectives tiene algunas carencias, le faltan páginas para desarrollar más a fondo la trama y para que los cabos queden mejor atados. Pero es un buen primer intento siguiendo los patrones del género y logrando una novela canónica. Sin embargo, su atractivo reside más en los personajes, en la ciudad, en el ambiente que se respira, eso a lo que Arretxe nos tiene tan bien acostumbrados. Ahí está su punto fuerte, en lograr que observes esas ciudades que crees conocer vistas con otros ojos.

Para los seguidores de Jon Arretxe es un regalo que podamos acercarnos a sus inicios en el género, unos inicios muy alejados del tipo de novelas que vinieron detrás. Quizá ahí resida precisamente su interés: en ver el tipo de elecciones que realizó el autor y con qué aspectos del género decidió quedarse, convirtiendo su estilo en único y diferente de ese tipo de novelas clónicas que por desgracia proliferan tanto en nuestros días.

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