El vértigo de la imaginación en estado puro

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Por Pedro Pujante.

CONTINUACIÓN DE IDEAS DIVERSAS, DE CÉSAR AIRA

UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES, 2014

aira.ideasCasi todo se ha dicho ya del prolífico autor argentino César Aira. Leer a Aira es una experiencia vertiginosa y compleja, el enfrentamiento de cada lector con un texto, el posicionamiento –más o menos reflexivo- ante un ejercicio puro de escritura y pensamiento. Nos preguntamos, mientras leemos a Aira, mientras nos hacemos un hueco entre los márgenes de la prosa sólida pero sutil de este escritor de fantasías, de invenciones, si seremos capaces de resolver el galimatías en el que nos hallamos sumidos. La respuesta es como la misma pregunta: inútil, innecesaria.

Leemos sus inclasificables historias buscando un motivo que pocas veces encontramos, lo cual hace que la lectura se transforme en un juego de espejismos infinito, de frescura inusitada, de un sobredimensionado realismo que llega a aturdir. En Aira, su narrativa señala la presencia de un misterio, cada historia se puede asimilar a una historia de crímenes en la que no se desvela quién es el asesino, en la que la realidad ha sido reemplazada por otra hiperrealidad. Hay un deslizamiento subrepticio  hacia algo que se parece demasiado a una realidad que creemos reconocer.

En sus novelas, la tela de araña sobre la que descansa el argumento suele ser tenue, y se apuntala por una acumulación de cuestiones y finas reflexiones, que a menudo, son la parte más sustancial de la obra. En Continuación de ideas diversas, esta miscelánea de ideas múltiples que comentamos, hallará el lector toda la esencia de Aira, aquilatada, compacta: sus pensamientos, anécdotas y ocurrencias, destilados, concretados, dispuestos en un desorden aleatorio. Textos, fragmentos de ideas que se acumulan una tras otra, y que configuran una tupida red neuronal al más puro estilo airano. Aira nos ahorra el argumento, la trama. Y nos regala eso: ideas puras.

Como decíamos, en Continuación de ideas diversas, el autor ha dispuesto, como si de un diario o un libro de notas se tratase, apuntes sobre una ingente variedad de asuntos: arte, literatura, acontecimientos cotidianos, filosofía o la propia experiencia. Sueños, conjeturas sobre películas o libros imposibles, sus inteligentes y a veces irreverentes formas de pensar acerca del fomento de la lectura, su desilusionante relectura de Cortázar, comentarios sobre Raymond Roussel, o sus apreciaciones sobre una vida más allá del transcurso del tiempo.

No cabe duda de que lo que más llama la atención del pensamiento de César Aira es su gran capacidad para dar rienda suelta a la imaginación. Pero, su imaginación vigorosa viene ceñida por una gran inteligencia y una poderosa capacidad de análisis sobre asuntos mínimos. Imaginación, digamos, sometida a la razón. Una fantasía escéptica, que permea toda posibilidad, pero sin supersticiones ni conejos blancos en la chistera. La magia de Aira, por lo tanto, radica en su adaptabilidad a la propia existencia, en su verosimilitud. O lo que es lo mismo: su inteligencia le permite fabular sin dejarse arrastrar por las aguas del desbaratamiento de lo incongruente. Aira estaría dentro de ese grupo de autores que prefería Imbert: autores que escriben historias fantásticas pero que no creen en lo sobrenatural.

En esta sucesión inagotable de ideas encontramos, como ya hemos apuntado, al más puro Aira. Ese Aira que transpira en todos sus textos de ficción pero sin el aparato de la ficción. Tan solo se permite algún texto breve, a modo de historieta o microrrelato o simplemente chascarrillo sobre su propio territorio vivencial, que es insertado como un pensamiento más.

Podemos escuchar este libro, como si en una charla de café o en una lección magistral nos encontrásemos. Atendiendo a la sabiduría prosaica, destartalada, nada académica pero genial de uno de los más interesantes narradores del siglo XXI.

Aira expone sus ideas sobre la viabilidad y el agotamiento de las vanguardias; la influencia que Borges ejerció en él; ocurrencias como la de suponer que en las pinturas de Patinir se esconde siempre algún conejo; la conjetura de una escritura del futuro que, mediante un procesador informático, detectase códigos secretos; el proceso de escritura; la lectura como propia experiencia de descubrimiento…

Los temas aquí sugeridos no se agotan, son un torrente que genera interés, curiosidad y al que el lector habrá de regresar con un incansable placer por descubrir.

A César Aira –si se pretende disfrutar en grado máximo -no se le debe leer de un modo estancado. Sus libros, breves mayormente, conforman un todo, un continuum. Aira no escribe libros, construye una obra total. Es un proyecto inacabado que avanza en muchas direcciones, proteico e inagotable, que el lector, de un modo secreto y fiel, ha de coadyuvar a construir. Los fragmentos que son diseminados aquí y allá, los pequeños pecios que el lector va encontrando constituyen un código secreto que se ha de descifrar.

Yo recomendaría tener a mano este dietario íntimo en el que el propio César Aira apunta todo lo que su desorbitada imaginación, brutal inteligencia y sutileza le han ido dictando.

Miles de ideas que generan miles de imágenes, miles de atajos hacia la obra siempre inconclusa de César Aira.

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